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Opinión

  • | 2013/10/18 00:00

    Proceso de paz en cuidados intensivos

    Después de un año de negociaciones, dilaciones y ambivalencias se concluye que el Proceso de Paz se encuentra en cuidados intensivos.

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Lamentablemente el proceso de paz que tanto añoramos los colombianos empezó mal por falta de sinceridad y seriedad de los negociadores de la guerrilla de las FARC. Desde sus inicios, se han presentado una serie de situaciones difíciles que están llevando a las partes a polos opuestos  y muy polarizados. Lo que indica que muy posiblemente se entre en un receso provisional mientras pasan las elecciones o definitivamente se levanten de la mesa.

Es inconcebible que mientras los delegados de las FARC hablan de paz, continúan los hostigamientos contra la población civil, secuestrando, y masacrando humildes campesinos, simplemente por el hecho de reclamar sus tierras que les fueron arrebatadas por el mismo grupo insurgente o porque no comulgan con sus atrocidades.

Es bueno que nuestro muy ponderado negociador del gobierno, doctor Humberto de la Calle, ponga las cosas en su sitio, pidiendo a los negociadores de las FARC que se concentren en la agenda pactada y no se desvíen del camino. Ya hemos visto cómo aparecen infinidad de veces con memorandos que contienen peticiones inocuas, que ni el gobierno, ni los, colombianos estamos en capacidad o dispuestos a cumplir.  

Uno de los puntos más álgidos del proceso son las exigencias de la guerrilla, que todos los días aparece con nuevas propuestas que no fueron acordadas en la agenda de diálogo. Se sabe que fueron cinco puntos claves que, analizados cada uno, son la base fundamental para lograr la reconciliación. El tema agrario, que es considerado el más importante y básico por múltiples razones, parece desviarse cada día más de esta posibilidad.  

Pero también aparece un tema bastante álgido y es el de la participación política de las FARC. Es lógico que primero deben sanearse judicial, moral, social y económicamente con la justicia de nuestro país y sus víctimas. No podemos admitir que criminales que han puesto y siguen poniendo en jaque al país- no obstante sus negociaciones de paz- empiecen a caminar por los senderos democráticos con semejantes responsabilidades a cuestas. 

Sin embargo, hay que ser claros. El gobierno también ha cometido sus desaciertos. Por culpa de haber condicionado la firma del Acuerdo de Paz como instrumento reeleccionista, le están apareciendo una cantidad de aristas que tiene con los nervios de punta a todos los que añoramos un país tranquilo y sin guerrilla. 

De otra parte, existen muchos celos por el manejo del proceso de paz, hasta el punto de querer impedir que ciudadanos versados en el tema visiten La Habana, para enterarse de su avance. El caso más reciente está por cuenta del doctor Álvaro Leyva Durán, a quien todo el país lo conoce como un gran estratega y negociador del gobierno en épocas pasadas. 

Es preocupante también lo que viene sucediendo entre los representantes del gobierno y las FARC, que después de  un año de estar sesionando- con quince rondas de casi ocho días cada una- aún no se vislumbra un panorama claro de lo que se piensa firmar. Cada semana que pasa, son un cúmulo de ambivalencias y contradicciones, que ya está llevando a la opinión pública a la percepción de que todo va a terminar en un fiasco. 

Es hora de que conozcamos cuáles son acuerdos a que se ha llegado, cómo se van a desarrollar cada uno de ellos, su metodología y lo más importante, los mecanismos financieros. No olvidemos que, de acuerdo a como están las cosas, los costos del proceso posconflicto van a ser demasiado altos. Son millones las víctimas que están reclamando ser indemnizadas por los daños y perjuicios causados a través de más de cincuenta años de guerra.  

Por las razones anteriores, existe la sensación que la tan anhelada paz no parece que llegará en esta oportunidad. Aunque el actual mandatario tenga las mejores intenciones, sus afanes reeleccionistas le harán fracasar. Pareciera que tanto Ejecutivo como Legislativo lo que están preparando es una recua de borregos para llevarlos a las urnas con los ojos tapados el día de las elecciones: legislativas y presidenciales, haciéndoles creer que es una realidad. 

Cuando un programa de tanta sensibilidad social y de interés para el ´país se politiza, por lo regular se va por los despeñaderos de la demagogia y la corrupción. Debemos entender que la paz no tiene color político ni religioso. La paz es un derecho sagrado, inalienable e inherente a todo ser humano, cualquiera sea su ideología, credo, raza o religión; los gobiernos están en la obligación de procurarla para todos sus gobernados.   

Existe otro punto fundamental de la discordia entre los negociadores, que es pertinente definirlo, una vez se haya acordado el cronograma.

De un lado el gobierno pide que el acuerdo sea sometido a un referendo, para ser votado el mismo día las elecciones parlamentarias o presidenciales que se celebrarán en el 2014. Por su parte los negociadores de las FARC, proponen que tal validez se haga por medio de una constituyente. En ambos casos nos asiste todo el derecho de conocer en detalle todo lo acordado, pero que no se haga como apéndice de las elecciones: parlamentarias o Presidenciales.

Considero que ambas sugerencias pueden ser válidas, siempre y cuando el anhelo de los Colombianos, por más de cincuenta años, no se convierta en un escenario politiquero con el ánimo de pescar curules para un Congreso que se encuentra totalmente desprestigiado o lograr la reelección presidencial del doctor Santos, que en los actuales momentos sufre una caída en la opinión pública por debajo del 25 %.  

urielos@telmex.net.co


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