Martes, 21 de febrero de 2017

| 2004/04/11 00:00

Promesas

Llevamos tanto acostumbrados a que el Ejército y la Policía no den explicaciones ni rindan cuentas, que nos parece normal que así sea

Promesas

Lo de Guaitarilla es increíble. Quiere decir: no lo va a creer nadie. Nadie podrá ya creer lo que en adelante digan el señor Osorio de la Fiscalía, el señor Uribe del Ministerio de Defensa, el general Ospina del Ejército, el general Castro de la Policía. O bueno, a lo mejor el presidente Álvaro Uribe decide creerles (no a todos, por supuesto, porque sería imposible: a uno, tal vez a dos). Pero los demás, todos nosotros, no.

Porque no es posible. No es posible que todos ellos sean tan ineptos, o tan mentirosos, o tan las dos cosas a la vez. Resulta que las víctimas de la matanza de Guaitarilla son policías, y los que estaban enfrente son soldados del Ejército. Pero ni el Ejército ni la Policía han sido capaces de saber qué pasó, ni por qué. Se acusan unos a otros y se tropiezan cómicamente como en una película muda del Gordo y el Flaco, y acusan a los medios de prensa de que, por informar, "entorpecen las investigaciones". ¿Cuáles "investigaciones"? Ah, sí: las que ordenó enfáticamente el presidente Uribe, dando para ellas una semana de plazo.

Una semana es -para poner un ejemplo- el tiempo que le tomó a la Policía española investigar los atentados de la estación de Atocha, encontrar a los responsables, detener a unos cuantos y rodear en su refugio a otros más, que al verse descubiertos prefirieron suicidarse en una enorme explosión. En una semana, en cambio, la investigación de la Policía y el Ejército colombianos sobre la masacre de Guaitarilla sólo dio para que el ministro de Defensa, Jorge Alberto Uribe, saliera a decir que "no se pueden plantear, negar ni confirmar hipótesis"; y para que el fiscal Luis Camilo Osorio concluyera por su parte que "hay una serie de cuestiones que tenemos todavía que acabar de analizar, de valorar y de recaudar".

Muchos verbos: plantear, negar, confirmar, analizar, valorar, recaudar. ¿Ha pronunciado alguien el verbo "renunciar"? No. Todos siguen tan campantes.

Sea lo que sea, lo que hay detrás de la matanza de Guaitarilla es sin duda vergonzoso y terrible. Pero la falta de explicación es más grave todavía. Y sin embargo llevamos tanto tiempo acostumbrados en Colombia a que el Ejército y la Policía no den explicaciones ni rindan cuentas que nos parece normal que así sea. Llevamos cincuenta años: desde que se montó el Frente Nacional. O, más exactamente, desde que el llamado entonces Frente Civil pasó a llamarse Nacional para que los militares no tuvieran que rendir cuentas ni dar explicaciones. Porque era un Frente con tres patas: liberales, conservadores y militares. Y así quedó remachado con la imposición de que el Ministerio de Guerra (que empezó a llamarse de "Defensa") estuviera siempre en manos de un militar.

Muchos años después volvió por fin a las de un civil: el primero en ocuparlo fue el entonces barco-gavirista y hoy vibrante uribista Rafael Pardo Rueda. Pero todo el cambio consistió en que los militares dejaron de rendir cuentas también ante el ministro de Defensa, al cual no le decían ni mú. Eso siguió siendo así con todos los subsiguientes ministros civiles de Defensa: los que disfrazaban a sus hijos con uniformes de camuflaje como Fernando Botero, los que eran mujeres como Marta Lucía Ramírez, los que se disfrazan de camuflaje ellos mismos como este Uribe de ahora. Los militares no les dicen ni mú con respecto a absolutamente nada: ni sobre cómo va la guerra, ni sobre cuántos son los gastos, ni sobre quién es quién. Y menos todavía sobre los muertos.

Una de las promesas que hizo el candidato Álvaro Uribe durante su campaña, y que lo llevaron al poder, fue la de que bajo su gobierno estarían por fin claras las cuantas de la guerra, y ésta tendría finalmente un responsable claro: el propio Presidente. No lo estamos viendo.

A lo mejor es esa la promesa que el candidato Uribe guarda en la manga para su reelección.

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