Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

A propósito de elecciones, reinas y pilotos

"Si Cartagena siempre esta ahí para mostrar la cara linda del país, para exhibirse como la mejor vitrina de belleza natural, ¿por qué no apoyar a su gente?", escribe la periodista Martha Villa Álvarez.

A propósito de elecciones, reinas y pilotos

Ya llega el 11 de noviembre y con él una nueva versión del reinado de belleza más importante del país. El resultado de las elecciones para la Alcaldía de Cartagena, el 80% de abstencionismo y los periodos atípicos de los últimos cuatro mandatarios serán cosa del pasado. La lección política que ha dado el pueblo cartagenero al decir no mas a la politiquería, a las maquinarias electorales, al clientelismo y a la corrupción quedará olvidada ante importantes eventos e ilustres visitantes.

Ahora, como es habitual todos los años, mujeres de todos los rincones de la geografía nacional lucharán por la corona de la más bella. Y solo se hablará de la mejor sonrisa, el mejor cuerpo y la más fotogénica. Como si se tratara de un huracán, las candidatas arrasarán con todo el jet set criollo hasta las playas de la heroica. Modelos, políticos, artistas y gobernantes harán su arribo casi al mismo tiempo que las concursantes y participarán de una apretada agenda social, que desnudará toda la parafernalia que año tras año envuelve al corralito de piedra.

En el otro lado de la ciudad, en el Pozón, Olaya Herrera y  Rafael Nuñez se vivirá paralelamente otro reinado. El de la pobreza, el hambre, las inundaciones del invierno y la falta de oportunidades. Brillarán por su ausencia los canutillos y las lentejuelas. Solo resplandecerá la miseria. En noviembre y todo el año.

El cartagenero raso sale cada mañana a rebuscar la comida de sus hijos, mientras las reinas siguen una estricta dieta para no subir del 90- 60-90. Durante los 15 días que duran las festividades, las concursantes y toda la farándula nacional asisten a imponentes fiestas, los mejores banquetes y gastan toda una fortuna en vestidos para lucir siempre bien. En esas mismas noches miles de niños se duermen sin probar un bocado o están alertas en sus casas ante la zozobra, que un derrumbe en el cerro de la popa sepulte para siempre sus ilusiones, ante la falta de arborización.

Es cierto que el reinado hace innumerables obras sociales en pro de los menos favorecidos: celebran el banquete del millón para apoyar las obras del Minuto de Dios, desfilan todo el año para recoger fondos y hasta las reinas tienen un barrio. Pero esa no es la solución del problema. Por el contrario, son limosnas a la grave problemática social que enfrenta la ciudad y que obviamente no son responsabilidad de las beldades.

Cartagena es una ciudad de múltiples escenarios. Muestra su mejor fachada y luce perfecta siempre que la necesitan. Sus calles son barridas y sus indigentes escondidos para abrirle paso a Bush, a Clinton y a la realeza europea. Pero por dentro, su pueblo es víctima de la injusticia y la indiferencia. Su gente vive en el abandono, en las peores condiciones, no tienen trabajo y lo que es peor, no ven ninguna luz que cambie su destino.

Este año, además del reinado hay un ingrediente especial. Las calles del centro amurallado serán el marco perfecto para la carrera de las estrellas del domingo 6 de noviembre. Algunos de los pilotos más reconocidos del mundo atendieron la cita del colombiano Juan Pablo Montoya para llevar la emoción de la Fórmula Uno a La Heroica.

Y esto solo es en Noviembre. El resto del año nuestro Patrimonio Histórico Nacional es epicentro de congresos, convenciones, los matrimonios más festejados y cualquier cantidad de eventos. Todos quieren visitar Cartagena, recorrer las hermosas calles del centro histórico, mientras al otro lado de la ciudad solo hay polvorín ante la ausencia del pavimento.

Miles de familias pobres y desplazadas corren diariamente la carrera de sus vidas en busca de atención médica, de un cupo en el colegio, de una casa que tenga luz y agua, de una vida digna.

Si Cartagena siempre esta ahí para mostrar la cara linda del país, para exhibirse como la mejor vitrina de belleza natural, ¿por qué no apoyar a su gente?, ¿por qué no invertir en grandes proyectos que traigan consigo progreso y oportunidades de  trabajo?, ¿por qué no mejorar las condiciones de hospitales y centros de educación?, ¿por qué no ofrecer mejores condiciones a la palenquera de la ensalada de frutas, al negrito del cóctel de camarón y al del raspao, que durante todo el año se esmeran por hacerle la vida feliz a propios y extraños? Así la administración local no tendría que esforzarse en esconderlos a todos cada vez que una personalidad visita la ciudad. Y así todos podrían ser felices en el único paraíso turístico de nuestro país.


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