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Opinión

  • | 2013/04/29 00:00

    A propósito de la participación política

    Los discursos de Gaitán llaman la atención no sólo por su elocuencia y por su vigencia, sino porque reflejan la claridad ética de lo que debería ser la política.

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Al escuchar la exposición sonora “Gaitán habla de nuevo” que presenta La Fonoteca de Bogotá en la Feria del Libro de esta ciudad, me animé a seleccionar  fragmentos de discursos de Gaitán que a continuación transcribo, los cuales, al igual que los de la exposición, llamaron mi atención, no sólo por su elocuencia o  por lo vigente de su contenido, sino porque reflejan la claridad ética de lo que debería ser la política:

“He dicho y repito que yo no soy un político sino un hombre que tiene ideas políticas y por eso jamás tocará conmigo los intereses que imponen ciertos equilibrios, ni la aspiración a altas distinciones oficiales de las cuales sé reírme, porque no quiero para mí sino aquellos honores que pueda conquistarme con mi propia lucha, con el esfuerzo de mi voluntad. Puede que esta actitud nos robe los éxitos externos, pero nos brinda en cambio la gran victoria interior, única que seduce nuestro espíritu”.

“Nunca he creído que mi misión sea exclusivamente la de ganar elecciones. Los debates electorales son simples incidentes en la lucha por los ideales a través de la política. La victoria para mí no está ligada a la elemental aritmética de las urnas sino al avance de una ideología en la conciencia política”.

“No se triunfa, en el plano de los sistemas, del servicio a las doctrinas, ejerciendo coacción económica sobre el pensamiento de la clase sin haberes. Hay otra cosa más fecunda, otra manera más grande, otros medios más nobles, otros caminos más puros de trabajar por el triunfo de los ideales, que no sirven para lograr batallas de eficacia transitoria, pero que se dirigen a procurar la salud colectiva en beneficio futuro de la nación. Esa otra manera, esa otra política, se traduce en las realizaciones que se presenten como fruto de un esfuerzo metódico y perseverante. Por eso el político; el que mira los intereses estrechos del momento en que se agita; el que formula sus cálculos para la contienda que se avecina; el que solo mira al comité; el que solo tiende a la recolecta de votos; el que sirve una política desvertebrada; el que en sus afanes no obedece a los imperativos de un proceso histórico desenvuelto al través del tiempo y de las mutaciones, ése tal no realiza, no puede realizar obra fecunda. Es incapaz de concebirla porque se mueve dentro de circunstancias a las que tiene que acomodarse para triunfar; porque tiene que ser esclavo del momento y resulta, por ausencia de derrotero  final, un simple oportunista”.

 “No veremos ya los cañones disparando contra las naciones débiles, ni la provocación de revoluciones internas. El sistema será distinto y ceñidamente legal en apariencia: se enviarán al país que quiere dominarse grandes empresas, bancos poderosos, capitales ingentes que lo irán invadiendo y dominando con la aceptación regocijada de los ciudadanos. Ya no se tratará de violar la ley escrita, sino que mediante la expansión financiera aún permaneciendo inviolada la legislación se impondrá el más fuerte  desde el punto de vista económico. No se necesitará perpetrar el ataque al derecho del estado débil sino que este será absorbido por las vías legales y quedará entregado legalmente al adversario”.

“El respeto a la Constitución y a la Ley está suplantado por la habilidad para los pretextos tendientes a justificar su violación. De este caos surgen militares que olvidan nuestra incancelable devoción por las normas de la vida civil y pretenden hacernos retroceder a tiempos primitivos con mengua de nuestras costumbres cívicas y aplicando sanciones con desprecio de normas constitucionales y legales de universal acatamiento”.

“A los seres cuyas mentes decaen bajo la luz moribunda de lo pasado, la fragorosa batalla por la justicia social les señala como destino decidirse ante dos únicos caminos: o limitar el ansia de explotación de los hombres, o presenciar el derrumbamiento catastrófico de su poderío”.

“Poco esclavos debemos ser de las denominaciones. Lo que nos debe importar siempre es el contenido exacto de las verdades. Yo sé que en este país las fuerzas de la reacción, las fuerzas conservadoras de todos los partidos políticos, han encontrado un arma muy fácil para esquivar la obligación de razonar y demostrar. Que un hombre clame un día por el imperio de la justicia; que un hombre, sinceramente abierto su espíritu a los ideales nuevos, proclame la necesidad de darle al pueblo los medios efectivos para gozar de una nueva perspectiva económica, de distintas posibilidades instruccionistas, de un nuevo ambiente dentro del cual prospere, y ahí está la hoja de parra que cubre todas las ignominias nacidas de un previo e infundado prejuicio: esa es una idea comunista”

Posdata: El origen de La Feria del Libro de Bogotá se remonta a la Feria Popular del Libro realizada por Jorge Eliécer Gaitán en 1936.

*Politólogo  de la Universidad Nacional. Correo electrónico: rafartulc@hotmail.com
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