Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/03/15 00:00

Propuesta

Si las llamadas fuerzas vivas del país rechazan series de TV como ‘Rosario Tijeras’, que demuestren su interés por una televisión más positiva y responsable con hechos concretos, no con pataletas.

Eduardo Arias

Para comenzar, un dato. Me comenta Consuelo Cepeda, defensora del Televidente del canal RCN, que Antioquia es el departamento donde mejor rating marca la telenovela Rosario Tijeras. Pero esa paradoja no es el motor de este comentario. Como tampoco lo es defender a ultranza este tipo de series que tratan problemas relacionados con narcotráfico y violencia con el argumento de que ese es el papel del arte. Que de esos temas siempre se han encargado el cine, la literatura o el teatro.

Ese argumento es un tanto simplista porque la televisión es un medio de comunicación con un poder de penetración que no se puede comparar con el de los libros, las salas de teatro o de cine. Ni siquiera con el de la radio. Un asunto de veras complejo que merece mucho más análisis.

Esta columna tampoco busca ahondar en la siguiente pregunta. ¿Por qué esas fuerzas vivas, esos empresarios y esos líderes de opinión que miran con indiferencia y a veces aplauden la triste realidad de sus regiones se indignan y arman cruzadas cuando la realidad pasa al terreno de la ficción?

En realidad esta no es más que una propuesta sencilla. A raíz de la indignación que ha provocado Rosario Tijeras, sugiero que se reúnan las fuerzas vivas de Antioquia. Que todos esos empresarios y políticos y líderes de opinión que consideran que la adaptación a la televisión de la obra de Jorge Franco muestra de manera perversa lo malo de Antioquia y les enseñan a los jóvenes a delinquir se reúnan no para vetar y quitarle pauta a este tipo de programas (están en su derecho), sino para que se pongan de acuerdo y unan esfuerzos para hacer algo de veras productivo y edificante en el corto, pero sobre todo en el mediano y largo plazo.

Les propongo que, con la ayuda de especialistas en literatura y expertos en el oficio de convertir piezas literarias en guiones de cine y televisión, escojan un cuento o una novela de un autor destacado y emblemático de Antioquia. Tomás Carrasquilla, por ejemplo.

Que entre todos armen un proyecto de alta calidad y se la presenten a cualquiera de los dos canales privados de televisión. Que le garanticen al canal que todas esas empresas e instituciones de Antioquia van a pautar todos los minutos disponibles de cada capítulo con tarifa plena, sin importar lo que marque el rating.

Para que el experimento tenga mayores posibilidades de éxito, propongo que también inviten a empresarios e instituciones de otros departamentos que se han sentido estigmatizados por series y telenovelas como El cartel, Pandillas guerra y paz, El capo o Sin tetas no hay paraíso a que, en el mismo horario, apoyen una iniciativa similar en el otro canal, para que a la primera propuesta no la mate la competencia con traquetobodrios estilo Pasión de gavilanes.

Estoy seguro que a la vuelta de pocos meses la teleaudiencia aprenderá a apreciar y agradecerá este esfuerzo y en un lapso razonable este tipo de programas tendrán altos ratings de sintonía.

Y, me entusiasmo, qué caray: ya que estas empresas, esas instituciones y esos líderes de opinión parecen tan interesados en promover valores positivos y edificantes, ya que hablan de la necesidad de educar a las nuevas generaciones de colombianos con una televisión que lleve a los hogares contenidos educativos y culturales, les propongo que también le garanticen pauta a los canales privados para que, en ‘prime time’, emitan series equivalentes a las que transmite Señal Colombia como Ancestro tribal, Puros criollos, Kikirikí, Colombia desde adentro, Festivaliando o Instinto de conservación.

En otras palabras, les propongo que en vez de rasgarse las vestiduras y armar cruzadas para defender el buen nombre de sus regiones, se dediquen de manera concreta y no retórica a eso que denominan ellos la responsabilidad social.

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