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Opinión

  • | 2008/06/21 00:00

    Propuestas para la programación del tercer canal

    Usted le da un canal a la izquierda, y en dos minutos tiene a Hollman Morris haciendo un documental sobre los refugiados presentado por William Parra.

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Empiezo con una confesión: a riesgo de que me nombren canciller, reconozco que soy torpe, que me cuesta trabajo entender las cosas. Por eso, poco comprendí el día en que me desperté y mi esposa no me dejó hablar:

—Silencio -me dijo señalando el radio-. Están hablando del tercer canal.

—¿Y eso qué tiene de raro? -le pregunté-, si ahora hasta las toallas higiénicas tienen canales.

—Pues que después de tanto viajar, parece que los pobres comisionados van a modernizar la televisión. ¿Puedes creer que todavía hay sitios en los que la señal llega con retraso?

—Bueno -le dije con franqueza-: Desde que sea un retraso leve, como el que uno sentiría que padece el ex ministro Holguín, el asunto no es tan grave.

Efectivamente, en La W estaban pasando una grabación al respecto. Al comienzo pensé que se trataba de una entrevista con algún personaje de una película de Víctor Gaviria, pero poco a poco deduje que esa voz rasposa y callejera, de la cual salía un español rapaz, sin costuras, era la de Ricardo Galán. No entendí muy bien lo que decía, pero eso me pasaba también cuando veía Rodrigo D.: que nunca entendía nada, ni siquiera las groserías.

—No hay nada que hacer -se quejó mi esposa-, se viene el tercer canal. Y como ya no hay equilibrio de nada, seguro que quedará en manos de amigos del gobierno.

Insisto en que soy torpe. Pero pienso que si el canal no queda en manos de la oposición, ganamos todos. Darle representación al Polo sería gravísimo: lo llena de programas tipo Yuruparí. Usted le da un canal a la izquierda, y en dos minutos tiene a Hollman Morris haciendo un documental sobre los refugiados bajo la presentación de William Parra. Acto seguido, sale Antonio Morales, como si acabara de bajarse de un avión de Air Plus Comet procedente de Madrid, sin dormir y sin bañarse, con una pata de las gafas amarrada con cinta pegante, dispuesto a montarle competencia a José Gabriel pero a su manera: en un set barato, en el que hay un par de sillas Rímax, propicias para que entreviste a un personaje tipo Francisco Miranda sobre participación ciudadana o un tema semejante. Después empieza un extenso programa de William Parra sobre la vida de Hollman Morris. Luego sigue un talk show de Francisco Miranda en el cual entrevista a Antonio Morales. Y después hay un debate entre Antonio Morales y Francisco Miranda sobre Hollman Morris, con la moderación de William Parra. Como gran cosa, al cierre de la emisión transmiten un concierto de Los amerindios.

En cambio, el uribismo no sólo haría una programación interesante, sino que muchos de sus miembros podrían intervenir directamente frente a las cámaras. César Mauricio Velásquez, para no ir muy lejos: no será Jairo Alonso, pero con dos o tres nuevos amagos de guerra en los que él salga leyendo comunicados, pierde del todo el pánico escénico y es capaz de echarse al hombro un programa propio. Quizá no una cosa muy larga. Pero sí una versión ampliada del Minuto de Dios, en la cual él haga de minuto. Y Uribe de Dios.

Otra cosa buena de que sea un canal uribista: que no tienen que montar un noticiero propio sino retransmitir el de RCN, y eso baja los costos; que pueden sacar ventaja de que Fabio Echeverry tenga un aire a Saúl García para que, aprovechando la entrega de 'Karina', renazca Guerra de estrellas; que Ricardo Galán serviría para hacer una nueva versión de Cusumbo; que la energía y la vitalidad del ex ministro Holguín se prestan para que sea el animador de esos programas matinales en los que hay orquestas, leen en el tarot y juegan mímica, todo antes de las siete de la mañana.

Sólo me produce tristeza un detalle. Desde el comienzo estuve de acuerdo con que el gobierno hubiera nombrado a María Isabel Urrutia como ministra de Cultura, pero sería una lástima saber que aparecería muy poco, porque me imagino que la programación carecería de franja cultural.

Sería fundamental que el canal se emitiera en blanco y negro, no sólo por un asunto de austeridad, sino sobre todo para evitar estridencias el día en que cubran una posesión de Noemí, y ella aparezca vestida con esos discretos trajes que usa en ocasiones especiales y que suelen estar inspirados en el color de la henna de Fanny Mikey.

—No creo que algo así tenga audiencia -me dijo mi esposa.

Yo creo que sí. Además porque si en algo es especialista este gobierno, es en tener público cautivo.
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