Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2002/05/18 00:00

Protectorado, sí

Pero una ocupación en serio, no este envío semiclandestino de asesores que hay que rescatar cuando se dejan derribar la avioneta

Protectorado, sí

Hace unas semanas escribí aquí mismo criticando el protectorado que los Estados Unidos están instalando en el Irak conquistado. Ahora me retracto. Es más: me uno a la petición que ha hecho nuestro visionario presidente Alvaro Uribe de que invadan también a Colombia y establezcan un protectorado también aquí. Sí, sí, que lo establezcan.

Y es que la nueva Resolución sobre Irak presentada por el gobierno norteamericano al Consejo de Seguridad de la ONU estipula que las "potencias ocupantes" (Estados Unidos y el Reino Unido, y secundariamente también Polonia, Italia y España) aceptan las obligaciones que la Convención de Ginebra de 1949 impone en estos casos: satisfacer las necesidades mínimas de la población. Se comprometen a mantener el orden público, a atender las necesidades de la infancia, a garantizar los servicios médicos y de higiene. Se comprometen también a respetar los derechos civiles de los iraquíes, sus personas, sus costumbres y sus prácticas religiosas. Se comprometen a reconocer como prisioneros de guerra "a los combatientes que se distingan de la población civil por medio de un uniforme u otro signo", y a respetar su vida, a no someterlos a tortura para obtener información, a informar de su detención a la Cruz Roja y a sus familias, a darles garantías judiciales y a liberarlos sin demora en cuanto se den por terminadas las hostilidades.

¿Se dan ustedes cuenta? Maravillas. Ríos de leche y miel. Si los ejércitos norteamericano y británico nos ocupan, como pide el presidente Uribe, todos nuestros problemas quedarán resueltos de un plumazo. Pero hablo, claro, de una ocupación en serio: no de este envío semiclandestino de asesores militares a los cuales el Estado colombiano tiene que rescatar a altísimo costo cuando se dejan derribar la avioneta. Así que nada de avioneticas: bombarderos B-2, y portaaviones, y misiles de crucero, y tanques Abrams, y 300 mil soldados de tropa. Como en Irak: un "cambio de régimen".

Porque ya habrán notado ustedes que con el régimen que tenemos las cosas suceden al revés de lo enumerado atrás. No hay orden público, ni se atiende a la infancia, ni hay respeto a los derechos civiles de los colombianos ni a sus personas. En cambio si nos invaden y ocupan de verdad las tropas de Bush todo funcionará a la perfección, tal como lo garantiza la Convención de Ginebra. Tendremos hospitales. No habrá desplazados, ni torturados, ni detenidos desaparecidos (pues hay que avisar a las familias y a la Cruz Roja). Habrá garantías judiciales. Seremos por fin, en suma, un país civilizado. Y a lo mejor la participación de tropas de otros países nos traerá aún más cosas buenas. Programas informativos y culturales de televisión producidos por la BBC inglesa. Buen cine polaco. Magnífico jamón de Jabugo español. Y a lo mejor hasta un Ferrari italiano para nuestro ídolo Juan Pablo Montoya, a ver si por fin gana alguna carrera. Seremos felices.

Y además el "cambio de régimen" implica, por supuesto, lo mejor de todo: que ya no nos seguirán gobernando nuestros ineptos y corruptos políticos locales, que tan mal nos han gobernado toda la vida: nuestros nefastos presidentes, nuestros dañinos parlamentarios, toda esa gente. A lo mejor los mandan a Guantánamo a todos, y los encierran en jaulas. O por lo menos se esconden, como Saddam Hussein, y abandonan sus palacios y desocupan sus ministerios y ya no los volvemos a ver nunca. No más Uribes ni Pastranas ni Samperes, no más Londoños, no más Pomáricos. Yo mismo me ofrezco a darles a las potencias ocupantes cincuenta y cinco nombres principales para las cartas de la baraja de personajes más buscados del régimen, tanto civiles como militares: los hay de sobra.

Pero, considerando sobriamente las cosas, sin la borrachera del entusiasmo que me dio la primera lectura del proyecto de resolución y de las disposiciones de la Convención de Ginebra, me doy cuenta de que todo eso es demasiado hermoso para ser cierto. Conociendo a los norteamericanos, estoy seguro de que no cumplirían nada. Y en el mejor de los casos nos mandarían un Virrey militar como, por ejemplo, el famoso coronel retirado Hiett, aquel que fue jefe de la oficina antidroga de la embajada norteamericana en Bogotá y que junto con su mujer exportaba cocaína en valija diplomática. Y temo que por añadidura resulte que los políticos del protectorado forzoso sean tan perniciosos como han sido los de la colonia voluntaria. Cuando veo, por ejemplo, lo que está sucediendo en Irak con el clero chiíta, me imagino lo que sería en Colombia una revolución católica encabezada por el cardenal Rubiano. Y tiemblo.

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