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Opinión

  • | 2013/12/06 00:00

    Cabezas de lista

    La verdadera batalla será por el Congreso y no por la Presidencia pues serán los parlamentarios quienes decidan el futuro de la paz.

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La verdadera batalla política del próximo año no será la presidencial sino la parlamentaria. En la lucha por la Casa de Nariño, el presidente Santos no sólo tiene la ventaja de estar ocupando ya esa posición, sino que las fuerzas que lo pretenden retar se encuentran a su derecha o a su izquierda, lo cual hace que sólo él pueda capturar a uno u otro sector en la segunda vuelta. Si su contrincante es Óscar Iván Zuluaga, los ciudadanos que militan en la izquierda votarán por Santos y no por el candidato de Uribe. Igualmente, si su contrincante en una segunda vuelta es Navarro o alguien de la izquierda, las personas ubicadas a la derecha votarán por el actual presidente y no por alguien de un credo tan distante. 

Donde las fuerzas políticas realmente tendrán una lucha fuerte y reñida será en la búsqueda de las mayorías en el Congreso. Serán los parlamentarios quienes decidan el futuro de la paz  una vez concluyan las negociaciones en La Habana. Serán ellos los que tendrán que sacar adelante las reformas que se pacten para que el país transite hacia el posconflicto y los que le darán al presidente Santos la gobernabilidad que necesita para poder cumplir los compromisos derivados del acuerdo con las FARC.

Esto lo saben muy bien el expresidente Uribe y sus copartidarios, por ello su bandera política no será la de impedir la firma de la paz, cosa que no lograrán, sino entorpecer la implementación de los acuerdos. 

Aspira el exmandatario a establecer una segunda ronda de negociaciones sobre el contenido del acuerdo, pero esta vez con él.  Los únicos que pueden hoy por hoy sacar más votos que la lista de UCD son los liberales, pues tanto los conservadores como La U verán diezmadas sus huestes por la  presencia de Uribe, sacar más de la mitad de los votos que obtuvieron en  el 2010 será ya una victoria para ellos, pero acercarse a la misma votación obtenida no pasa de ser una utopía. 

La batalla entre el liberalismo y el uribismo será por la primacía electoral, pero la batalla entre los conservadores y La U será por conservar bancadas suficientemente fuertes en el Senado para mantener su relevancia política. La batalla de todas las demás fuerzas políticas será contra el umbral, pues tal como están las cosas difícilmente lo conseguirán.

La elección parlamentaria se presidencializará, tanto por la presencia de Uribe, Serpa, Robledo, Gerlein y otros pesos pesados en las cabezas de las listas, como por el nivel de polarización que se vivirá en torno al proceso de paz y la reelección de Santos. 

La dinámica electoral llevará a un aumento de la votación que históricamente ha caracterizado el Senado, situada en un 43 % del censo electoral, para llevarla a cerca de un 55 %, que es el promedio para elecciones presidenciales. Esto significa un incremento de unos tres millones de votantes que podrían movilizarse para marzo. 

Si ello ocurre el umbral podría superar los 500.000 votos y la posibilidad que un montón de fuerzas dispersas consiga dicha votación será bastante complicada.

Las cabezas de lista de los partidos encarnarán las propuestas de la política no sólo para el segundo periodo de Santos, sino para el sistema político que emergerá tras la transformación derivada de la paz. La verdadera batalla será por el Congreso.
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