Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2009/08/15 00:00

Que lo archiven

Los congresistas uribistas están en el peor de los mundos: si no votan el referendo, pueden terminar con sus hojas de vida limpias, pero sin curul.

Que lo archiven

Si Jaime Garzón viviera, algo me dice que los secretos de Palacio ya no nos los contaría Dioselina Tibaná, sino Yidis Medina, y Godofredo Cínico Caspa estaría de asesor presidencial en la brega heroica de sacar adelante el referendo reeleccionista. Y muy probablemente si Godofredo Cínico Caspa hubiera puesto sus conocimientos de tinterillo al servicio de tan magna causa, no se habrían cometido los errores de Luis Guilermo Giraldo y compañía; posiblemente a estas alturas el referendo reeleccionista habría sido aprobado y el Presidente y sus huestes no andarían como alma en pena, buscando por debajo de las piedras los 85 votos que necesitan para que sea aprobado por la plenaria del Congreso.

Porque en eso están desde hace rato: buscando desesperadamente esos voticos que faltan para que las encrucijadas de su alma cesen, mientras el país real se las arregla como puede para salir de sus desafíos y problemas. Y aunque ha recurrido a todas las fórmulas de seducción posibles, la verdad es que hasta ahora esos votos le son esquivos. Lo único que ha logrado hasta el momento es la consecución de las firmas (tres, para ser más específicos) que le permitirían sacar adelante la conciliación. Esas tres firmas serían las de tres congresistas que una semana antes le habrían manifestado al propio Presidente de la República en una de esas maratónicas sesiones de la semana pasada, su negativa a firmar la conciliación.

Traigo a colación sus nombres para que los retengamos bien de ahora en adelante: Odín Sánchez, de Chocó; Carlos Celis, de Norte de Santander, y Germán Viana, de Bolívar. No descarto que su cambio de opinión no tenga razones que apelen a sus profundas y desconocidas convicciones, pero su sorpresiva voltereta también abre la posibilidad de que haya sido impulsada por generosos ofrecimientos en materia de "inversión regional", como sucedió con Yidis y Teodolindo en los preámbulos históricos de su primera reelección. En ese caso, la lupa de la justicia se debería centrar en mirar hacia esas regiones de la misma forma como en 2004 lo hizo en Barrancabermeja -coto político de Yidis-.

Sin embargo, el hecho de que el gobierno haya conseguido las firmas para la conciliación del texto del referendo no significa que este se haya salvado de la hecatombe. La aprobación del referendo no se hace en las comisiones sino en la plenaria y allí es donde el presidente Uribe aún no consigue tener la mitad más uno requerida. Si hoy se fuera a votar el referendo, probablemente se hundiría en la plenaria por falta de votos. Pero si la semana entrante ocurre un milagro parecido al que sucedió a la hora de encontrar las firmas para sacar adelante la conciliación, y el gobierno termina encontrando los votos que antes no tenía, se abre la posibilidad de que ese cambio de posición haya sido producto de un incremento por parte del gobierno en la "inversión regional" en sus cotos políticos, con lo que se editaría un nuevo capítulo de la Yidis política.

Por el momento lo que se advierte es que el gobierno está dedicado a conseguir estos voticos recurriendo a formas mucho más sutiles de seducción que las que tenía en los tiempos de Yidis. Ahora no se dan puestos, ni notarías. "Ahora se les dan contratos", me dijo una fuente que obviamente no quiso revelar su nombre. Las agencias del gobierno que están en el centro de esta ofensiva también son un secreto a voces en los corrillos políticos. "Que investiguen a los congresistas que están yendo a Invías, a Bienestar Familiar o al Fondo de Regalías", me dijo otro congresista.

Por cuenta de este tipo de seducciones, los congresistas uribistas están en el peor de los dos mundos: si no votan el referendo, pueden terminar con sus hojas de vida limpias ante la Corte, pero sin curul. Evidentemente, para muchos congresistas uribistas, el mejor escenario sería una nueva candidatura de Uribe dada su capacidad de tracción política, que sin duda es infinitamente mayor que la que tendría un candidato puesto a dedazo, como podría ser Juan Manuel Santos. Pero si cambian de posición y votan mañana por el referendo en la plenaria, la posibilidad de que se les investigue por cohecho puede ser inevitable.

En el fondo, lo mejor para el país es que el referendo termine archivado. Sólo así las cosas podrían volver a su cauce normal. Sólo así el país podría retomar la senda de la democracia, de la cual nos estamos alejando, y sólo así Godofredo Cínico Caspa dejaría el poder para volver a ser el tinterillo de antes.

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