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Opinión

  • | 2012/06/07 00:00

    ¿Qué buscan los 'Urabeños' en Medellín?

    Coincido con algunos análisis que indican que van detrás de la capacidad criminal instalada que tiene hoy la capital antioqueña, resultado del cruce de intereses económicos legales e ilegales.

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Desde finales de julio de 2008 las alertas estaban encendidas en Medellín. En ese año ya se tenían fuertes indicios del arribo a la capital antioqueña de un grupo armado ilegal conocido como los ‘Urabeños’, huestes criminales comandadas en ese entonces por Daniel Rendón Herrera, alias ‘Don Mario’.

A mí me puso al tanto de ello un exmiembro de la llamada ‘Oficina de Envigado’ con quien hablaba constantemente en esa época y cuando hice público el tema pocos creyeron en el asunto. Hoy, casi cuatro años después, el nivel de penetración de esa estructura armada es un hecho indiscutible y pensar que se pudo contener, pero al parecer no hubo voluntad política.

En la actualidad, amplias áreas semiurbanas de las laderas occidentales de la ciudad están bajo el dominio de los ‘Urabeños’ y se vienen disputando, a sangre y fuego, sectores de los cerros orientales. En esa confrontación con las bandas locales para lograr su sometimiento, se están empleando armas que en el pasado sólo eran vistas en combates rurales, hablo de ametralladoras M-60. La gente en los barrios ha aprendido a distinguirla por su ráfaga y ya la bautizaron, la llaman “la escupidora”.

La estructura de los ‘Urabeños’ comenzó a operar por orden de Vicente Castaño seis días después de la última fase de desmovilización del Elmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), ocurrida el 15 de agosto de 2006 en Unguía, Chocó. La instrucción que le dio Castaño a ‘Don Mario’ fue precisa: copar los territorios que habían dejado las Auc.

A partir de ese momento se gestó un proyecto que, con el paso de los años, ha venido creciendo de manera exponencial. Si bien en sus inicios el grupo no tuvo un nombre específico, varios meses después de su creación, en San Pedro de Urabá, comenzó a llamarse Bloque Héroes de Castaño, al parecer en homenaje a Vicente Castaño, desaparecido en el año 2007 en una finca de Ayapel, Córdoba.

El núcleo fundacional de esta estructura lo componen desmovilizados de las Auc con experiencia en la guerra, pues varios de ellos fueron guerrilleros del Epl. Durante el primer paro armado que hicieron en el Urabá antioqueño, el 15 de octubre de 2008, se presentaron “en sociedad” como ‘Autodefensas Gaitanistas de Colombia’. En algunos momentos también han sido referenciados como ‘la ‘banda de Don Mario’ y los ‘Urabeños’.

Este grupo tiene un carácter rural, pero su crecimiento acelerado en los últimos seis años, no solo en hombres y armas sino en recursos, le ha generado la necesidad de incorporarse a lógicas criminales más urbanas, pues allí es donde se gestionan las estrategias de legalización de los enormes capitales que está percibiendo por negocios como el narcotráfico y la minería ilegal. Así es como Medellín hace parte de sus ambiciones.

No creo en esa versión de las autoridades, civiles y policiales, que repiten cada vez que pueden que la disputa en la ciudad es por llamadas ‘plazas de vicio’, robo de gasolina y otras rentas ilegales. De ellas se han venido apropiado, claro, como ganancia colateral tras dominar sectores de la ciudad, pero no son su objetivo central.

Hay dos hipótesis que intentarían responder la pregunta de por qué el interés de los ‘Urabeños’ en Medellín: la primera es que pretenden escalar sus actividades económicas y llevarlas a niveles más sofisticados con el fin de rentabilizar sus ganancias; la segunda es incidir en los procesos de restitución de tierras que se discutirán en los estados judiciales de la ciudad e impedir su devolución a los propietarios reales.

Para legalizar sus recursos van a requerir la experiencia adquirida por aquellos profesionales del derecho, la administración de negocios, los contadores y los expertos en inversiones que han estado ligados a la llamada ‘Oficina de Envigado’ desde tiempo atrás, quienes son los verdaderos soportes de esa empresa criminal, más allá de aquellos que siempre muestran como los importantes, tales como ‘Sebastián’, ‘Mi Sangre’ o ‘Beto’. Esas son las cabezas de quitar y poner que requieren estas estructuras ilegales. Quienes mandan son otros, algunos de ellos en la legalidad. Y son los que perduran porque nunca son perseguidos.

Entrar a dominar barrios y comunas a sangre y fuego no tiene otro objetivo que construir fidelidades a punto de armas y dinero con el fin de adquirir poder para negociar con aquellos que realmente están detrás de esa empresa criminal llamada ‘Oficina de Envigado’, con el fin de apropiarse del conocimiento y las redes que tienen a su servicio para beneficiarse de todo ello e incrementar su poder militar y económico, el cual, podrá ser utilizado para fortalecer, a futuro, sus pretensiones políticas.

En cuanto a la obstaculización de procesos de restitución de tierras por vía judicial, la presencia de los ‘Urabeños’ en Medellín se debe considerar como un factor de riesgo para los reclamantes que vienen del Urabá antioqueño a participar de las audiencias judiciales. Estos llegarían a una ciudad dominada por agentes armados que tienen la influencia de exguerrilleros del Epl y excombatientes de las Accu y las Auc, quienes participaron del despojo en esa subregión agroindustrial de Antioquia para beneficiar a empresarios e inversionistas.

No quiero ser alarmista, pero si la hipótesis se confirma develaría una estrategia macabra para impedir que muchas fincas sean devueltas a sus antiguos poseedores, campesinos ellos que tuvieron que abandonar sus propiedades y venderlas bajo presión o, simplemente, verlas ocupar desde el destierro por otros con respaldo armado y poder económico.

Hace unos días le escuché al exparamilitar Ever Veloza una frase que le daría sentido a esa hipótesis. En versión libre desde Estados Unidos ante una fiscal de Justicia y Paz afirmó: “En Urabá hay muchos intereses económicos que están en manos de empresarios, políticos y bananeros, quienes toleran y apoyan estos grupos porque tienen mucho que perder”.

El panorama no es nada halagador, no solo por las consecuencias que pueda tener entre las comunidades ajenas a esta confrontación la presencia armada de los ‘Urabeños’ en la ciudad y la resistencia de sectores armados que quieren impedir su posicionamiento, sino porque en Medellín los espacios de análisis para discutir la situación de derechos humanos por parte de los organismos de control, entre ellos la Personería de Medellín, se perdieron desde hace varios meses. El debate está abierto, pero por el momento no hay institucionalidad pública que quiera discutir el tema.

* Periodista y docente universitario
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