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Opinión

  • | 2017/09/15 00:16

    ¿Por dónde me voy?

    Qué hacer cuando no se sabe por dónde ir en ciertos momentos de la vida. Andrés Aljure Saab comparte un sencillo método para precisar el propósito y quehacer en su vida cuando afronta situaciones o etapas en las que no identifica bien en dónde focalizar su atención, energía y recursos.

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Tanto usted como yo vivimos momentos en los que no sabemos “por dónde coger o tirar”, una expresión usada en la cultura española para manifestar que nos sentimos perdidos o confundidos sin saber qué hacer o qué escoger.

Como Juan David, un adolescente radicado en Neiva, nos podemos preguntar si es mejor estudiar administración de empresas, que quedó clasificada como la profesión con mayor oferta laboral en 2016, con un 17,8%; psicología, comunicación social y periodismo o gastronomía, siendo esta última una profesión que no figura entre las primeras 20 con mayor demanda o proyección, según los rankings. O como María Camila, profesional de ingeniería, que duda sobre si tomar o descartar una opción laboral que le han ofrecido porque no identifica con claridad si es coherente con lo que ha aprendido o estudiado hasta el momento.

O como Carolina, comunicadora que queriendo emprender se pregunta si debe aceptar lo que parece ser una buena oportunidad de negocios o si es mejor abstenerse porque, aunque pinta muy bien, no le genera el suficiente entusiasmo.

Así como ellos, todos en ocasiones nos hemos sentimos dando “palos de ciego”, como alguien con los ojos vendados que, desorientado y vacilante, trata de acertar el golpe preciso a la piñata para así ir por los premios y dulces que esta contiene.

Una forma apropiada de resolver satisfactoriamente este tipo de dilemas es identificar qué de lo que se nos presenta como alternativas se ajusta mejor con nuestros propósitos. Tenga muy presente que el estudio de la felicidad, como ciencia, muestra que el sentido de propósito es un factor determinante de la misma. Dicho esto, es natural que para poder verificar esa coherencia entre nuestras opciones y nuestro propósito, lo primero que debemos identificar es cuál es nuestro propósito.

Ahora bien, lo que pasa en muchas ocasiones es que a la hora de precisar nuestros propósitos nos podemos confundir. En el proceso de escogencia, a veces nos asalta la duda de si damos prioridad a lo que nos gusta, o mejor privilegiamos aquellas opciones que nos ofrecen la oportunidad de conseguir más plata, o si hacemos nuestra escogencia basándonos en aquello para lo que tenemos más habilidad.

¿Y quién dice que la escogencia tiene que hacerse contemplando tan solo uno de los tres criterios anteriores: lo que nos gusta, lo que no da plata o lo que se nos da fácilmente?

De hecho, con más frecuencia de la que imaginamos se dan casos de personas que se desempeñan en roles de alto impacto, reconocimiento y remuneración, pero que están insatisfechas. Un ejemplo es el caso de Carlos Raúl Yepes, expresidente de Bancolombia quien, con un sueldo de más de 60 millones de pesos mensuales, renuncia y opta por otra forma de vivir su vida.

También se dan casos de personas que se desempeñan en actividades para las que tienen alta habilidad, con excelentes resultados, pero que no les llenan. Es el caso de Carlos, un exgerente de Recursos Humanos, que con una prometedora proyección profesional, renuncia a su cargo en una de las compañías de consumo masivo más importantes del mundo, optando por estudiar en Europa para vivir su pasión: ser DJ. Otro caso, no menos común, es el de personas que hacen lo que les gusta, pero no logran obtener el ingreso suficiente para vivir.

Según lo anterior, la clave es hacer nuestra escogencia teniendo en cuenta los tres criterios en forma simultánea. Es más, podemos agregar un cuarto criterio en nuestro proceso de selección: que lo que optemos por hacer sea valorado y necesitado por los demás.

Si se siente identificado con situaciones como las descritas, usted puede usar un método sencillo que le facilita la precisión de su propósito y su quehacer. Tómese un rato para aplicarlo cada vez que lo requiera, disfrutando, por ejemplo, de un café o de un rato de reflexión que dedique para su bienestar.

Primero, liste la mayor cantidad de cosas que le gusta hacer en su vida. Obtenga, ojalá, no menos de 20. Por ejemplo: bailar, pasear, viajar, hablar con otras personas, hacer cálculos, realizar análisis, organizar eventos o reuniones, vender, enseñar, hablar en público, investigar... Si le gusta dormir, comer bien o comer fríjoles, no se abstenga, también agréguelo a su lista.

En segunda instancia, de la lista anterior subraye sólo las cosas en las que usted considera que tiene habilidad, facilidad o fortaleza para hacer. Aquí siempre soy enfático en que no se debe descartar nada por trivial que parezca. Si, por ejemplo, le gusta comer fríjoles, tenga en cuenta que hay personas que por mucho que le gusten, no los puede disfrutar porque les hacen daño. Luego, sea consciente de ciertos privilegios que la vida le ofrece.

En tercer lugar, de los aspectos que subrayó encierre en un círculo aquellas cosas que ha visto o que considera que son valoradas o necesitadas por otros. Siguiendo con el ejemplo anterior, podría preguntarse si existe alguien que valoraría que a usted le guste comer bien. Pues de hecho, sí. Existen roles de “auditores” que se dedican a hacer visitas incógnitas para evaluar el servicio de un determinado restaurante o dar su opinión de la comida que allí se sirve.

Finalmente, solo para aquellas actividades que encerró en un círculo en el paso anterior, marque con un asterisco al lado en cuáles cree que le pagarían por hacerlas. Aquí retomo el mismo ejemplo de comer bien. Hay personas que les gusta comer bien, que al mismo tiempo tienen habilidad para hacerlo, que al mismo tiempo son valoradas por su ejercicio profesional, y que, al mismo tiempo, les pagan por ello. Ese es el caso de los auditores de restaurantes.

Pero no crea que el ejemplo de comer es el único que puedo ofrecerle. Está el caso de quien le gusta viajar y que, teniendo habilidad o condiciones para hacerlo, también le pagan por ello. Como ejemplo le comparto el caso de los estudiantes amigos de la Maestría de Ocio y Turismo, en España. Ellos me manifestaban que en su profesión encontraban la forma de hacer lo que les gustaba y para lo que tenían facilidad: viajar. ¡Sí, viajar! Algo que gusta a mucha gente. Ellos lo podían hacer, al mismo tiempo que les pagaban por ello, y su trabajo era valorado en cruceros, aerolíneas y hoteles. Aquí, por supuesto, no hay que desconocer que también esto implicaría ciertos sacrificios dependiendo de sus propias condiciones, como es el caso de tener familia o hijos pequeños.

Cuando usted hace este ejercicio y sigue el método con la lógica que le propongo, está identificando actividades de vida que le permiten al mismo tiempo combinar lo que le gusta con lo que tiene habilidad, recibir por ello plata para vivir y, además, aportar algo que es valorado y necesitado por otros. Esta, sin duda, puede ser una buena forma de precisar su propósito y su quehacer en favor de su felicidad y bienestar.

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