Viernes, 31 de octubre de 2014

| 2013/05/17 00:00

¿Qué convierte a un ser humano en una bestia?

Científicos llevan décadas estudiando para tratar de descifrar lo que esconde el cerebro de un psicópata.

Foto: .

Triste, repudiable y aterrador vivir en una sociedad plagada de monstruos que no tienen escrúpulos, que carecen de sentimientos y que cometen los crímenes más horrendos sin inmutarse ante el dolor ajeno. ¿Qué estaba pasando por la mente de Ariel Castro cuando secuestró a tres mujeres y las mantuvo encerradas, torturadas y violándolas en repetidas ocasiones por 10 años?, ¿Qué sentirá hoy Salvatore Mancuso, quien deberá responder por 10.066 desaparecidos y 269 delitos sexuales, o ‘Macaco’, con más de 350 cargos por abuso sexual? ¿Qué pasó esa noche por la mente de James Holmes, el asesino responsable de la masacre de Colorado?  

Se pregunta uno qué lleva a un ser humano a convertirse en una bestia sin entrañas y actuar con un comportamiento violento y visceral.  

Esto es precisamente lo que muchos científicos llevan décadas estudiando para tratar de descifrar lo que esconde el cerebro de un psicópata, para intentar comprender si el desequilibrado nace o se hace. Si hay algún tipo de anomalía en el cerebro de quienes matan, a sangre fría, violan o hacen daño sin ningún cargo de conciencia.

Comparto algunas de las hipótesis a las que han llegado recientes estudios:

Según una investigación publicada por la revista Nature Neuroscience y realizada por psicólogos de la Universidad Vanderbilt, en Estados Unidos, los psicópatas en efecto presentan una anomalía muy concreta en el cerebro. El estudio revela que el cerebro de estos individuos siente el impulso de buscar siempre su propia recompensa, de lograr sus objetivos sin contemplar las consecuencias. Es “un sistema de recompensa de dopamina hiperreactivo” constatan estos investigadores, sistema que puede ser el impulsor de algunos de los comportamientos más problemáticos relacionados con la psicopatía, como la delincuencia violenta, la reincidencia y el abuso de sustancias. 

Los resultados de esta investigación demuestran que el sistema de recompensa de la dopamina en el cerebro de estos individuos es más reactivo de lo normal. La dopamina tiene muchas funciones en el cerebro, entre ellas la de promover la motivación y la sensación de recompensa o de placer. Tal anomalía hace que estas personas den importancia, por encima de todo, a la satisfacción de sus propios intereses o necesidades, sin importarles los efectos de sus actos sobre otras personas, o los peligros que puedan conllevar dichos actos. 

Pero una persona con conducta antisocial no necesariamente es un psicópata. Por ejemplo, los delincuentes no psicópatas sí reconocen que hicieron algo malo y muestran algún grado de arrepentimiento, sienten miedo, afecto y respuestas emocionales, tienen algún vínculo emocional y son leales a su círculo. Mientras que el psicópata sabe perfectamente que está cometiendo un delito penalizado por la sociedad y causando un dolor espantoso a sus víctimas o familiares, es leal sólo a sí mismo y buscan únicamente alcanzar sus propósitos, sin importar lo que cueste.

Siendo así, en este país estaríamos plagados de psicópatas, personas que asesinan, violan, maltratan y hacen daño para conseguir sus objetivos, sin ningún tipo de compasión o remordimiento, y, si les queda posible, culpando a otros de sus crímenes.

 

Un estudio psiquiátrico del King’s College de Londres revela que las personas psicópatas, quienes se caracterizan por la falta de empatía, presentan menos materia gris en la corteza prefrontal anterior y en los lóbulos temporales que los criminales no psicópatas y las personas no criminales. Dichas áreas cerebrales resultan relevantes para entender las emociones e intenciones de los demás;  se activan cuando las personas piensan sobre comportamiento moral. De hecho, el daño de esas áreas del encéfalo se relaciona con la falta de empatía, una respuesta débil al miedo y la angustia, así como la falta de emociones propias como la culpa o la vergüenza.

Lo preocupante es que no todos los psicópatas tienen la cara de “psicópata” como la  de Norman Bates, en Psycho, por el contrario, el que menos parece, ese podría tener este trastorno, así lo aseguran quienes estudian la psicopatía.

El perfil de un psicótico muestra encanto superficial e inteligencia, son agradables y en general causan muy buena impresión, presentan una autoestima exagerada, son frívolos, muy seguros, con la tendencia de mentir de forma patológica, llevan una vida sexual impersonal, desleales y son inmunes a la mayoría de reacciones emocionales negativas ante los acontecimientos vitales. Yo le agregaría que son personas manipuladoras, con pasados tormentosos, narcisistas, faltas de afecto, e inestables emocionalmente.

Con estas características,  pensaría que psicópatas hay muchos, y no le extrañé haberse topado con uno o acordarse de alguien al leer estas líneas.  El tema es que el asesino nace, pero también la sociedad se encarga de “perfeccionarlo”.

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