Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1997/06/23 00:00

QUE DIABLOS QUERRA LOPEZ?

QUE DIABLOS QUERRA LOPEZ?

No se cuántas veces durante los primeros 10 años de vida de SEMANA, después de la publicación de un determinado artículo, oí la expresión: "¿Qué intención del ex presidente López Michelsen estará oculta detrás de lo que dice la revista?". Es apenas natural. En la historia del periodismo colombiano todos los medios escritos habían tenido la intención expresa de servir de voceros de un partido, de un político o de una tendencia política. A ojos de la experiencia histórica, SEMANA no tenía porqué ser la excepción a esa regla, y el hecho de salir al mundo de manos del delfín de un ex presidente y en esos momentos candidato a la Presidencia de la República, más que atenuar, aumentaba semejante presunción. Y no sé cuántas veces en los últimos cinco años he oído la expresión: "Qué diablos buscará Felipe López con esta publicación". La variación entre la primera sospecha y la segunda demuestra que SEMANA se ha institucionalizado, y ese es tal vez el gran logro de sus primeros 15 años de vida.Cuando la revista vio la luz en 1982 el editorial hacía suyas las palabras del ex presidente Alberto Lleras en la presentación de la SEMANA original, 35 años antes, según la cual no se trataba de una publicación política, ni doctrinaria ni literaria. "Obedece su creación _decía Lleras_ a una necesidad del tiempo nuevo, y a la creación natural de un público nuevo".Tenía razón el ex mandatario en 1946 en cuanto a que había que entregarle un periodismo nuevo a ese nuevo público ya informado de antemano por muchos medios, y la SEMANA vieja fue en su momento una maravillosa pieza periodística en su formato y en la calidad de su prosa. Lo dudoso es que no fuera una revista política. Lo era. El primer número ya anunciaba una clara postura en ese sentido: desde la portada en la que aparece la caricatura del presidente Ospina Pérez sobre la explosiva leyenda "...distribución equitativa del descontento..." hasta el artículo de fondo que la respaldaba, dejaban ver muy claro que se trataba del arma política que blandía con su mano Alberto Lleras Camargo. La novedad en el caso de la revista de Felipe López consistió en que ese mismo concepto _una publicación nueva para un público nuevo_ se convirtió en realidad. La situación actual de los medios impresos dificulta el hacer memoria sobre lo que pasaba en 1982, porque el esfuerzo analítico en todos ha aumentado. Pero SEMANA abrió entonces un espacio refrescante de credibilidad en la información, con una presentación realista y desprovista de prejuicios. Todos comenzamos a competir contra ella en ese mismo terreno.No hay que olvidar que casi nadie daba un peso por el futuro de SEMANA. Las experiencias anteriores en materia de publicaciones nuevas, con la excepción honrosa de Alternativa, no habían sido más que una serie variada de fracasos, cada uno de los cuales no había durado más de un año.El proyecto cuajó gracias a Felipe López, un periodista innato que empezó a ejercer ya grande, y que llevó de su mano a la recién nacida hasta un sitio seguro, con dosis inmensas de talento, astucia, inteligencia y (por fortuna) buen humor.No quiero meterme a calificar el contenido posterior de la revista, pues tengo metidos allí demasiados corazón y rabo de paja como para ser creíble.Sólo digo que por culpa del proceso 8.000 el periodismo colombiano se convirtió una vez más en escenario de la contienda política, tal vez por la falta de credibilidad en los actores y los escenarios naturales de ese tipo de actividad. El hecho es que los medios han caído en una politización similar a la que buscaban eludir Alberto Lleras hace 50 años y Felipe López hace 15.Tal vez por eso la celebración de este aniversario sea una buena ocasión para que entendamos todos que no le estamos quedando bien a este público nuevo.

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