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Opinión

  • | 2001/10/29 00:00

    ¡Qué difícil es ser liberal!

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El Partido Liberal enfrenta actualmente un reto decisivo para la colectividad y para el país. Como partido mayoritario y con amplias posibilidades de ganar la contienda electoral, tiene la responsabilidad de dar respuestas apropiadas a la peor crisis de la historia moderna de Colombia. Nunca como ahora los principios fundamentales en los que se basa el partido han sido tan adecuados para las circunstancias actuales. El libre examen y la capacidad renovadora, bases de su pensamiento, deberían propiciar el debate libre y abierto para construir país. Esto es particularmente válido cuando los otros principios de la ideología liberal están siendo violados permanentemente. La libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia, el respeto a los derechos humanos, entre otros, no orientan el devenir nacional.

Es absolutamente incomprensible que en estas circunstancias, las directivas del partido le cierren las puertas a aquellos cuyo interés consiste en contribuir al complicado debate sobre las posibles salidas a la situación actual. En situaciones tan complejas como las que se viven actualmente, es imperdonable que las únicas voces que merecen la atención de los dirigentes liberales sean aquellas que tienen votos o dinero. El conocimiento y la experiencia no dan legitimidad para participar en lo que deberían ser las discusiones que permitan construir esos programas que, al señalar nuevos horizontes, puedan atraer al elector consciente y no comprado, único que realmente justifica el acceso al poder.

Tampoco es fácil de explicar la profunda diferencia que existe entre el discurso democratizador del oficialismo liberal, expresado en los documentos de la Constituyente del año 2000 y la actitud hegemónica de sus actos. En ese momento el director del Partido, el doctor Luis Guillermo Vélez, anotaba, con respecto a la mujer: "En el Partido Liberal encontrará, con toda seguridad, las oportunidades para su plena realización". Contrasta este pronunciamiento con el calificativo de "paracaidista" que él me hizo y el de "oportunista" que me hicieron otros, después de 20 años de carrera pública representando al liberalismo. Así mismo, se señala en ese momento que "el partido ofrece una amplia participación a los sectores sociales no parlamentarios y señala la consulta popular interna, con voto directo, como el procedimiento para escoger a sus candidatos y particularmente el candidato a la Presidencia de la República". Sin embargo, el mecanismo finalmente aplicado por las directivas del partido no es popular, ni es directo, pues tan sólo pueden votar aquellos liberales que pertenecen a los aparatos del partido y la encuesta, que ya fue realizada, no tuvo el carácter de consulta. Por decisión de sus directivas a la cual me opuse, la mencionada encuesta no incluyó una pregunta cerrada con los candidatos liberales sino que al ser abierta, terminó siendo una encuesta más de opinión.

Pero es en los planteamientos de quien es el candidato oficial del liberalismo, con o sin consulta, el doctor Horacio Serpa, donde se presentan las mayores inconsistencias con el ideario liberal. En el único foro a que fui convocada como precandidata, se evidenciaron claramente estas diferencias las cuales lejos de constituir una afrenta eran una oportunidad para construir una verdadera y novedosa plataforma liberal. Así lo expresé cuando en mi intervención, hice un llamado a la unidad del partido para asumir posturas claras sobre la Constituyente, el derrumbe de la economía y un nuevo manejo para el problema de la deuda. El tema del modelo de desarrollo vigente en el país y su inconveniencia frente a una nueva propuesta que he venido trabajando denominada "Capitalismo nacional socialmente eficiente", no tuvo ningún eco no obstante haber sido recibida con beneplácito por muchos liberales y economistas.

Cuando existen evidentes y reconocidos vacíos en el tema económico por parte del partido y su candidato, cuando se apoyan propuestas gubernamentales y de organismos internacionales que van en contra de sus principios, es absurdo que se le cierren las puertas al debate. A quienes desean reivindicar sus bases ideológicas. Las directivas actuales del partido lo han convertido en un conglomerado que no defiende la civilidad en la lucha política de Santander, la democracia económica de Tomás Cipriano de Mosquera y la soberanía que enarboló hasta su muerte Jorge Eliécer Gaitán. Posiciones ambivalentes frente a la guerrilla, el apoyo a decisiones neoliberales que empobrecen a los débiles, la sumisión ante decisiones norteamericanas que no siempre favorecen al país, han alejado al partido de su razón de ser.

Cuando se enarbole el trapo rojo para ganar las elecciones sin las verdaderas propuestas que han hecho del liberalismo un partido progresista, se correrá un terrible riesgo. Si el doctor Serpa, con estrategias inadecuadas entra a manejar el país y no logra sacar a la Nación colombiana de la postración en que se encuentra, se repetirá el triste episodio del cual hoy somos testigos. Así como el presidente Pastrana acaba con el Partido Conservador, el doctor Serpa apoyado por unas directivas miopes y obsesionadas por el poder a cualquier precio, podrá acabar el Partido Liberal.

Faltan varios y preciosos meses para las elecciones presidenciales y aún se está a tiempo de cambiar la orientación y el contenido de la plataforma del partido. Los liberales como yo, preocupados no sólo por llegar al poder sino por la reconstrucción nacional, estaríamos dispuestos a contribuir a la construcción de una propuesta moderna, novedosa, que responda a las nuevas realidades latinoamericanas y mundiales. Pero que por encima de todo vuelva a ser liberal.

Ante la imposibilidad de participar en lo que debería ser una consulta, solicité a los ex presidentes liberales su apoyo para expresar estas preocupaciones en la convención del partido que debe realizarse el 27 de octubre próximo. La fría respuesta, a través de una nota en ‘El Tiempo’ donde esa posibilidad se me niega, me ha convencido sobre la profunda desinstitucionalización del que fue el glorioso Partido Liberal.

a*Candidata a la Presidencia de la República
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