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Opinión

  • | 2010/04/09 00:00

    ¿Qué está esperando Rafael Pardo para adherirse a los verdes?

    El liberalismo debería apoyar la candidatura de Antanas Mockus, con quien tiene más posibilidades de entendimientos programáticos.

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Algo claro está quedando en cada encuesta de intención de voto para las elecciones presidenciales, y no es precisamente que el ganador de la contienda va a ser el ex ministro Santos, sino que el desastre electoral que se avecina lo va a sufrir el Partido Liberal, con un candidato que nunca despegó en los sondeos que hasta el momento se han hecho.

La última encuesta realizada por CM& y el Centro Nacional de Consultoría ubica al ex ministro y ex senador Rafael Pardo en el quinto lugar, con el 5 por ciento, luego del candidato del Polo Democrático Alternativo (PDA), Gustavo Petro, lugar no muy honroso para un partido que siempre se ha ubicado en los primeros lugares electorales, así éstos no le hayan dado el triunfo.

Cuando se les ha preguntado a los analistas políticos por alguna razón para que Rafael Pardo no despegue en las encuestas, la mayoría coincide al interpretar el hecho con su falta de carisma y su actitud fría y distante con la gente. Ante esas críticas, él responde diciendo que “No puedo volverme un payaso y buscar el carisma de Hugo Chávez. Si no, que elijan a (Carlos) Moreno de Caro”, respuesta por demás ilógica, puesto que una cosa es ser carismático y otra actuar como un payaso.

Horacio Serpa no actúa como un payaso, sin embargo, en sus discursos se conecta y despierta el fervor de las personas que lo escuchan. Gustavo Petro tampoco sonríe en medio de sus palabras, pero despierta el interés y los aplausos de su público. Considero que el candidato liberal debería buscar el significado de la palabra carismático, que se define como cualidad de ciertas personas para motivar con facilidad la atención y la admiración de otros. Y payaso es una persona que divierte a los demás a través de actos y chistes ridículos.

El liberalismo colombiano no puede esperar mayores resultados en esta ocasión, en primer lugar, porque a pesar de tener un director con una capacidad de análisis y buena imagen, no ha logrado darle la posición que busca luego de la excelente labor que hizo el ex presidente César Gaviria como jefe único, quien se encargó de unificarlo y reivindicar la imagen que año tras año se venía desgastando desde el escándalo del 8.000.
No es bueno para el Partido Liberal que su candidato se empecine en ir solo a la primera vuelta porque, de ser así, su votación se vería notablemente reducida con respecto a la obtenida por el gobernador de Santander, Horacio Serpa, en 2006 (1.404.235 votos).
 
Si este hecho llegara a ocurrir, lo obligaría a renunciar a la dirección única del liberalismo, pues con eso quedaría demostrado que a pesar de tener una excelente hoja de vida, no es la persona idónea para dirigir a los rojos. De hecho, tampoco podría acudir al argumento de que mantuvo el número de senadores para el próximo cuatrienio (18) porque para nadie es un secreto que todos estos señores que lograron su curul, la ganaron por sí solos y no por el acompañamiento de Pardo.

Prueba de lo anterior son los casos de los parlamentarios electos Juan Fernando Cristo, Piedad Córdoba, Arleth Casado de López, Guillermo Rivera y Simón Gaviria, quienes llegan al Congreso por mérito propio y no por arrastre de su director.

Considero que este es el momento apropiado para que Rafael Pardo y el liberalismo en pleno tejan una alianza y acompañen a una de las candidaturas fuertes, pero no con pretensiones clientelistas y descaradas como pretende hacerlo la Presidenta del PDA, Clara López, bajo el lema de la cogobernabilidad, sino bajo un acuerdo programático.

Y creo además que, en aras de cuidar su imagen, tampoco es viable que lo realice con Juan Manuel Santos, candidato del Partido de la U, a quien el liberalismo le promovió una moción de censura por las interceptaciones ilegales, y menos con Germán Vargas Lleras, candidato de Cambio Radical, quien ocupa el sexto lugar en la última encuesta de intención de voto del Centro Nacional de Consultoría.

Ni hablar de una posible alianza con el PDA y no por aquello de la cogobernabilidad, sino porque las diferencias programáticas son irreconciliables; para la muestra, el liberalismo apoya el TLC con Estados Unidos y la presencia de militares norteamericanos en siete bases militares en Colombia, cosa a la que el PDA se opone.
 
Por lo anterior opino que el liberalismo debería apoyar la candidatura de Antanas Mockus, candidato del Partido Verde, con quien buscó alianzas meses atrás, y en donde tiene más posibilidades de entendimientos programáticos y con quienes (Mockus, Fajardo, Peñalosa y Garzón) Rafael Pardo comparte el hecho de tener una hoja de vida impecable y éxito en su trabajo como funcionario.

Ahora que recuerdo, similar división en las filas de los azules se presentó en 2002 cuando Juan Camilo Restrepo aspiraba a la presidencia por el conservatismo, pero como Álvaro Uribe encabezaba las encuestas, una gran parte de sus congresistas se desplazó a su campaña, abandonando a su candidato, tal y como está sucediendo con Noemí Sanín, a quien a cuentagotas están dejando sola para apoyar a Juan Manuel Santos.

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