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Opinión

  • | 2012/10/05 00:00

    ¿Qué está pasando con Barack Obama?

    El primer debate presidencial mostró que el "yes, we can" del 2008 se ha convertido en un "ojalá podamos" en el 2012.

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Para evaluar el primer debate entre los candidatos para la presidencia estadounidense, Mitt Romney y Barack Obama, que tuvo lugar el 3 de octubre en la Universidad de Denver, hace falta recordar la campaña del 2008 y las pre-elecciones del Partido Republicano de este año.

En el 2008 Barack Obama y Hillary Clinton se enfrentaron en unas pre-elecciones sumamente interesantes y emocionales. Al final, el entonces joven candidato Obama ganó la candidatura demócrata con su capacidad de presentar una visión distinta del futuro de los Estados Unidos, distiguiéndose claramente del establecimiento político de Washington y del sistema George Bush. Durante la campaña electoral contra John McCain, Obama hizo una vuelta por Europa convocando a centenares de miles de personas en Berlín, quienes estaban cansados del unilateralismo internacional de los Estados Unidos y veían en Obama un líder más cooperativo del mundo occidental. Es inolvidable el entusiasmo que despertó entre la generación más joven con su eslogan "Yes, we can" que expresó un nuevo inicio en los niveles nacional e internacional después de dos períodos de George Bush que aislaron a los EEUU mundialmente. Derrotó a John McCain de manera contundente e inició una dominación demócrata que prometió profundos cambios en el sistema social y la política internacional para los siguientes cuatro años.

¡Qué contraste con las pre-elecciones republicanas del año 2012! Un grupo de pre-candidatos muy débiles que no presentaron ninguna visión diferente al resentimiento contra Barack Obama y unas declaraciones pseudo-religiosas, que discriminaron a gran parte de la población, fueron quienes se pelearon la candidatura presidencial. Por fallas de conteo en Utah y la fragmentación de la derecha fue Mitt Romney, empresario billonario, quien se quedó al final con la candidatura, no por sus argumentos contundentes sino porque fue capaz de invertir diez veces más recursos en la campaña que sus rivales Rick Santorum y Newt Gingrich, ambos representantes de la derecha religiosa. Ya como candidato Romney, quien ha estado en campaña permanente en los últimos años, cometió numerosos errores estratégicos. Entre ellos se destacan su comentario que el 47% de los ciudadanos eran dependientes del estado y sus declaraciones ofensivas sobre las preparaciones de los juegos olímpicos en Londres. Por este rendimiento los sondeos lo mostraron con una desventaja significativa en el nivel nacional y los principales estados en batalla, Ohio y Florida.

Por la debilidad del candidato republicano, la fragmentación de este partido y los buenos rendimientos del presidente Obama en discusiones públicas todo parecía servido para que el presidente derrotara a su contrincante Romney en el primer debate presidencial. Ya este análisis y los comentarios que precedieron al debate mostraron que no se consideraba a Obama tan fuerte y convincente sino a Romney como alguien quien no tiene la altura para medirse con Obama.

¡Qué sorpresa el miércoles cuando desde el inicio del debate Romney estuvo a la ofensiva presentando sus conceptos y rechazando los de Obama! A pesar del esfuerzo de Romney por mostrarse como parte del pueblo estadounidense, no dejando pasar ninguna oportunidad para mencionar sus contactos frecuentes con la población, fue la pasividad, el agotamiento y la falta de visión de Obama que más sorprendieron. Vimos a un presidente visiblemente cansado, desconcentrado y enredado en un discurso catedrático lleno de cifras que obviamente no contribuyeron a crear un vínculo con los espectadores que siguieron el debate. Aunque Romney tampoco logró entusiasmar con visiones y optimismo, el presidente Obama no respondió a las expectativas que lo consideraban como el seguro vencedor de este debate. El lenguaje corporal de Obama y su frecuente falta de mirar directamente a Romney fueron señales de una inseguridad no esperada del presidente; analistas de la cadena CNN también lo interpretaron como arrogancia. No es sorprendente entonces que la mayoría contundente del electorado indeciso interpretó una victoria de Romney en este debate.

¿Qué significa esto para la campaña y las elecciones?

Primero, significa que el Partido Republicano, a pesar de su fragmentación interna, logra crear una plataforma electoral basada en su rechazo a Barack Obama. Parece que éste prima sobre las polarizaciones internas. El primer debate va a fortalecer esta plataforma y llenarla con nueva motivación.

Segundo, el debate mostró que el electorado está dividido en diferentes niveles: los temas abordados por Obama sonaron bien en el público femenino, mientras Romney impactó positivamente en el masculino. Las encuestas también muestran que las minorías étnicas apoyan fuertemente a Obama mientras que los blancos se inclinan más a Romney.

Tercero, como en la mayoría de las campañas el tema clave es la economía y el empleo. Como este debate trató estas cuestiones, queda para ver si Obama perdió apoyo en segmentos poblacionales cuyas relaciones laborales son más precarias, entre ellos las minorías.

Cuarto, Romney logró por primera vez en la campaña crear vínculos con el electorado. Contó anécdotas de sus contactos con la gente en la calle e incluso hizo comentarios que se pueden considerar chistosos. Esto solía ser una gran debilidad de Romney comparado con Obama; si esta imagen cambia en las últimas cinco semanas hasta la votación, la dimensión humana podría convertirse en un factor determinante.

Quinto, hay que observar los desarrollos en los estados estratégicamente centrales como Ohio y Florida, donde Obama tiene ventajas bastante amplias según los sondeos. Si Romney logra impulsar una dinámica a su favor, sus capacidades financieras podrían determinar los resultados en estos estados.

Pase lo que pase, esta campaña demuestra que el sistema político de los EEUU no sólo está polarizado entre los partidos sino que padece de una falta de legitimidad que abarca a todas las instituciones del país. Esto afecta el liderazgo y la credibilidad del presidente lo cual refleja una contienda presidencial cuyo resultado parece ser más imprevisible que anticipado.

*Internacionalista de la Universidad de Syracuse (EEUU) y politólogo de la Universidad de Viena (Austria). Está escribiendo su tesis doctoral sobre justicia transicional en Colombia.
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