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Opinión

  • | 2011/03/25 00:00

    ¿Qué molestó al Procurador?

    La discusión se centra, en parte, en la pregunta si se trata de pornografía o no. Si acaso no importa la intención con la que fue hecha la obra.

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La reciente publicación de las fotografías del artista Mauricio Vélez en la revista Soho, ha generado un debate interesante. Los fines de Vélez, al parecer, fueron artísticos y se mueven en esas aguas en las que el arte denuncia problemáticas sociales.

No son desconocidos los numerosos abusos sexuales infantiles perpetrados por parte de representantes de la Iglesia católica, que bajo su sotana esconden sus perversiones. Se aprovechan del reconocimiento y la confianza de un pueblo que los cree libres de pecado, y con mentes retorcidas dañan a niñas y niños.

Mauricio Vélez insiste en señalar esta situación, en hacerla visible por medio de su obra. La revista Soho, élite del espectáculo y la banalidad, decidió publicarlas sin censura. En las fotografías salen expuestos cuerpos de un par de jóvenes menores de edad, que según Vélez, contaban con consentimiento propio y de sus padres. Al lado, aparece un hombre vestido de sacerdote, representando situaciones abusivas.

El Procurador Ordóñez, descontento con Soho desde la publicación de La última cena – aquella controvertida fotografía en la que salía una modelo con el torso desnudo en el lugar de Jesucristo –, no dudó en reaccionar y en pedir que se inicie una investigación a Soho por parte de la Fiscalía.

La discusión se centra, en parte, en la pregunta si se trata de pornografía o no. Si acaso no importa la intención con la que fue hecha la obra. No es una cuestión menor, pues tendrían que pensar en establecer la misma pregunta para los comerciales sobre pañales, pañalitis, papel higiénico, libros de pediatría, y las pinturas renacentistas.

Por otra parte, habrá que preguntarse las verdaderas intenciones de Soho. Su director ha explicado que ellos sólo las reprodujeron, como también las reprodujeron otros medios para ilustrar el debate, entre ellos, el reconocido programa radial Hora20 y un numeroso listado de twiteros que se solidarizaron son Soho, diciendo “Yo también las publiqué, que me investiguen” .

La pornografía infantil es inaceptable y es socialmente rechazada. La reciente publicación de Laura Ardila en El Espectador evidenció las reacciones de repudio que tienen los lectores. Pero, el asunto entre el Procurador y Soho va más allá, porque aunque la revista haya actuado o no en el marco del Código de Infancia y Adolescencia – tema que merece ser analizado con rigor y sin contemplaciones -, se ha expuesto la poca credibilidad que genera el Procurador Ordóñez sobre sus más personales intenciones.

El Procurador es el autor del libro “El libre desarrollo de nuestra animalidad”, en el que deja ver sin titubeos su postura defensora del “orden natural” promulgado por los sectores ultra conservadores de la Iglesia Católica. La gente se pregunta si es del Opus Dei, si es cierto que ha quemado libros, y si es cierto que un cilicio hostiga su pierna limpiándolo de pecado. La gente se pregunta por qué la emprende contra la lucha de las organizaciones de mujeres y los homosexuales. Y la gente se pregunta si lo que más le molestó a Ordoñez fueron los muchachos en cueros o la representación de la santidad en actividades perversas.

Puedo elegir no leer Soho. Pero a Ordóñez me ha tocado padecerlo como un Procurador que en ocasiones, me genera la sensación de que olvida que Colombia es un Estado laico y que él no es la representación de Monseñor Escriva de Balaguer en la tierra.
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