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Opinión

  • | 1999/01/18 00:00

    A QUE NO SE CAE

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ADMITO QUE SONABA TREMENDAmente estrambótico que afirmara hace exactamente seis meses en una portada de SEMANA, cuando apenas comenzaba la pesadilla de Clinton: "Puede que me equivoque, pero tengo la impresión de que el presidente de Estados Unidos se va a caer".
Pues hoy está a punto de caerse. Y por lo tanto suena igualmente estrambótico afirmar todo lo contrario: puede que me equivoque, pero creo que Bill Clinton no se va a caer.
Y de pronto mis lectores pensarán que voy a perder la apuesta cuando los acontecimientos de los próximos días apunten hacia todo lo contrario. Porque lo que sí es casi seguro es que en las cercanías de la Navidad, la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos acusará a Clinton ante el Senado, cuyos miembros no tendrán más remedio que reunirse para entrar a juzgarlo.
Ha habido 13 juicios semejantes en el Congreso de Estados Unidos (uno solo contra un presidente, Andrew Johnson en 1868, absuelto por un voto, y solo siete condenas, todas contra jueces federales). Pero no existe ningún tratado que indique cómo debe ser el procedimiento general de este juicio, y solo 29 reglas, tan anticuadas que fueron escritas para el juicio de Johnson hace 130 años.
De ellas se deduce que el juicio de Clinton será dirigido por el presidente de la Corte Suprema, que los senadores no podrán hablar durante el juicio y que todas sus preguntas a los testigos, quienes serán públicamente interrogados, tendrán que ser canalizadas a través del presidente de la Corte.
Y en estas circunstancias, ¿cómo es que lograría salvarse Clinton?
Aunque parezca increíble por todo lo que ha tenido que soportar, muchas cosas están a favor del presidente estadounidense no necesariamente en el siguiente orden:
* Para condenar a Clinton y removerlo de la presidencia, el Senado de Estado Unidos necesita una muy difícil mayoría de dos terceras partes. Eso significa que se requieren 67 votos en contra, de los cuales hay 53 casi fijos, que son los de los senadores republicanos.
* Para alcanzar los 67 votos se necesitaría que se rompiera la solidaridad demócrata. Pero claramente hasta hoy el debate continúa siendo bipartidista. Casi todos los republicanos están en contra de Clinton y casi todos los demócratas a favor. Mientras la oposición al presidente en el Congreso no se vuelva bipartidista, como sucedió en el caso Watergate contra Nixon, las posibilidades de condenar a Clinton carecen de credibilidad.
* Tanto el presidente de la Comisión Judicial que recomendó a la Cámara acusar a Clinton ante el Senado, como el líder republicano en el Congreso, han tenido que confesar en los últimos días que mantuvieron sus respectivos affairs extramatrimoniales.
* Hay incluso senadores demócratas que creen que a un presidente en Estados Unidos no se le puede acusar ante el Congreso sino por crímenes contra el Estado, como traición soborno, cohecho y demás delitos mayores. Y como dice el comentarista Jonathan Alter en el más reciente número de Newsweek, "ni mentir acerca de haber tocado los senos de la Lewinskyes comparable a una traición, ni sostenerla teoría de que el sexo oral no es verdadero sexo es comparable al soborno".
* La conclusión de muchos congresistas es que la condena al presidente por un tema personal va en contra de la Constitución, de la democracia y del futuro del país.
* Y a lo anterior se suma el dictamen de la opinión pública norteamericana: solo el 17 por ciento cree que el juicio ante el Senado es necesario para establecer la verdad, mientras el 76 por ciento está convencida de que ya sabe suficiente, si no demasiado, y que nada de eso justifica arriesgar la situación económica del país.
Lo más probable, entonces, es que la Cámara acuse a Clinton ante el Senado, y que el Senado, en algún punto del proceso, acepte cambiarle la condena al presidente de Estados Unidos por una moción de censura.
Ella incluirá una fuerte amonestación por mala conducta, y muy posiblemente la orden de pagar una indemnización, que la Casa Blanca ya fija en los alrededores de los 300.000 dólares, pero que los republicanos querrían elevar hasta cerca de cinco millones de dólares
Según los analistas, Clinton pagará lo que toque pagar, pero jamás llegará a aceptar que mintió, porque podría complicarlo un juicio por perjurio.
A todo ello, continúa siendo un enigma la conducta de Hillary Clinton. Aunque privadamente ha dicho que se opone a la posibilidad de una indemnización monetaria proveniente del patrimonio familiar porque ella "no tiene porqué pagar por la mala conducta de su marido", también es bastante claro que haría cualquier cosa para protegerlo contra una eventual condena del Senado.
Por todas las razones anteriores, y aunque sé que puedo equivocarme, me la juego. Bill Clinton no se cae.
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