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Opinión

  • | 2012/09/13 00:00

    Que paguen los 'ricos'

    François Hollande, el nuevo presidente de Francia se posesionó hace cuatro meses. Su principal promesa de campaña fue poner un impuesto marginal de 75% a aquellos que ganen mas de 1.300 millones de dólares al año, o sea un impuesto a los "ricos".

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Hollande, el primer presidente socialista en 17 años, dijo que no habrá excepciones a este impuesto, que junto con la promesa de disminuir del desempleo que llega a 10 por ciento, le dieron la victoria.

Como consecuencia de este anuncio, Bernard Arnault, el hombre mas rico de Francia y el cuarto a nivel mundial, declaró que está buscando ciudadanía belga. Arnault es la cabeza del grupo LVMH que es el primero a nivel mundial en ventas de artículos de lujo, cuyas marcas incluyen la champaña Moët et Chandon y Louis Vuitton.

La solicitud de Arnault desató un agitado debate sobre la eficacia de impuestos altos para los "ricos", la cual se considera simplemente simbólica, incluso por el mismo gobierno. Mientras que los copartidarios socialistas de Hollande han criticado la decisión de Arnault por ser "antipatriótica", otros dicen que Hollande está pagando el precio de haber propuesto "soluciones demagógicas" que suenan bien a los oídos de los electores, pero que a la hora de la verdad no significa que la situación fiscal vaya a mejorar.

Sin embargo, la amenaza de un éxodo masivo de millonarios jugadores de futbol, cantantes y capitanes de la industria ha conducido a que Hollande suavice la medida. Esta aplicaría solamente a los ingresos salariales y sería temporal, por sólo dos años. Por su parte, David Cameron -el primer ministro de Inglaterra- ha dicho que le tenderá una "alfombra roja" a los millonarios que se quieran ir de Francia.

Hollande ha declarado que el alza en impuestos personales contribuiría a cubrir un tercio de las necesidades de mayores ingresos -o menor gasto- por 42.400 millones de dólares, que la Unión Europea le exige a Francia para disminuir el déficit fiscal. Otro tercio sería cubierto por mayores impuestos corporativos, mientas que el resto sería resultado de congelar el gasto.

La medida sobre el gasto no es realistas. Hollande había declarado que el ajuste se distribuiría por mitades entre mayores impuestos y menor gasto. Ahora este último será responsable por solo un tercio del ajuste. Pero en realidad no habrá recorte. Lo que Hollande ha dicho es que en 2013 se va a gastar lo mismo que en 2012 en términos nominales.

Estas proyecciones no se compadecen con la actual situación de Francia. El estimativo de crecimiento de la economía francesa para 2013 ha disminuído de 1,2 por ciento que se había calculado inicialmente a 0,8%, lo que significa que el recaudo de impuestos será menor a lo esperado. De hecho la economía francesa se está encogiendo. El Banco de Francia acaba de anunciar que para el tercer trimestre la economía se reducirá un 0,1 por ciento.

La otra propuesta de campaña es disminuir el desempleo. Para ello Hollande ha prometido un complicado sistema: el plan es crear 150.000 empleos para los jóvenes, lo que va a costar 2.900 millones de dólares. La idea es crear 100.000 "contratos para el futuro" en 2013 y 50.000 en 2014 para jóvenes entre 16 y 25 años. El 75% de los salarios brutos sería pagado por el Estado, durante tres años, lo que significa mayor gasto público. Se requerirá entonces un esfuerzo adicional porque la brecha será superior a la estimada inicialmente.

Por otro lado, los objetivos económicos son contradictorios. Para disminuir el desempleo se requiere una política económica expansiva, donde aumente el gasto. François Hollande espera que con estas heterodoxa medidas disminuya el desempleo, que hoy está en 10 por ciento y tiende a aumentar. Pero para bajar el déficit fiscal de 4,5 por ciento a 3 por ciento, tal como lo exige la Unión Europea, se requiere que el gasto disminuya.

Otro anuncio que ha despertado críticas es una reforma al mercado de trabajo que, de acuerdo con sus declaraciones, busca que "los asalariados estén protegidos con anterioridad, pero que las empresas se puedan adaptar". Nuevamente los objetivos son contradictorios porque las medidas que protegen a los asalariados van en contra de la generación de nuevos empleos y de mayor flexibilidad para las empresas, lo que fue otra de sus promesas de campaña.

Una propuesta negociación entre empresarios y sindicatos para aumentar la flexibilidad laboral no se ha llevado a cabo, y apenas ahora el presidente está presionando para que se realice. Si no hay acuerdo, el gobierno intervendría, pero nuevamente no es clara la manera de como se compaginaría una mayor protección laboral con el objetivo de generar mayores empleos.

El presidente ha sido acusado por los medios de ser indeciso y su antecesor, el centro-derechista Nicolas Sarkozy, dice que es un "inútil" y que le falta experiencia. El 60% de los franceses está "relativamente descontento" con su desempeño, cuando en mayo la cifra era de 34 por ciento. Ya Gordon Brown, el exprimer ministro británico, había especulado que la próxima economía que iba a necesitar un paquete de ayuda por parte de la Unión Europea sería Francia.

Dado que la tasa impositiva en Francia es la mas alta del mundo desarrollados, 50 por ciento, hay poco margen para aumentar el recaudo. Al mismo tiempo, el peso del sector público dentro de la economía es de 56 por ciento, uno de los mas altos de la Unión Europea, lo que llevaría a pensar que se requiere un esfuerzo adicional para disminuir su tamaño, lo cual no se esta haciendo.

Hollande ha evitado los verdadero desafíos, optando por una medida populista como lo es el impuesto a los "ricos", mientras que no hace un esfuerzo por disminuir el tamaño del Estado, que es el verdadero problema. Cambiar esta dinámica requiere una verdadera voluntad política que el nuevo presidente no tiene.
 
Las medidas que tendrá que tomar mas adelante, dado que claramente lo que se ha anunciado es insuficiente, serán muy dolorosas para un país acostumbrado a un estado generoso y omnipresente. Lo que ha pasado hasta ahora en Grecia y España es solo un tímido reflejo de las protestas populares que se presentarán en Francia cuando haya que hacer el verdadero ajuste.
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