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Opinión

  • | 2004/06/06 00:00

    ¿Qué pasó con Peñalosa?

    Mientras tanto el alcalde Garzón ha acuñado frases efectistas como "Bogotá sin indiferencia" o "el día sin hambre"

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Hasta las elecciones de Garzón, Enrique Peñalosa no sólo se proyectaba como el dueño del nuevo alcalde de Bogotá, su pupilo Juan Lozano, y por consiguiente el director técnico de cuatro años más de peñalosismo, sino que además se le consideraba el más seguro candidato presidencial con amplias posibilidades de ser Presidente.

Las cosas comenzaron a ir mal cuando Peñalosa se decidió a hacer viajes esporádicos a Bogotá para apoyar a su sucesor, con un sentido de pertenencia sobre él y su equipo y un tonito de arrogancia que contagia al que siente tener la victoria en la mano: en algunos sectores de opinión comenzó a molestar su "sobradez".

Tan sobrado se sentiría, que además de Juan, comenzó a avalar candidatos a alcalde en otros patios del país donde no era tan seguro que su influencia fuera tan marcada como la de Bogotá. El único que le resultó fue el de Medellín, Sergio Fajardo. Pero su peor equivocación fue en Bogotá, donde se negó a organizar un gran movimiento peñalosista en el Concejo alrededor de Juan Lozano, y terminó avalando una listica que no logró levantar más de 70.000 votos. ¡Imagínense! ¡Peñalosa quedó reducido a 70.000 votos en Bogotá!

Pierde las elecciones y hace maletas hacia Nueva York, y sólo reaparece meses después a hacer una defensa técnica cuando explota el escándalo del TransMilenio. Las versiones más benignas lo acusan de haber hecho las cosas de afán. Las versiones más infames, de haber "robado". Nadie sabe qué, pero la ignorancia de la gente es primaria. Deja las cosas así, vuelve a armar maletas, y ahora anuncia su regreso a mediados del año, para hacer campaña presidencial.

Mientras tanto Garzón ha acuñado unas frases efectistas como "Bogotá sin indiferencia", "el día sin hambre", "más vale un ciclista que una bicicleta", y con ellas ha sintonizado el cambio de mentalidad de una Bogotá cuya ciudadanía gradualmente ha replanteado el modelo de ciudad que quiere ahora.

Los bogotanos ya no quieren más París sino quieren pasar a otras prioridades en las que Garzón los sintoniza mejor, como el empleo y la seguridad para sobrevivir.

El modelo de ciudad es dinámico. El reto de Peñalosa será el de regresar a hablarle a Bogotá de lo que Bogotá quiere oír hablar en su nueva pirámide de necesidades, muy lejos de las de Central Park.

En pocas palabras, su modelo dejó satisfecha a la ciudadanía. Pero ahora Peñalosa tendrá que reinventarse para resucitar.



ENTRETANTO.¿Será que el primer ganador del proceso con las autodefensas será el ELN? Galán tiene la palabra.
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