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Opinión

  • | 2011/09/15 00:00

    ¿Qué quiero ser cuando sea grande? -Un Lula de hombre

    Al señalar Santos: quiero ser como Lula, supusimos que se implementarían políticas públicas para la reducción de la pobreza.

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Durante uno de los eventos en la visita del ex mandatario brasileño, al que acudió el presidente Santos, el garoto habló de su experiencia gubernamental y de las relaciones con el poco “confiable ex”. Juan Manuel Santos, intuyendo la infante estatura de los presidenticos colombianos y de nuestra minoría de edad, exclamó: “Cuando me preguntan, ¿qué quiero ser cuando sea grande?, respondo: Cuando sea grande quiero ser como Lula”. Carcajadas, ¡qué buena chanza!, que titino.

Qué estaba pensando el mandatario al expresar el jocoso apunte.

Hagamos memoria: A principios del año, durante la discusión del Plan Nacional de Desarrollo el presidente insistió en su obsesión: reducir desigualdad y pobreza. El diagnóstico de semejantes siameses: “en 2009 el porcentaje de población pobre por carencia de ingresos fue del 45,5% y el de pobreza extrema de 16,4%”.

Esa es la cifra con la cual se discutió el Plan. Por eso, al señalar Santos: quiero ser como Lula, supusimos que se implementarían políticas públicas para la reducción de la pobreza. De esa forma se emularía al pequeño gigante. Ahora sí prendieron las locomotoras. Vea el humito, alcanzamos a decir.

Pero algo sospechoso comenzó a pasar en agosto. La sospecha: ¿Un político cumpliendo? No joda, en costeño. Avemaría pues, en paisa. Pues sí, apareció sospechosamente el primer anuncio del milagro estadístico: Estábamos midiendo mal, dijo DNP, ¡pero espere corregimos!

Ta, ta, ta, tán… el conejo salió del sombrero -o nos hicieron conejo-. Todo el escenario montado: evento internacional, académicos, presentaciones en PowerPoint, cifras escritas en % o expresadas en por ciento. Del 45,5% de pobres en el 2009 se pasó al 40,2% en 2010 y al 37.2% en el 2011. Con la corrección metodológica, como se lee en La República, el número de pobres se redujo en 3,5 millones -de 20,4 a 16,9 millones, un 17%. Y, el de pobres pobres, de 7,3 millones a 5,6 millones. ¡Y no nos habíamos dado cuenta de semejante noticia! Del mundo estadístico salieron disparados más de cuatro millones de colombianos pobres (Igual que como los ricos de más de 4.000.000 mensuales de salario, según la DIAN).

Qué país es este, con razón lo preguntó Garzon -el nuevo apátrida, según la U-.

No se puede crecer con “trampitas estadísticas”, deberíamos decir. Así cualquiera sale de pobre y se hace rico. No soy economista -como se nota- pero me llama la atención la banalización y politización de un problema grave.

Primero, porque no solo hay que hablar estadísticamente de la pobreza, hay que verla -y no solo en el campo, como se señala. El centro de las ciudades, los miles de indigentes, los miles de vendedores, los millones de negocios en barrios. Una economía engordada a punto de créditos bancarios, infladita con la riqueza energética y minera y una realidad irreal para olvidar el guayabo y la Niña: en almacenes de cadena ya hay disfraces y, dentro de un mes, comienza navidad (no novena sino cuarentena). Segundo, porque el reinado del %, necesario para entender fenómenos sociales, se tornó en la medida de todas las cosas (sobre todo en boca uribista). Recuerdo una columna de Ospina en la cual señalaba que, con cifras y diagramas fluctuantes o contradictorios, se creía entender la realidad.

Lo que podríamos tener en cuenta es que las cifras, en manos de los políticos colombianos, buscan crear la realidad, moldearla, disfrazarla con trucos de mago. Si vamos a crecer presidencial y nacionalmente que sea seriamente, sin madurarnos biches, sin demagogia de izquierda o derecha, con seriedad gubernamental porque la gente no merca ni come estadísticas.

* Profesor del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Javeriana.
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