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Opinión

  • | 2009/10/17 00:00

    ¡Que renuncie Arias!

    De entrada se me ocurre invertir en la frontera en lo social. Por ejemplo: instalar en Cúcuta unas escaleras eléctricas

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Como algunas personas lo saben, me metí en el negocio de volverme candidato conservador con la idea final de apoyar al presidente Uribe y recibir a cambio alguna dádiva uribista: una dádiva cualquiera, desde una notaría hasta una vicky dádiva.

No es fácil ser conservador. Uno debe aprender a ser clasista, a tener doble moral, a hablar de pendejadas y a fijarse en la ropa.

Todavía recuerdo lo mal que me sentí en la primera reunión, que fue en la sede campestre. Todos estaban vestidos con camisetas de marca, de esas que tienen un lagarto en el pecho. Y yo no seré muy refinado, pero soy recursivo y nunca me he dejado de nadie, de modo que tomé una vieja camiseta, le cosí en el pecho una foto de Roy Barreras y me convertí en uno de ellos.

Desde entonces aprendí a hablarles de tú a tú, incluso en asuntos que poco me importan y que a ellos los desvelan.

— ¿Y cómo es el escudo de tu familia? -me preguntó alguna vez, con desdén, Enrique Gómez.

— Rojo y blanco -le respondí con honor-: es el del glorioso y siempre altivo independiente Santa Fe.

Con el tiempo aprendí a disfrutar de esas reuniones, aunque a veces -sobre todo cuando llegaban con guayabo moral- rezaban mucho y pontificaban sobre lo dañino que es tener sexo. Nunca dije nada, pero a mí, en cambio, el sexo me parece sano. Aun entre gente casada. Y aun entre gente casada entre sí.

El hecho es que esta semana convoqué una junta con algunos líderes conservadores para hablar sobre el escándalo de A.I.S.

Dueños únicos de la moral, como nos autoproclamamos desde hace años, les dije que para dar ejemplo debíamos pedirle al 'Pincher' Arias que se retirara.

No es nada personal. Yo lo aprecio de verdad. Pero después del escándalo es mejor que regrese a los proyectos personales que abandonó, y que termine de una vez el preescolar. Ahora mismo sólo reconoce algunas vocales. La U, sobre todo. Pero cuando lee un texto es desesperante. Se salta las consonantes. Es como oír a Navarro Wolf.

— No podemos permitir que el 'Pincher' siga como candidato- les reclamé de frente a los líderes-. No tiene presentación.

—¡Cómo! -saltó el doctor Cepeda- ¡Si es el único que le da la talla al Presidente!

Es verdad: los dos son small. Les queda el mismo poncho.

Comenzamos a discutir en una espiral de decibeles tan ascendente, que incluso el doctor Galat alcanzó a oírnos.

— No peleen -imploró-: el próximo año es el bicentenario, y debemos llegar unidos a tan magna fecha.

— No sabía que fueras a cumplir 200 años -le respondí conmovido-: pareces apenas de 120.

— No es el bicentenario de Galat; es el de la patria -me corrigió el doctor Telésforo, a quien callé de inmediato: mientras no se cambie de nombre, no permitiré que me hable.

Propuse que me proclamaran candidato único de una vez. Todos sabemos que los demás no tienen posibilidad alguna de ganar. El único apoyo político que ha conseguido la doctora Marta Lucía es el dummy de Íngrid, ante los celos de Noemí, que todavía no se ha dado cuenta de que se trata de un dummy. Pobre.

El doctor Gerlein, a quien el cinturón del pantalón le rozaba peligrosamente las tetillas, se dejaba escurrir en su sillón mientras inspeccionaba esa posibilidad:

—¿Y cuál sería el cuadro de tu campaña? -indagó.

— Pues Efraín Cepeda -dije-: él es costeño y siempre me dice "mi cuadro".

— ¿Y ya sabes cuál es tu programa de gobierno? -me preguntó.

No lo he pensado, la verdad. Así, de entrada, se me ocurre invertir en la frontera no sólo militarmente, sino también en lo social, en lo tecnológico. Por ejemplo: instalar en Cúcuta unas escaleras eléctricas. Eso los descrestaría.

—¿Y qué hacemos si Andrés Felipe quiere seguir aspirando? -tanteó el doctor Cepeda.

— Pues que fume -dije-. Que fume aunque se quede enano.

— ¿No dejarías que al menos fuera tu vicepresidente?

Me negué. Prefiero una fórmula refrescante. Álvaro Leyva, por ejemplo. Diría que José Galat, pero él será mi director de juventudes. El de su campaña es Arturo Abella, que lamentablemente murió hace tres años; se lo hemos advertido con insistencia, pero a él no le parece un detalle relevante.

— ¿Y si al presidente Uribe no le gusta la idea? -indagó Gerlein.

— Pues de malas: partimos cobijas -respondí con dignidad.

Hasta ahí llegó la reunión. Se pusieron histéricos.

—¿Y qué? ¿Que nos dejen sin cuotas? -gritaba descompuesto el doctor Andrade.

— ¿Y la moral? -peleaba yo-: ¿dónde dejamos la moral?

— ¿Y los ministerios, y los puestos? -imprecaba, histérico, el doctor Gerlein con las tetillas ya en carne viva- ¡Cómo se te ocurre, mijo!

Todos reaccionaron en mi contra. En especial el doctor Gómez Hurtado. Él siempre reacciona. Es bastante reaccionario.

Me derrotaron. Sigan, pues, apoyando al 'Pincher', que yo pienso insistir en su retiro. Y para que no digan que esta columna está sesgada, pues que renuncie también Juan Manuel Santos.
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