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Opinión

  • | 2012/01/05 00:00

    ¿Qué será lo que quiere el Petro?

    Gustavo Petro asume la alcaldía de Bogotá con la responsabilidad de promover un modelo de ciudad más integrado en lo social, donde la ciudadanía viva sus derechos y las oportunidades sean para todas y todos, y se atienda con prioridad a la infancia y a los jóvenes.

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Gustavo Petro tiene la pasión por el cambio. Toda su vida ha estado marcada por este propósito: transformar a Colombia, participar de la acción política colectiva desde la convicción de que la nuestra es una sociedad inequitativa, antidemocrática, injusta. Y lleva 37 de sus 51 años buscando transformar ese estado de cosas.

Sus primeros pinos fueron en la acción estudiantil, como Personero y Concejal de su pueblo adoptivo, Zipaquirá. Luego se vinculó desde la clandestinidad al M-19, donde alcanzó responsabilidades importantes y respeto de los mayores, entre ellos de su coequipero de muchas iniciativas, Antonio Navarro Wolff.

Hizo un primer intento de llegar a la Alcaldía de Bogotá en 1997, cuando triunfó Enrique Peñalosa, y no obtuvo ni el 5 por ciento del apoyo ciudadano. En la acción parlamentaria se destacó por su valor y claridad al denunciar las mafias en la política, por la ardentía para disputarle una campaña presidencial a la izquierda tradicional (en la que salió airoso), y por ganarle también la consulta ciudadana a Carlos Gaviria en2010, algo que dejó a más de un escéptico con la boca cerrada.

Tampoco se puede olvidar que desarrolló una campaña presidencial de lujo, cuando dijo las afirmaciones más duras del discurso de izquierdas y como dice mi amigo León Valencia, “le sonaban bonito”.

En el discurso de posesión, Gustavo Petro emitió claras señales de lo que son sus propósitos de gobierno: un interés marcado por el medio ambiente, por la infancia, por los jóvenes, por las mujeres que deben llevar la responsabilidad del hogar, por hacer de la bogotana una sociedad de oportunidades, de vida digna, de acción de gobierno eficaz y transparente.

Petro ha estado siempre en la orilla del cambio, cree más en las rupturas que en los cambios graduales, se le ve más interesado en plantear rupturas profundas, por el lado de orientar los enormes recursos financieros que aportan los procesos económicos de la ciudad hacia la atención prioritaria de una agenda de derechos. Bien sea por la vía de impuestos o de reestructurar la prestación de los servicios públicos, como estuvo más que anunciado, con su ya conocida propuesta de integrar las empresas de servicios públicos.

Está además su intervención al sistema Transmilenio, donde falta ver si en los próximos doce meses podrá redefinirle una tarifa más baja a ese gran negocio, duramente criticado por él y su equipo desde hace años en los debates parlamentarios. Ahí está entonces pintado de cuerpo entero el que podríamos definir como un Petro con ansias de transformaciones profundas.

Este es el tercer gobierno consecutivo de una izquierda democrática que sigue contando con la acogida y el favor de una sociedad bogotana a la que le gusta el cambio, donde hay voto libre, en un experimento continuado que pretende a mediano plazo incidir en lo nacional, y tiene como referente la elección presidencial del 2018, donde Petro muy seguramente disputara unas primarias con Sergio Fajardo, si se da una convergencia entre Progresistas y Verdes.

Lucho Garzón inició una acción de gobierno que le dio preponderancia a los temas sociales, los cuales siempre han estado en el corazón de la izquierda: dio impulso a la educación pública y a modelos de salud, procuró combatir la indiferencia, la pobreza y el hambre de medio millón de personas que la sufrían. En síntesis, demostró que la izquierda podía gobernar bien, mediante un gobierno tranquilo donde primó las continuidad y fueron claros sus énfasis sociales.

Luego vino el segundo gobierno del Polo Democrático, en cabeza y responsabilidad de Samuel Moreno, donde a los temas iniciados por Lucho Garzón se les dio continuidad, situando el centro de la acción en la movilidad y dejando sentada la decisión de construir el Metro. De hecho, un balance de su gestión (rematada de manera elogiosa por Clara López) arroja un panorama positivo de conjunto, aunque las cifras para el análisis y el debate público muestran una acción de gobierno opacada por la corrupción, auspiciada desde la persona del alcalde y en complicidad con sus más cercanos familiares. Algo lamentable, que ya ha merecido la sanción ciudadana y está en proceso de recibir la consabida acción penal.

Gustavo Petro asume la alcaldía de Bogotá con la responsabilidad de promover un modelo de ciudad más integrado en lo social, donde la ciudadanía viva sus derechos y las oportunidades sean para todas y todos, y se atienda con prioridad a la infancia y a los jóvenes. El lema de Bogotá Humana Ya resume estos propósitos, que se enuncian como el derecho a vivir la ciudad. Hoy una realidad de exclusiones de distinta índole hace que la ciudad y sus formas de ordenamiento generen exclusiones intolerables, desde los miles de jóvenes que no pueden acceder a una educación de calidad, hasta quienes físicamente no cuentan con los $1.750para ingresar al Transmilenio. La lista es larga, y es contra estas exclusiones que Petro quiere actuar, y tiene un mandato para ello.

En su discurso de posesión el nuevo burgomaestre capitalino ratificó su compromiso de construirlos tres principales instrumentos de la gestión pública, de manera inmediata con un decidido protagonismo ciudadano: el plan distrital de desarrollo, el presupuesto y las reformulaciones al Plan de Ordenamiento Territorial. Es más, planteó la meta de un millón de personas involucradas en estos ejercicios, lo cual es un gran desafío, cuya concreción está por verse.

Lo cierto es que los procedimientos para lograr una participación de calidad y en interacción en medio de tantos actores e instituciones, donde sea posible desarrollar diálogos argumentados, llegar a conclusiones y tomar decisiones que consulten la multiplicidad de aspiraciones que se quieren volver políticas públicas con fuerza ciudadana, es un reto de gran calado. Habrá que ver cómo será su implementación, pero no hay duda en que hay un alcalde interesado en ello.

Ya definido el equipo de gobierno, hay una combinación de gente con amplia experiencia como Antonio Navarro Wolff, con gente joven con trayectoria y sobre todo probada honestidad, sentido de servicio y compromiso con hacer realidad la Constitución del 91, que es la que en últimas define el derrotero para la construcción de un Estado social y de derecho, propósito que se viene afianzando en Bogotá.

Las palabras finales del discurso de posesión de Petro fueron para sus raíces, para su trayectoria de vida: recordó a los ausentes, a los que quedaron en el camino pero siguen en la memoria, en esta dura brega por ampliar la democracia y hacer realidad sus sueños de juventud. Es emocionante ver una vida individual entrecruzada con tantas búsquedas colectivas. Gustavo Petro es un hombre que expresa en su persona y en su trayectoria la continuidad de una larga gesta de acción por los cambios y las transformaciones, y ahora tiene sobre sus hombros –como bien lo dijo Clara López- los anhelos de cambio de millones de bogotanas y bogotanos.

La respuesta a la pregunta que encabeza esta columna está de algún modo resuelta, porque si algo se sabe, es qué será lo que quiere el Petro. Ahora, sólo resta esperar que lo logre.

*Coordinador de Incidencia Política de la Corporación Nuevo Arco Iris.
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