Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/04/14 00:00

QUE VERGUENZA

QUE VERGUENZA

Pocas veces en Colombia se había visto tanta dificultad para reformar un gabinete ministerial como la que ha tenido este gobierno para modificar el actual. Excepción hecha del de Justicia, para mí claramente el ministro estrella del régimen por su independencia y rectitud; del de Gobierno, que lleva sobre los hombros el peso de su ídem; de la Canciller, de cuyos resultados diplomáticos discrepo pero que indudablemente le presta un gran servicio al Presidente cruzando las piernas por el mundo entero; y del de Hacienda, que a pesar de la catástrofe de la emergencia económica conserva un alto grado de credibilidad como administrador de la economía, todos los demás ministros de este gobierno son prescindibles, con mayor o menor grado de urgencia. El caso más urgente es el de Saulo Arboleda, quien irónicamente va a terminar confirmado en su cargo porque no fue posible encontrarle reemplazo. Me dicen mis fuentes que el propio gobierno es consciente de las dificultades que le ha traído a Samper la presencia de Saulo en el gabinete, por los hechos que ya se conocen, y por otros que no. Por segunda vez consecutiva escondió un concepto del Consejo de Estado que iba en contravía de sus planes clientelistas en Señal Colombia, donde con el mayor descaro le adjudicó a su padrino político, Júnior Turbay, un programa en el que a nombre de algo lagartísimo que se llama el Parlamento Andino, el hijo del ex presidente Turbay aparece de periodista rodeado de tres damas generosas de pechos interrogando a personajes como el ministro Morris Harf. Esa es una muestra de lo que don Saulo entiende por programación cultural.Pero hay algo más grave. Se ha echado encima a la mitad del sector de las comunicaciones. Unos porque no le perdonan la traición de haber salido de Asomedios al Ministerio. Otros porque creen en el contenido del famoso casete que revelaba arreglos del Ministro con el Consejo de Estado para tumbar la licitación de radio. Y los demás, porque el Ministro de Comunicaciones no se comunica con ellos: a varios periodistas les ha quitado el saludo, y a otros les escupe cuando le hacen una pregunta incómoda. El resultado es que en las asambleas del sector de las comunicaciones y de la publicidad ya lo piensan dos veces antes de invitarlo. Qué ironía. La única candidata que había para el cargo, Mónica de Greiff, no quiso quedarse con ese chicharrón. Encontrar un reemplazo que aprobara el turbayismo como cuota y el Grupo Santo Domingo como... también como cuota, era muy difícil. A no ser que suceda un milagro, Saulo se queda, a pesar de los deseos del propio gobierno.El que sí se va, pero a viajar por el mundo, es el ministro de Comercio Exterior, Morris Harf. A ese sí le encontraron reemplazo, y uno excelente, en cabeza del economista Carlos Ronderos, que no aceptó el cargo propiamente por su admiración a Samper (de quien irónicamente se distanció por considerar que andaba en muy malas compañías), sino por el vicepresidente Lemos, su actual jefe político. Lo increíble del caso es que Samper, consciente de que un hombre que le debe 25.000 millones al sistema financiero -incluyendo al propio Estado- no puede ser ministro de Comercio Exterior, resuelva cambiar a Harf, pero no desvincularlo del todo del Ministerio. Para tal efecto le inventa un cargo, el de embajador económico volante, que es exactamente lo que hace el Ministro de Comercio Exterior. Como quien dice, va a haber dos ministros de Comercio Exterior. Pero Carlos Ronderos es un hombre demasiado serio, inteligente y preparado para aguantarse esta situación. Amanecerá y veremos. O mejor dicho, amanecerá, y a lo mejor no veremos. Nuevo ministro, digo.Otra que se va, pero que no se debería ir precisamente por las razones por las que se va, es la ministra de Agricultura, Cecilia López. Yo no soy especial admiradora de su extrovertida manera de ser, pero la reconozco como una mujer decidida y definitivamente honesta. Cuando escuché a los senadores costeños Guerra y Acosta exigirle al Presidente la salida de la Ministra me produjo indignación. Indignación de que el Presidente de la República se deje chantajear así por parlamentarios de su propio partido, que seguramente le estaban cobrando su absolución. Samper tenía la obligación de sostener a la Ministra, para hacerse respetar a sí mismo. Pero la soltó. A muy mala hora.Finalmente, que cambien, como se dice que sucederá, al Ministro del Medio Ambiente por el costeño Eduardo Verano no tiene ninguna importancia. Verano es un hombre correcto y queridísimo, asignado a un ministerio que a nadie le importa mucho, en un país en el que ese ministerio tampoco puede hacer mucho, porque el principal problema ecológico lo están produciendo los narcotraficantes que han talado una impresionante zona del país para sus siembras. Ellos son los verdaderos ministros del Medio Ambiente.Si a esto se reduce el tan cantado reajuste ministerial, me parece un chiste. Un ministro que debía salir, pero que no sale porque no le consiguieron reemplazo. Un ministro que sí sale, pero a un nuevo cargo que es casi idéntico al que tenía antes, y que ahora reñirá en él con su sucesor. Una ministra sacada a empellones por un bloque de parlamentarios costeños. Y un ministro nuevo en un ministerio insignificante es el resumen de los cambios ministeriales del gobierno samperista.
Qué vergüenza.

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