Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2005/03/20 00:00

¡Que viva el 'Transmilleno'!

Juan Fernando Jaramillo, investigador de DJS, hace una defensa acérrima de TransMilenio, a pesar de todos sus problemas.

¡Que viva el 'Transmilleno'!

El TransMilenio es una de las mejores cosas que nos ha pasado a los que vivimos en Bogotá, y ha contribuido enormemente a la humanización de la ciudad.

He andado mucho en bus. Lo he hecho por razones que han ido desde la ecología hasta la economía, pasando por el estrés y el aborrecimiento al trancón y a ese Mr. Hyde que se me despierta en las avenidas. Por eso sé lo que es viajar de bandera -ir colgado de la puerta de adelante, una brutalidad que espero que mis hijos nunca cometan-; he oído el cuentico aquel de "córranse para atrás que allá hay mucho espacio"; me he subido y lanzado de los vehículos en movimiento y en cualquier lugar; conozco lo que significa tener el corazón en un puño por cuenta de la infame guerra del centavo; he peleado por las vueltas; he soportado el hacinamiento, los trancones interminables y los abusos de los conductores, etc.

Precisamente por toda esa experiencia acumulada puedo asegurar con toda tranquilidad que el TransMilenio ha representado un inmenso avance para la ciudad en materia de humanización y dignificación de la vida de los habitantes de Bogotá.

Lo anterior no significa que TransMilenio no esté lleno de problemas. Por ejemplo, es absolutamente cierto que los buses casi siempre están atestados de pasajeros. Frecuentemente es físicamente imposible entrar a ellos. Eso genera incomodidades para todos, y mucho más para los niños que no son de brazos y para las mujeres, que pueden ser objeto de abusos. También hay portales y estaciones que viven a reventar, de tal forma que me asombro de que no haya habido todavía accidentes de gravedad.

Tampoco se puede negar que causa extrañeza -y furia- que una obra recién construida ya esté exigiendo la costosísima reposición de numerosas losas y que en un negocio que parece ser tan bueno el único que no gane sea el Distrito, a pesar de la inmensa inversión que ha hecho.

Por otra parte, no hay duda de que el Metro de Medellín es más rápido que el TransMilenio y de que sus estaciones son palacios al lado de las de Bogotá. Además, es claro que la llegada del TransMilenio ha supuesto una mayor concentración de la propiedad en la industria del transporte de pasajeros y que muchas personas tendrán que cambiar de ocupación; sé igualmente que gran parte de los buses tradicionales que fueron retirados de las vías del TransMilenio fueron enviados a otras calles, en vez de ser chatarrizados, con lo cual la movilización por esas rutas se convirtió en un verdadero calvario; también conozco que el servicio actual de TransMilenio todavía es muy reducido en relación con las necesidades de la ciudad -y con los planes de expansión del sistema-. De la misma manera estoy al tanto de que se han hecho denuncias acerca de las condiciones laborales de los conductores de TransMilenio y he oído que hay lugares que han quedado sin servicio de transporte a raíz de los cambios introducidos para implementar el sistema del TransMilenio, etc.**

Pero, a pesar de todo, es claro que TransMilenio constituye el camino hacia la solución de los problemas del transporte para una ciudad con las condiciones como la que tenemos ahora. Es decir, es evidente que el sistema necesita muchas mejoras y correctivos, pero todos ellos deben hacerse desde la perspectiva de mejorarlo y no de desmontarlo.

Por eso tenemos que reconocerle al alcalde Garzón el manejo que le ha dado al tema del TransMilenio. Pese a todo -las denuncias formuladas, muchas de ellas muy serias; las presiones recibidas, la necesidad política de mostrar distancia para con los gobiernos anteriores y de ser original en sus obras, las propuestas de nuevos sistemas de transporte, probablemente muy interesantes pero que significaban desalentar la idea del TransMilenio-, él decidió darle continuidad al sistema y expandirlo. Con ello ha permitido que un programa tan importante para la ciudad se afiance, independientemente de la orientación política de la administración local.

Hace unos días llegó a mis manos un volante impreso por vecinos de la carrera décima, donde llamaban a oponerse a la construcción del TransMilenio por esa avenida. Pues bien, precisamente la situación del transporte por la carrera décima es el mejor ejemplo de lo que tenemos que terminar de una vez por todas y el argumento más persuasivo acerca de las bondades del TransMilenio.

Vale la pena darse un paseo por ahí para rememorar aquel pasado que esperamos poder dejar atrás: los buses que paran en triple fila en la mitad de la avenida para dejar y recoger pasajeros, a pesar de todos los peligros que ello genera; los riesgos que afrontan los que se deciden a cruzar la calle; la congestión, la inseguridad, la polución...

El TransMilenio ha probado que sí se pueden reducir drásticamente los tiempos de transporte, ha alimentado nuestras esperanzas acerca de la posibilidad de crear un nuevo modelo de ciudad y de vivir en un sitio más amable, y ha demostrado que sí se pueden adelantar obras de envergadura para dignificar la vida de las personas y, especialmente, la de los más pobres. Por eso debe defenderse y ampliarse.

Y por eso tengo que reconocer que siento un gran alivio cuando observo las filas de autos atrapados en el trancón y paso veloz a su lado, en el TransMilenio, sin tener que padecer las angustias y las iras propias del conductor.

*Miembro del Centro de Estudios Derecho, Justicia y Sociedad, DJS

**Varios de estos puntos y otros más son tratados en el estudio "Análisis económico de TransMilenio, el sistema de transporte público de Bogotá", elaborado por Echeverry, Juan Carlos; Ibañez, Ana María y Hillón, Luis Carlos, publicado por el CEDE, de la Universidad de los Andes, en 2004. El estudio reconoce los avances logrados con el TransMilenio, pero resalta la urgencia de desarrollar en su totalidad el proyecto -que deberá cubrir el 80% de la demanda de transporte público en el año 2015 - para eliminar las dificultades que se han generado en las vías y zonas que no cuentan con el servicio.

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