Miércoles, 22 de febrero de 2017

| 1998/05/18 00:00

QUIEN PRENDIO EL MONTE

QUIEN PRENDIO EL MONTE

Se ha leído de todo con ocasión del cincuentenario de Gaitán. Pero de un solo lado, el izquierdizante, el liberal de partido. Como se ha escrito la historia colombiana del medio siglo. Son muy simpáticos los criterios con que escritores profundos atemperan la violencia, si ésta proviene de la izquierda. Un hombre como Alfredo Molano escribía esta elocuente frase en El Espectador del martes 7 de abril, para referirse con elogios al fallecido 'cura' Pérez: "Era un hombre que sufría profundamente el dolor ajeno, aun generándolo". (!). Con ese mismo criterio favorecedor han escrito los comentaristas del cincuentenario del caudillo liberal. El elogio del líder y el repudio de su asesinato me parecen muy bien. Yo mismo no disimulé, en un relato, mi gran admiración por la figura pública de Gaitán. Lo que resulta fatigante, además de ligero, es el coletazo aleve que se le da al gobierno de entonces y a los jefes conservadores, tan zarandeados ya, que todo lo aguantan. Por lo demás, están muertos. La historia de la violencia en Colombia es mixta, a menos que se la quiera mistificar. La hubo de parte y parte, y la resistencia que se vivía por el año 48 era la del Partido Liberal, que acababa de ser desplazado del poder, y no toleraba el llamado gobierno de minoría, ya desde entonces con un naciente orgullo de partido institucional. Se fomentó, entonces, imprudentemente, la guerra campesina y de ahí no ha salido Colombia, hasta nuestros días.Se pasó de ésta, que se llamó 'violencia', y era la de los denominados bandoleros o chusmeros, a la 'guerrilla', ya de tipo cubano o comunista, creándose la costumbre de guerrear en el campo, que no va a desaparecer jamás de la vida nacional, así se haga la paz con unos pocos o con otros pocos. Recuerdo como muy diciente un cortometraje (El potro chusmero) del productor Luis Alfredo Sánchez, intelectual de izquierda (cosa rara). Hay en él un episodio en el que los combatientes del llano, faltos de provisiones y de armas, reclaman porque no les llegan esos avíos de parte de los jefes liberales de la capital de la República. El columnista D'Artagnan (43, 1.72, 90 kgms. delfín de García Peña, gourmet) apela con inocencia a los recuerdos de la historia política, posiblemente escuchados de labios de su arrullador abuelo. El columnista ha comandado, además, las opiniones del cincuentenario con sus invitados a escribir en Lecturas de El Tiempo, de las que es director, o en Credencial y su cuadernillo histórico, que también dirige. D'Artagnan es, por estas calendas, gaitanista, porque a 50 años de la muerte del caudillo del pueblo hasta los socios del Jockey pueden seguirlo, sin peligro alguno.Todos omiten la división latente que vivía el Partido Liberal el año 48, apenas subsanada formalmente por el gesto de Santos de entregarle al jefe del movimiento gaitanista las llaves del partido. Estimo que lo hizo con horror, al verse derrotado en las elecciones de marzo del 47. Tomó su sombrero, su bufanda y del brazo de Lorencita se marchó a su residencia en París. Si algo anhelaban las oligarquías liberales, sin que yo las esté acusando del asesinato, era sacudirse al 'negro' de la jefatura única y de la candidatura subsiguiente (la del año 50). Pero sí se acusó, en cambio, al gobierno conservador de semejante crimen, desestabilizador, como era previsible, de la gran Conferencia que se hallaba reunida en Bogotá. Sostiene Carlos Mario Perea, historiador de la Universidad Nacional, en tono ecuánime, que al movimiento gaitanista, y yo diría, que al Partido Liberal, se le exime con facilidad de la violencia a causa de la muerte trágica del caudillo. Perea analiza los años 40 en su obra Porque la sangre es espíritu. Y no es que deba eximirse al Partido Conservador de sus propios desafueros, no necesariamente relacionados con sus jefes epónimos, pero es preciso destacar que el monte no fue incendiado por la colectividad azul. No lo hizo en los años de patria boba de la hegemonía (paz bucólica que hoy preferiríamos), ni durante la oposición a la República Liberal, cuando no tuvo garantías para optar la presidencia; ni, mucho menos cuando, recobrado el poder, era ella misma el gobierno, al cual se le organizó la resistencia rural.

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