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Opinión

  • | 2013/10/25 00:00

    ¿Quién representa la diversidad e inclusión en el poder político?

    Colombia sigue siendo un país que no saca provecho de su diversidad y por tanto sigue siendo excluyente.

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En países democráticos constitucionalistas como Colombia, donde la separación de poderes garantiza el balance y control de las distintas ramas, también debería mostrar su diversidad étnica y cultural en los ámbitos de poder de acuerdo a la realidad social de la nación en la que vivimos. Desafortunadamente, no es así. Colombia sigue siendo un país que no saca provecho de su diversidad y por tanto sigue siendo excluyente.

De esta forma podemos notar que en el poder legislativo de los 267 congresistas electos, sólo 12 se auto reconocen afrocolombianos y 3 son indígenas. De los magistrados y consejeros de las altas cortes, poca o ninguna información se tiene de afrocolombianos o indígenas que ejerzan como magistrados, excepto del Magistrado Auxiliar Alexei Julio quien ocupó transitoriamente la magistratura encargada en la Corte Constitucional al salir el Magistrado Humberto Sierra Porto. Y en el poder ejecutivo ha habido una incipiente participación, sobre todo durante los últimos años. Desde que Paula Marcela Moreno fue ministra de la Cultura; y Andrés Palacios, viceministro de relaciones laborales, ha quedado la sensación de que debería haber siempre algún ministro o ministra afrodescendiente en las altas esferas del poder ejecutivo. Pero la verdad es que pocos saben las razones políticas por las cuales Paula Marcela llegó a ser ministra; y Andrés, viceministro. Esta es otra historia que contaré en otra ocasión.

De manera franca y sencilla debemos ser conscientes de que actualmente nadie representa a las comunidades afros en el poder ejecutivo, porque ese no es un espacio de representación en sí. Para eso está el Congreso. El poder ejecutivo es un espacio de nombramiento por parte directa del presidente de la República y dichas posiciones son otorgadas generalmente bajo los siguientes criterios: 1) Alianzas, acuerdos o intereses políticos del presidente. 2) Grado y nivel de confianza con el presidente. 3) Nivel de idoneidad de los individuos.

Cabe resaltar que las capacidades intelectuales y académicas de los afrocolombianos que han estado en estas altas esferas del gobierno son excelsas, son personas versadas en varios idiomas, que tienen las más altas calificaciones y grados académicos y tienen personalidades férreas y combativas. No quiero con estos argumentos dejar ningún viso de superioridad, no. Lo que quiero decir es que son personas a las que la adversidad los ha llevado a prepararse más y superarse a sí mismos, a ir más allá de los límites que les determinaba su entorno social y económico. Personas como Paula Marcela Moreno, Andrés Palacios, Pastor Murillo, Moisés Medrano, Oscar Gamboa, Nigeria Rentería, Aury Guerrero y Luis Gilberto Murillo, entre otros, quienes llegaron a ocupar altos cargos en el Gobierno, son profesionales idóneos que se siguen superando a sí mismos.

Y si hay tantos afrocolombianos idóneos, ¿por qué el presidente no nombra ministros o viceministros? Quizás porque hace falta fuerza política y capital social para estar en las esferas de poder. A lo mejor, el presidente Santos considera que políticamente la comunidad negra no tiene la fortaleza para exigir posiciones en el gabinete ministerial; o no gozan de la confianza y cercanía suficiente para nombrar ministro a un amigo. Me pregunto, ¿cuántos amigos afrocolombianos tiene el presidente Santos? ¿Con cuántos habrá estudiado en la universidad o el colegio? ¿Por qué Oscar Gamboa o Nigeria Rentería no son ministros, pero en cambio están en posiciones de gobierno que no tienen presupuesto o herramientas para fomentar el desarrollo de sus comunidades?

En definitiva, hay muchos afrocolombianos con las capacidades técnicas, personales y académicas para ser ministros y no sólo de la cultura, sino de cualquier otra cartera. Si bien es claro no es un espacio de representación, es necesario que el Gobierno Nacional muestre en sus instituciones la realidad de la composición social del país en todas sus esferas de manera proporcional. Y por último, invito a las élites políticas y económicas de Colombia a que extiendan sus círculos de confianza más allá de los que ya conocen, porque la realidad de la Nación salta sobre las fronteras del club que frecuentan los fines de semana. 

Así que no salgan con la excusa, de que no conocen a ninguno o que no hay afrocolombianos capacitados. Aquí estamos y cada vez somos más. 

*Especialista para el Desarrollo
Master en Democracias, Federalismo y Multiculturalidad
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