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Opinión

  • | 2018/01/02 18:27

    ¿Quién responde por los quemados?

    Ya es hora de que los padres de familia que permiten la manipulación de estos artefactos letales, respondan penalmente por la negligencia de atender aquellos reglamentos.

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538 personas quemadas por la irresponsable tradición de celebrar el Año Nuevo con pólvora que no atiende los estándares de seguridad que impone la ley y la autoridad.

Ya es hora de que los padres de familia que permiten la manipulación de estos artefactos letales, respondan penalmente por la negligencia de atender aquellos reglamentos.

El nuevo Código de Policía contiene un capítulo dirigido a fijar las bases y categorías jurídicas para la convivencia procurando garantizar la seguridad, la tranquilidad y el ambiente sano en sociedad.

El concepto de seguridad gira en torno a la protección de los derechos y libertades constitucionales y legales de las personas en todo el territorio nacional, con una génesis en la vida y la integridad personal como valor absoluto de primer orden.

Esto no lo han entendido los padres de familia colombianos que continuan permitiendo que sus hijos se mutilen en momentos en los que debería reinar la tranquilidad y la felicidad.

Si bien los índices de quemados con pólvora han disminuido en los últimos años por las campañas publicitarias y educativas que se despliegan desde antes de las fiestas decembrinas, la ignorancia reina. Y como la ignorancia no es excusa para el cumplimiento de los deberes y de la ley, al tenor de Cesare Beccaría, los adultos deben asumir la sanción del Estado.

Las autoridades también deben responder por la incapacidad de aplicar las normas de seguridad y generar una cultura de prohibición definitiva de la fabricación al menudeo de pólvora para manipulación de cualquier ciudadano, especialmente de los niños, niñas y adolescentes.

Aunque la cuestión no solo es conservar la integridad de los niños sino la de todos los adultos porque nadie puede en Colombia sufrir el resultado de la ceguera estatal.

2018 debe ser el comienzo en firme de la paz y de todas las conductas que el Estado puede intervenir, por eso se deben plantear medidas que incluso subsidien a los pequeños productores de pólvora que fabrican para muy diversos usos.

Nos preguntamos ¿por qué, por ejemplo, en el deporte tradicional del tejo o turmequé se celebra enervando la explosión cuando dicho júbilo ganador se puede sustituir con una forma no agresiva?

O ¿qué tiene que ver la pólvora con un partido de fútbol?

Hay que prohibir totalmente esa malsana costumbre y ahí sí debe intervenir la Superintendencia de Seguridad y Vigilancia o la de Industria y Comercio.

Los casos que reportan las autoridades en las grandes ciudades no equivalen a las cifras reales porque detrás de ellas obran intereses personales políticos de quienes desean mostrar gestión en esta clase de situaciones.

Algo así, como cuando las Farc arrojaba víctimas humanas por la guerra que por fortuna cesó con el acuerdo de paz. No importa que se produzcan menos víctimas ahora porque el país necesita dejar de contar sus muertos. La meta debe ser cero víctimas de la violencia y cero víctimas de la pólvora.

El origen de esta tragedia en 538 hogares colombianos es una maldita herencia de un país en guerra cuando a cambio de pólvora debíamos tener un país lleno de árboles como símbolo de esperanza y unión familiar.

¡No más familias amputadas por la ignorancia! Que respondan los adultos y las autoridades.

(*) Gutierrez Morad & Calderón España - Abogados Constitucionalistas.

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