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Opinión

  • | 2002/10/13 00:00

    ¿Quién sabe quién es Gabriel García Márquez?

    La semana pasada se lanzó en todo el país, Vivir para contarla, la obra de Gabriel García Márquez en la que narra la primera parte de sus memorias. Juan Moreno Blanco, profesor de la Universidad del Valle, escribe sobre la relación entre el escritor colombiano, la crítica y sus lectores.

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Quizá Gabriel García Márquez es a la literatura lo que a la música fueron Los Beatles: una referencia compartida en todo el planeta en la segunda mitad del siglo XX, con lo cual, cada vez más, su identidad y significación se vuelven síntoma y cifra de la cultura mundial.

Su obra comenzada en dos cuentos publicados en 1947 en el periódico El Espectador de Bogotá mereció hasta hace algunos años la primerísima atención de la crítica literaria pero desde la aparición de Del amor y otros demonios (1994), se vio que este monstruo de la literatura ya no suscitaba mayor atención en críticos que parecían temer volver a repetirse hablando de la literatura del colombiano, pues, según los coros, eso es lo que estaba haciendo el autor : repitiéndose. Bien lo decía Valencia Solanilla en sus notas publicadas a propósito de esa novela en el Magazín Dominical de El Espectador: "Algunos personajes de la novela (?) muchas veces funcionan como simples recursos verbales del narrador omnisciente. Y esto por la reiteración en los giros lingüísticos en que el autor se ha regodeado a plenitud en obras anteriores, pero que a fuerza de repetirlos se convierten en frases hechas desarticuladas de la integridad de los personajes" (4 de septiembre de 1994), mientras que Fabienne Bradu afirmaba en el periódico El Tiempo: « García Márquez se ha convertido en el mejor imitador de sí mismo, en el más obstinado glosador de sus propios estereotipos prosísticos.

Del amor y otros demonios es un sucinto compendio de figuras retóricas ya tan identificables que el lector sospecharía un plagio si no se tratara de su genuino inventor » (Lecturas Dominicales, octubre 23 de 1994). De su lado, Fernando Cruz Kronfy postulaba el 23 de agosto de 1998: "García Márquez y Kundera son autores de venta masiva a pesar de trabajar dos niveles de elaboración literarias diferentes, porque Kundera es un ensayista, un pensador y García Márquez un ficcionador sin pensamiento" (Magazín Dominical, p.9). Así las cosas, nada de extraño tiene que si en latitudes tropicales los críticos se aburrieron de García Márquez, y quisieron también aburrirnos de él (no olvidemos las notas de El Malpensante), también críticos europeos se pongan a tono. Francesco Varanini en su Viaje literario por América Latina escribe: "Gabo es la persona justa, el escritor exótico que necesitamos. Es el único virtuoso, el Maradona de la literatura, el juglar, el ambulante cantor de historias de una aldea lejana (?) En el fondo nos reímos de su ingenua arrogancia, pero con una satisfacción no confesada, porque nos confirma su inferioridad: este maravilloso escritor, voz del Tercer Mundo, mundo por el que nos gusta viajar, mundo al que deseamos sentirnos disponibles, no está a la altura de nuestro estilo y de nuestro refinamiento. Por eso reseñamos con buena disposición sus libros, por eso leemos con gusto sus páginas". (2000, p. 42) Estas afirmaciones parecen resonancia de aquello que su compatriota Pier Paolo Pasolini ya había dicho en la Revista italiana Tempo el 22 de julio de 1973: "Parece ser un lugar común considerar Cien años de soledad de Gabriel García Márquez como una obra maestra.

Este hecho me parece absolutamente ridículo. Se trata de la novela de un guionista o de un costumbrista, escrita con gran vitalidad y derroche de tradicional manierismo de barroco latinoamericano, casi para el uso de una gran empresa cinematográfica norteamericana (?) Márquez es sin duda un fascinante burlón, y tan cierto es ello que los tontos han caído todos. Pero le faltan las cualidades de la gran mistificación?". En definitiva, según la común opinión de estos críticos, García Márquez sería algo así como un autor de baja categoría, con todo y que en todos los horizontes culturales del mundo siga teniendo tantos y tantos lectores? ¿"tontos"?.

Si el lugar del Nobel colombiano en la cultura contemporánea parece ya cosa resuelta para estos críticos, sin duda estaríamos asistiendo a un divorcio entre ellos y los lectores, de quienes se suponen eran los guías. Acaso sea esto un síntoma no del agotamiento de la obra garciamarquiana sino más bien de la inoperancia de cierta crítica literaria que se permite el lujo de despreciar a la gran comunidad de lectores que en torno a su obra García Márquez ha formado y seguirá formado. Si sus cuentos y novelas pasan de lector en lector a través de los continentes y las lenguas desde hace más de tres décadas es porque ellos despliegan un mundo de experiencia e invención que interpela la vida de aquellos que con avidez los frecuentan. Ojalá nuestros jóvenes que se preparan para ser críticos de la cultura e interpretadores de nuestro tiempo se vuelvan desde ya personas más atentas a los procesos de recepción de las comunidades lectoras que al culto de cánones derivados de la estética y la historia estrictamente occidentales, cánones que han impedido a muchos indagar y construir conocimiento alrededor de la identidad y significado de la obra del hijo del telegrafista de Aracataca.

*Profesor de la Universidad del Valle
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