Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2008/07/12 00:00

¿Quién le teme a 'H.H.'?

Extraditar a ‘H. H.’ ahora significaría negarles a las víctimas la verdad que merecen, y dejaría al gobierno en la orilla de los que no quieren la verdad

¿Quién le teme a 'H.H.'?



No entiendo cuáles pueden ser las razones que tiene el gobierno del presidente Uribe para insistir en agilizar la extradición de 'H. H.', si es el único jefe paramilitar que está contando la verdad que sus temibles pares nos han negado a los colombianos.

Para quienes no saben, 'H. H.' es el jefe paramilitar que acaba de entregarle a la Fiscalía el testamento de Carlos Castaño; el mismo que fue testigo de la "pacificación de Urabá", en momentos en que el gobernador de Antioquia se llamaba Álvaro Uribe, y el mismo que confesó el asesinato de por lo menos 1.500 colombianos entre 1994 y 1997, cuando fue jefe del bloque bananeros de Urabá. 'H.H.' ha sido el primer jefe paramilitar en hablar de los empresarios bananeros que se parapetaron en el paramilitarismo y ha prometido que hará lo mismo con los azucareros dueños de los ingenios que los apoyaron cuando él fue jefe del bloque Calima, entre 1997 y 2001.

En sus versiones libres ha sido el primero en poner en evidencia cómo las Convivir sirvieron de plataforma legal para el fortalecimiento de los grupos paramilitares en Urabá y cómo a su amparo despojaron a los campesinos de sus tierras. Eso sucedió con la Convivir Papagallo, liderada por Raúl Hasbún, otro personaje nefasto, recientemente capturado por la Fiscalía. Por si esto fuera poco, 'H. H.' es el único jefe paramilitar que ha revelado los nombres de militares vivos -no difuntos- que habrían formado parte activa de ese proyecto paramilitar.

A pesar de todo lo anterior y de que este temible sujeto ha ido mucho más allá de lo que contó Mancuso antes de que lo extraditaran, y a pesar de que aún no ha contado ni una quinta parte de lo que ha prometido y de que ni siquiera ha sido imputado por la Fiscalía, el gobierno insiste en agilizar los trámites de su extradición. Cuentan que en la arrodillada que se pegaron el presidente Uribe y el presidente de la Corte Suprema de Justicia la semana pasada, no sólo se rezaron las tres aves marías de rigor. El acercamiento también sirvió para que Uribe deslizara al oído del magistrado Ricaurte la urgencia de que el alto tribunal rindiera rápidamente concepto favorable para proceder a la extradición de 'H. H.'.

Extraditarlo en estos momentos significaría negarles a las víctimas la verdad que merecen y dejaría al gobierno Uribe del otro lado, es decir, en la orilla de los gobiernos que no quieren la verdad.

No obstante, para el gobierno las cosas son más simples: a pesar de que el señor esté contando verdades, 'H. H.' no está en Justicia y Paz porque fue capturado y no se desmovilizó voluntariamente. Qué importa que en otros casos el gobierno haya sido más comprensivo con personas que no lo merecían, como el 'Tuso' Sierra, pariente de Mario Uribe, quien primero fue postulado, después fue sacado de la lista y luego apareció dentro del grupo de beneficiados por la Ley de Justicia y Paz. Esa no es la única incoherencia del gobierno en este terreno. Esta administración sigue sosteniendo que los 14 jefes paramilitares que fueron extraditados siguen en la Ley de Justicia y Paz, a pesar de que se argumentó su envío por el incumplimiento de los pactos. En cambio, a 'H. H.', que sí está contándolo todo, el gobierno insiste en no considerarlo dentro de la Ley de Justicia y Paz y en buscar su pronta extradición. La aplicación de esta ley se está convirtiendo en una farsa del tamaño de un elefante. ¿Quién entiende?

Ojalá la Corte Suprema mantenga la cordura y se sostenga en la posición que sentó en su último pronunciamiento e insista en que cualquier extradición de paramilitares se debe surtir una vez se haya cumplido a las víctimas. Extraditar a 'H. H:' en estos momentos y montarlo al avión rumbo a Estados Unidos antes de que nos lo cuente todo no sólo sería una bofetada a las víctimas que tanto han esperado la verdad, sino que daría pie a la tesis de que este gobierno está extraditando a los jefes paramilitares no porque incumplen los pactos, sino porque empiezan a hablar.

Otro tanto se puede decir de las extradiciones que ya se empezaron a tramitar de 'César' y 'Gafas', los dos carceleros de las Farc. Estas se deberían surtir una vez estos hayan pagado por los crímenes cometidos contra los colombianos, y no a la inversa, porque una vez que se suban al avión, las posibilidades de que se imparta justicia por los crímenes cometidos en Colombia se esfuma. Eso es lo que está pasando ya con los 14 jefes extraditados. La tan anunciada cooperación judicial no está funcionando y hasta el propio embajador Brownsfield ha pasado de la euforia al pesimismo al afirmar que "empiezan momentos complicados".

La extradición no se puede convertir en un instrumento para sepultar la verdad ni para invisibilizar la justicia colombiana.

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