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Opinión

  • | 2017/05/05 09:19

    ¿Y quién vigilará a los tres mosqueteros?

    Los medios no se pueden limitar a ser la caja de resonancia de la Fiscalía, la Procuraduría y la Contraloría.

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Las tres “ías”- Fiscalía, Contraloría y Procuraduría- dominan el directorio de fuentes creíbles e intachables para periodistas. Sus informes y expedientes y las declaraciones de sus funcionarios son reproducidas como si fueran la palabra de Dios. Se presume la veracidad y la seriedad de lo actuado. Es práctica común citar los documentos de estas entidades como pruebas incontrovertibles de una accionar ilegal o por lo menos irregular. No hay matices en su presentación al público. Que sean elaborados y firmados por fiscales, contralores y procuradores les da una legitimidad incuestionable.

Las entidades que representan estos funcionarios son vistas -y descritas- como la última tabla de salvación de los colombianos, ante las hordas de corruptos que, según los medios, transitan libremente por nuestro territorio. Y a sus titulares, independientemente de sus nombres -lo relevante es el cargo que ostentan-, se les considera héroes y adalides de la probidad.

No es un una práctica nueva. El primer fiscal general, Gustavo de Greiff, acaparó titulares y elogios en 1992 con su investigación sobre la presunta mala distribución de auxilios al concejo de Bogotá por parte del alcalde Juan Martín Caicedo Ferrer. Años después la Corte Suprema absolvería a Caicedo Ferrer de esos cargos y en 2012 ganaría una demanda al Consejo de Estado por haber sido detenido injustamente.

Al ser elegido fiscal general en marzo de 2012, Eduardo Montealegre resumió muy bien la expectativa pública y mediática: “El país debe tener la certeza que no existirá ningún retroceso en la lucha que libran la Fiscalía, la Contraloría, la Procuraduría para tratar de erradicar la corrupción en Colombia”. Ya en diciembre de 2010, el Procurador General de la Nación. Alejandro Ordóñez, y la Contralora General de la República, Sandra Morelli, se comprometieron -con el respaldo de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito- a luchar contra “el flagelo de la corrupción”.

Ni Montealegre, ni Ordóñez, ni tampoco Morelli cumplieron con la expectativa creada. Prueba de ello es que sus sucesores -Néstor Humberto Martínez, Fernando Carrillo y Edgardo Maya, respectivamente- han sido calificados como los tres mosqueteros. Igual que sus antecesores, son invitados de primera fila en cualquier foro o debate sobre corrupción y sus opiniones difundidas ampliamente por televisión, radio, prensa e internet. Repito: para los medios, el Fiscal, el Procurador y el Contralor tienen un aura de infalibilidad. No ocurre igual con los ministros ni incluso con el Presidente.

A los altos funcionarios del Ejecutivo se les cuestiona, se les exige sustentación de sus políticas. Hay un saludable escepticismo ante todo lo que dicen. Se les exigen datos específicos, se les pide explicación cuando incurren en generalizaciones y no se les perdonan los lapsus verbales. Como debe ser. En cambio, cuando los jefes de las entidades de control acuden a la hipérbole, sus palabras son realzadas en los medios. No hay la misma exigencia por la precisión. Se habla de saqueo, desfalco, desgreño y robo como si fueran términos intercambiables. No los son. Y juntarlos todos en una sola bolsa es irresponsable.

Es abrumador el poder que ostentan las “ías”. Con una decisión pueden privar de la libertad a alguien, condenarlo al exilio político y público o apropiarse de sus bienes. Es función esencial del periodismo vigilar a los que vigilan, obligarlos a rendir cuentas por sus actuaciones. Lo que llaman en inglés “accountability”. Es hora de que los medios le apliquen la misma medicina que le dan diariamente al gobierno.
La apertura de una investigación preliminar no amerita un titular ni merece un extra. Se está jugando con algo que no tiene precio: la honra y buen nombre de una persona. En Colombia, aún existe la presunción de inocencia.

Este miércoles varios colegas y medios de comunicación lanzaron la campaña #NoComoCuento para hacerle frente a las noticias falsas en internet. Se comprometieron a verificar la información y no dejarse convencer tan fácilmente. Un primer paso sería dejar de ser sólo la caja de resonancia de las entidades de control.

En Twitter Fonzi65

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