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Opinión

  • | 1983/12/12 00:00

    QUINTA COLUMNA EN ACCION

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La invasión de Granada fue el primer operativo de gran envergadura que los Estados Unidos acometieron sin permitir que la prensa registrara los hechos. El desembarco de maKnes, el martes 25 de octubre, no conto con más testimonio que el de camarógrafos del propio ejército norteamericano, de tal manera que aún hoy no se ha podido saber a ciencia cierta cómo fueron los acontecimientos, cuál el grado de resistencia, cuantos los muertos y detenidos granadinos. Tres días mas tarde, ante la enorme presión de la prensa internacional, y en particular de la norteamericana, el propio Pentágono seleccionó 12 pedodistas entre la lista de 400 que esperaban en Barbados la autorización para entrar a la isla, y los envió en un avión de la Fuerza Aérea. Los seleccionados eran todos o bien de Estados Unidos, o bien de los países caribeños que habían participado en la invasión. Esto generó una protesta generalizada entre los periodistas latinoamericanos y de los países que nos hallabamos presentes tratando de entrar Una declaración denunciando la manipulación de la información y la discriminaci6n contra los no norteamericanoss fue firmada por cerca de 50 periodistas de otros lugares del mundo y transmitida por las agencias de prensa internacionales. Al día siguiente se logró que se contaran los primeros latinoamericanos y europeos en el pool que entró a Granada, y que 24 horas más tarde, el domingo 30, el ejército enviara, en dos vuelos, un grupo de 150 personas con el cual pude viajar junto con otros del tercer Mundo A partir de este momento la política frente a la prensa cambió sensiblemente.
Se suprimieron los breves "tours" guiados y por primera vez se nos permitió pernoctar en la isla y movernos en ella con libertad. Salvo dos contundentes excepciones: los prisioneros cubanos se podían ver y fotografiar, pero estaba terminantemente prohibido hablar con ellos o entrevistarlos, y nunca las autoridades norteamericanas dieron razón del lugar donde se encontraban los campos de detenidos granadinos
Sin embargo, estas limitaciones a la tarea periodística no pesaron sobre todo el mundo.
Estando todos los periodistas reunidos en el angar militar norteamericano en Barbados entregados al agite de lograr un lugar en los vuelos oficiales al país invadido, se supo que el Wernes 28 un equipo de tres personas de una empresa privada de televisión de la Republica a Dominicana había entrado a Granada en una avioneta particular, había permanecido en el lugar todo el día, y había regresado a la noche con mucha película filmada y abundante información. La noticia sorprendió a todo el mundo, puesto que el antecedente que se conocía de periodistas que quisieron entrar por sus propios medios, era el de un grupo de seis norteamericanos que al día siguiente de la invasión se trasladaron a la isla vecina de Cariacou y desde allí se desplazaron en un pequeno bote hasta Granada. Al llegar allí fueron inmediatamente detenidos por las fuerzas de ocupación y encerrados en uno de los barcos de la marina norteamericana, donde los mantuvieron incomunicados varios días.
Los dominicanos, sin embargo, aparentemente habían corrido con mejor suerte, y no habían tropezado con nadie que obstaculizara su paseo.
Como yo había tenido oportunidad de conocerlos en el avión, en el vuelo hacia Barbados, los busqué en el hotel donde sabía que se alojaban y les pedí el favor de que me mostraran el material que habian obtenido, cosa que hicieron con gran amabilidad.
Fue grande mi sorpresa cuando ví que esta gente no sólo había filmado entrevistas con varios de los prisioneros cubanos, cosa que nadie había podido hacer sino también con los prisioneros granadinos, a quienes los demas periodistas ni siquiera habíamos podido ubicar. A estos hechos insólitos se sumaba, como otra pieza del rompecabezas, el dato de que su activida en Granada no había sido interferida pese a que había entrado por vía irregular.
La solución al enigma me llegó por una fuente absolutamente fidedigna. El equipo dominicano había ido a Granada con la intención explícita de encontrar un cubano, ente los prisioneros que aceptara asilarse en los Estados Unidos previas declaraciones en contra de las gestiones de su propio gobierno en Granada. La mayor parte del día que pasó el equipo dominicano en la isla, lo dedicó a entrevistar, en privado, uno por uno a los cubanos, para ver cual picaba el anzuelo. Ninguno lo hizo
Solucionada así una incógnita, surgía otra mayor: ¿quién estaba detrás de estos "periodistas"?
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