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Opinión

  • | 2012/09/29 00:00

    Quo usque tandem...?

    Esta semana que acaba de pasar, además del anuncio retórico de 'Millonarios', todas las noticias destacadas por los periódicos tuvieron relación con el narcotráfico.

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Dicen que 'Millonarios' va a devolver los títulos de campeonato ganados cuando sus dueños eran narcotraficantes. Pero casi todos los equipos de fútbol de Colombia han sido propiedad de narcotraficantes. Alguien propone que Ernesto Samper devuelva por su parte la presidencia comprada para él por el cartel de Cali. Pero casi todas las campañas electorales de los últimos 40 años han sido financiadas por los que en un principio eran llamados púdicamente 'dineros calientes'.

¿Devolverán también sus coronas de canutillo unas cuantas reinas de belleza? Y el Banco de la República ¿devolverá los dólares sin lavar que le entraban por la 'ventanilla siniestra'? Y la Iglesia ¿devolverá las narcolimosnas? ¿Y quién, de la guerrilla o de los paras, devolverá las fincas? Y las camionetas blindadas que compartían el general Santoyo y el Loco Barrera ¿cuál de los dos las va a devolver? ¿Y las vidas de los muertos?

No. La historia no tiene marcha atrás. Y la del narcotráfico ha sido la historia de Colombia en los últimos 40 años. Y lo sigue siendo. Esta semana que acaba de pasar, además del anuncio retórico de 'Millonarios', todas las noticias destacadas por los periódicos tuvieron relación con el narcotráfico. La captura del Loco Barrera, a quien llaman "el último de los capos" mientras llega el que venga detrás. El anuncio de que en La Habana el gobierno y las guerrillas pondrán sobre la mesa el tema de los narcocultivos. La designación de la película El cartel de los sapos como representante del cine colombiano para los Óscar de Hollywood. La transmisión de series de narcos en los dos canales de televisión: Escobar en el uno y El capo en el otro (El Capo II, se llama; van con retraso, porque en la vida real vamos como en el XVIII, como los Luises de Francia). El comienzo, por fin, del proceso de extinción de dominio de una gran hacienda de los Castaño, cabezas del narcoparamilitarismo. La demanda por calumnia interpuesta por el expresidente Álvaro Uribe a un narcoparapolítico que lo acusa de lo mismo. La publicación de un informe de la agencia antidrogas de las Naciones Unidas según el cual en Colombia aumentó el área de cultivos ilícitos pero disminuyó la producción; y la publicación simultánea de un informe de la agencia antidrogas de los Estados Unidos que afirma lo contrario: un vaivén de acordeón que no termina. La incautación de siete toneladas de cocaína en aguas del Caribe.

Y leo las reflexiones de sesudos analistas del fenómeno: es que el narcotráfico 'muta'. Qué va a mutar: sigue igual. Es decir: sigue prohibido.

¿Hasta cuándo? El título de esta columna -quo usque tandem- lo tomo de la primera de las catilinarias de Cicerón en el Senado romano: ¿Hasta cuando abusarás de nuestra paciencia?

Hace 15 años escribí en esta revista una columna titulada 'Solo somos tres' para señalar que dos personajes tan disímiles como Manuel Marulanda, el jefe guerrillero, y Julio Mario Santo Domingo, por entonces el hombre más rico de Colombia, coincidían conmigo en echarle la culpa de los estragos del narcotráfico a la política antidrogas de los Estados Unidos. Hoy han muerto ellos dos, pero estoy en compañía bastante más numerosa. Varios expresidentes latinoamericanos han abierto los ojos, incluyendo a algunos presidentes en ejercicio: el de Guatemala, Óscar Pérez, que dice que "cincuenta años son suficientes para comprender por qué no obtenemos los resultados esperados" (de la guerra contra la droga; el saliente de México, Felipe Calderón, converso tardío de final de mandato, que dice que "el enfoque prohibicionista" les da a los narcos "una capacidad de corrupción prácticamente ilimitada"; y el de Colombia, Juan Manuel Santos, que acaba de decir ante la Asamblea General de la ONU que "debemos determinar si existen mejores opciones para combatir el flagelo".

Añadió Santos, al margen de su discurso oficial: "Si logramos que las Farc sean aliadas en la lucha contra el narcotráfico, pues es un paso muy importante, no solamente para Colombia sino para el mundo".

¿Contra el narcotráfico? Es decir: contra los prohibicionistas, que son quienes lo generan y le dan todo su poder, como señala Calderón. O sea, los gobiernos de los Estados Unidos. ¿Una alianza Santos-Farc con ese objetivo? Daría tema para un twitter maligno.
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