Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/05/14 00:00

Radiografía de un peligro inminente

La preocupación no debe estar centrada en lo que podría ocurrirle a Mockus de aquí a la elección final, sino en lo que pasará después de que él deposite su honorable y simbólico trasero en el solio de Bolívar.

Radiografía de un peligro inminente

Tienen razón en parte los que vaticinan un salto al vacío ante un triunfo electoral del candidato del Partido Verde, pero no porque Antanas Mockus no esté capacitado para gobernar a Colombia, sino porque es tal la cantidad de intereses que se verían afectados, que esos mismos intereses -unos claros, otros oscuros- tendrían que pensar en algo para impedir que Mockus desarrolle (y finalice) un buen gobierno. Diríase que es la única tabla de salvación que les queda a todos los que en los últimos ocho años o más han transitado impunemente por los senderos de la ilegalidad, y hoy sienten que les respiran en la nuca con el tufillo ese de la Legalidad Democrática.

Son esos intereses en peligro los que en relación biunívoca ponen en peligro la vida del profesor Mockus y han obligado a reforzar su seguridad, hoy en las buenas manos del general Óscar Naranjo. Pero si hubiera un momento en que esas especies en riesgo de extinción necesitaran una hecatombe, ese momento es ahora.

De todos modos, el peligro no se hará inminente sino hasta después del 30 de mayo, mientras persista la esperanza de que el candidato de la oficialidad, Juan Manuel Santos, pueda -con las armas de que sabe disponer y las que habrán de prestarle-, derrotar en segunda vuelta al candidato de los independientes. Ahora bien, si contrariando las encuestas (aunque no el sentido común) ese día más de la mitad de los votantes se expresara a favor de Mockus y no se requiriera la otra ronda, de nuevo el peligro se haría inminente, para unos y otros. En este contexto, la realidad de una segunda vuelta se convertiría en un verdadero albur para el candidato Verde, pues sus contrarios -y nos referimos en particular a los que acostumbran jugar sus cartas por debajo de la mesa- desplegarían recursos, imaginación y ‘asesorías’ de todo tipo para voltear el naipe a favor de sus expectativas de poder.

Esto no quiere decir que el candidato del Partido de la U encabece esas fuerzas cuyo reino de ilegalidad e impunidad podría irse al traste, pero es un hecho que su recurrente apelación al ‘todo vale’ los hace más propensos a apoyarlo, del mismo modo que los comandantes paramilitares le brindaron su respaldo electoral a Álvaro Uribe en la campaña de 2002 -según reciente confesión de Salvatore Mancuso desde su celda en Virginia- no porque estuvieran coaligados sino porque creían que con él estarían mejor resguardados sus intereses. Para ser precisos, en la Conferencia Nacional de Autodefensas de 2001 definieron apoyar a “un candidato con ideología afín a las autodefensas”. (Tomado de verdadabierta.com).

Antes de que la Corte Constitucional declarara inexequible el intento de un tercer período para nuestro Presidente en ejercicio, esas fuerzas a las que hacemos referencia -innombrables, aunque de todos conocidas- se sentían en condiciones de relativa seguridad, porque no se veía en el horizonte cercano quién pudiera ponerle el cascabel al gato de la corrupción reinante. Pero irrumpió con visos de catapulta la figura de un candidato en apariencia humilde y frágil, aunque revestido de una aureola de decencia y honestidad a toda prueba, y les empezó la tembladera, cuya manifestación más visible ha sido la activación de una poderosa campaña de propaganda negra -a todo nivel, pero sobre todo en la Internet-, apenas como cuota inicial de lo que están dispuestos a hacer para impedir el triunfo de Antanas en las urnas.

Sea como fuere, la preocupación no debe estar centrada en lo que podría ocurrirle a Mockus de aquí a la elección final (a los que podrían atentar contra él los cogió la noche, creemos), sino en lo que pasará después de que él deposite por primera vez su honorable y simbólico trasero en el solio de Bolívar. A partir de ese histórico momento comenzaría el verdadero ‘tour de force’ entre esos sectores contaminados y los que irrumpen con intención renovadora, conscientes los primeros de que un estado general de ingobernabilidad los pondría a salvo de que les cobren ciertas cuentas, unas al día presente y otras con carácter retroactivo. Ello, claro está, sólo en caso de que en efecto se aplique la fórmula mockusiana -que en últimas es universal- de sujetarse al imperio de la Constitución y la Ley.

Cuando hablamos entonces de un peligro inminente, no es porque creamos que un fulano en particular se encuentra en riesgo. Nos referimos es a la buena marcha de las instituciones. No se requiere ser mago para advertir que si fuera Juan Manuel Santos el próximo Presidente de Colombia, las cosas seguirían en la ruta trazada, de tú a tú, con una transmisión de mando incluso aburrida. Pero si fuera Mockus-Fajardo la dupla elegida, no sólo andarían por ahí sueltos ciertos elementos dispuestos a contraatacar, sino que la tentación de provocar el salto al vacío (para luego llamar al Redentor) estaría siempre a la orden del día, como espada de Damocles.

De eso -creemos, sin riesgo de equivocarnos- habría que cuidarse.


NOTA BENE: El repunte electoral de Juan Manuel Santos en la última encuesta del Centro Nacional de Consultoría y CM& bien puede obedecer a su cuña radial ‘pícara’: mucha gente ignorante de la verdad asume que es la voz del mismísimo Álvaro Uribe Vélez, invitando a votar por Santos. Por cierto, el diccionario de la lengua española Espasa Calpe (2005) define pícaro como “tipo de persona astuta (…) que vive de engaños y acciones semejantes: ‘es tan pícara que sabe ganarse los favores de todos’.”
 
*Correo: jorgegomezpinila@yahoo.es

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