Opinión

  • | 2016/06/29 18:43

    Boris Johnson, el Trump de los ingleses

    Tanto Johnson como Trump han labrado sus carreras a punta de frases huecas pero efectistas, diciendo lo que es “políticamente correcto” para las masas de una extrema derecha que añora ese mundo colonial de finales del siglo XIX.

COMPARTIR

Lastimosamente para el mundo, hay muchas más coincidencias de fondo que de maquillaje entre el hijo de inmigrantes escoceses y alemanes, el magnate neoyorquino de la construcción Donald John Trump y el también neoyorquino de nacimiento e inglés de padres, Alexander Boris de Pfeffel Johnson. Uno, próximo a ser ungido como candidato oficial del Partido Republicano a la presidencia más poderosa del planeta; el otro, acariciando la temprana ascensión al segundo cargo más importante del Reino Unido, el de primer ministro tras la debacle de su copartidario David Cameron, a quien derrotó con el llamado “Brexit” (Britain – Exit) es decir promoviendo la salida de la Unión Europea. 

Coincidencias más allá de haber nacido en la misma ciudad, exponer un notable cabello blondo y caracterizarse por una incontenible verborrea populista, encantandora de multitudes deseosas de palabras efectistas y salidas facilistas a los graves problemas que aquejan a sus naciones. Y al mundo. La demagogía rampante de los dos hace ver la concurrencia de aspectos claramente peligrosos para el planeta, si el poder finalmente quedase en manos del inefable Trump y de su ya alter ego político londinense.

Y concurrencia de elementos disociadores para el resto del mundo de un par de individuos en los que se entremezclan, vaya paradoja, diversos orígenes de sangre nacionales: escoceses, alemanes, turcos, suizos, franceses, estadounidenses, ingleses y hasta ruso – judíos. Pero a ellos, a Trump y a Johnson, esa ascendencia multinacional les ha generado reacciones contrarias: ambos son marcadamente anti inmigrantes: uno proponiendo el absurdo larguísimo muro en la frontera con México, amén de “novedosas” políticas tanto para frenar la llegada de más inmigrantes – sobre todo latinos – como para echar a las patadas a los millones que ponen su mano de obra barata bajo la ilegalidad. El otro saliendo triunfante de una inesperada decisión popular de la mayoría del Reino Unido – que no de todos sus componenentes como lo dejó ver Escocia – según la cual la Unión Europea es detestable, indeseable y un estorbo para la grandeza del otrora Imperio Británico; Boris se dignó comparar, con retórica patriotera y populista, el proyecto de la Unión Europea con los planes de Napoleón, Hitler y otros de crear un superestado europeo, diciendo que eran intentos que siempre habían "terminado de un modo trágico". Para el locuaz, extravagante y muy popular alcalde de Londres – cargo del que se acaba de despedir - la UE estaba tras el mismo objetivo de Hitler, de unificación autoritaria del Viejo Continente, solo que lo hacía con diferentes métodos.

Tanto Johnson como Trump han labrado sus carreras a punta de frases huecas pero efectistas, diciendo lo que es “políticamente correcto” para las masas de una extrema derecha que añora ese mundo colonial de finales del siglo XIX, que dominó a sus anchas el Imperio Británico, o ese planeta bipolar en el que Estados Unidos ponía el tatequieto al comunismo soviético; Johnson granjeándose la muy peculiar amistad de la “Dama de Hierro” Margareth Thatcher cuando fungía como periodista a finales de los años 80 y abriéndose así camino en el mundillo conservador de Londres; Trump moviéndose entre el mundo surrealista, farandulero y artificial de los multimillonarios de Nueva York y haciendo pinitos políticos que nadie tomaba en serio hasta hace un año.

Ambos son hoy las figuras políticas de primer orden mundial por razones casi idénticas: decir lo que una masa ignara quiere escuchar en aras de recuperar el supuesto poderío mundial perdido de sus países, atacar con saña la integración que sobreviene de un mercado abierto y de una población externa que ya no quiere fronteras sino comida y cobijo, y presentarse como salvavidas de modelos políticos que exponen como caducos.

Por ahora, sin embargo, parece haber algunos signos alentadores de racionalidad frente a la irrupción espectacularmente inflada de estos dos caballeros: Trump va de caída en las encuestas, se ha quedado sin donaciones de dinero para su campaña y en su propio partido muchos lo ven como una amenaza y no como una opción de triunfo; en tanto, en el Reino Unido, miles de votantes que respaldaron el Brexit se sienten engañados y quisieran cambiar su voto mientras las consecuencias económicas y políticas ya son visibles, como el anuncio de la masiva salida de ricos inversores chinos. Quizá al final gane la sensatez y no la verborrea.

*Rector de la Universidad Autónoma del Caribe

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1816

PORTADA

El fiscal bajo fuego

¿Metió la pata Néstor Humberto Martínez en el caso Bula-Odebrecht? ¿Debió haberse declarado impedido por su relación con Luis Carlos Sarmiento? ¿Se ha convertido en la piedra en el zapato del proceso de paz?