Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/10/11 19:41

Educación para el siglo XXI

Las carreras tecnológicas, de diseño y mercadeo, seguidas por las ciencias de la salud, son las carreras del siglo XXI.

Ramsés Vargas Lamadrid.

Está muy en boga por estos días referirse a las universidades y otros centros educativos como entidades sin ánimo de lucro, como si estas se ocuparan solamente de buscar vehículos jurídicos que les permitiesen aliviar sus cargas tributarias, y no como instituciones con un objetivo y mandato superior cuál es el de ocuparse de la formación de las nuevas generaciones.

Temas como el desmantelamiento de redes de convalidación de títulos de especialidades médicas, las propuestas para endurecer los requisitos para acceder al título de abogado; y muchos otros temas de naturaleza regulatoria y sancionatoria ocupan el debate nacional en torno a la educación.

Pero, me pregunto si además del debate en calidad –muy pertinente por demás-, no estamos olvidando el debate acerca de lo necesario. Seguimos buscando formar profesionales en áreas clásicas de lo que consideramos una educación pertinente, abogados, médicos, ingenieros y profesionales en ciencias sociales, entre otras.

Los gobernantes, educadores, profesionales y ciudadanos debemos entender que la agenda educativa es un espacio de concertación permeado por diferentes variables, tales como el mercado laboral, la oferta, la demanda y las necesidades del sector productivo. Tal vez la humanidad nunca había avanzado tan rápido como en nuestra era, y ello conlleva que los ámbitos académicos y de formación tengan que adaptarse constantemente.

La educación virtual, las tecnologías de la información y el teletrabajo, entre otras situaciones, ciertamente imponen retos a la manera en la que vemos la educación. En igual sentido, los jóvenes de este siglo y los llamados millenials son cada vez más inquietos, su vida laboral no es de más de 1 o 2 años por posición, y sueñan con emprendimientos, eso también nos hace replantear las competencias por las que se decantan en su ámbito educativo.

El ‘boom‘ alrededor de la economía creativa, el emprendimiento y los desarrollos tecnológicos han generado un maridaje excepcional entre la creatividad artística, musical, literaria, artesanal, los derechos de propiedad y las patentes, y las carreras de tecnología, diseño e ingeniería; esto, que es un terreno de jóvenes, debe ser aprovechado por las instituciones, los gobiernos y los educadores para fomentar desde los colegios la creatividad, e identificar talento con el fin de construir currículos adecuados que permitan al alumno un tránsito eficaz hacía la vida universitaria.

Atrás quedaron esos años en donde los muchachos desubicados optaban por una ciencia social, o donde los padres imponían una carrera por tradición o seguridad económica, hoy día un diseñador de cualquier ámbito, un chef, un arquitecto o un músico gana lo mismo o más que un abogado, y en ello es en lo que nos debemos concentrar. El bono demográfico que tiene Colombia le impone el reto de conciliar política educativa con realidad social, ello es lo que no solo nos llevará al anhelado desarrollo, sino que nos hará más competitivos.

Las carreras tecnológicas, de diseño y mercadeo, seguidas por las ciencias de la salud, son las carreras del siglo XXI, hay un déficit por ejemplo en materia de expertos en ciberseguridad, analistas de información, desarrolladores de software, todas áreas novedosas que debemos buscar promover de una manera responsable y articulada.

En la medida en que aprendemos a través de ordenadores, equipos tecnológicos y trabajamos a distancia, y gracias a las tecnologías de información podemos lograr mayor cobertura educativa, mejor oferta y reducir los costos de matrículas, desplazamientos y útiles, logramos una verdadera materialización de derechos en cuanto a la posibilidad de acceso a la educación.

Que bueno soñar con un Chocó o una Guajira interconectada que pueda recibir virtualmente lecciones y transferencia de conocimientos desde cualquier universidad de Colombia, que los niños y jóvenes aprendan desde su entorno y realidad, y que practiquen lo que aprendieron en sus zonas, que el conocimiento se quede y se difunda en donde más se necesita, no en esa migración educativa en donde solo aquellos que cuentan con los recursos económicos, o acceden a una beca, pueden ir a los centros urbanos a buscar una universidad, y mucho menos que escojan carreras clásicas como el derecho para regresar a una vida de escritorio.

Este es el reto de la educación del Siglo XXI, en donde la información está a la mano en un mundo cambiante con jóvenes inquietos y universidades que se deben adaptar a las nuevas realidades, este segundo renacimiento que vivimos gracias a las tecnologías de la información y el resurgimiento de la inquietud iluminista, es el terreno para que un país lleno de talento como Colombia se posicione en la segunda década del siglo como un líder en innovación y desarrollo.

* Rector de la Universidad Autónoma del Caribe

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