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Opinión

  • | 2016/10/04 17:49

    El día “D”

    El No tiene interlocutores muy valiosos que seguramente no serán menores a este gran reto histórico y la oportunidad de lograr un consenso, el mejor consenso posible que venza este obstáculo.

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El día después del plebiscito llegó. A pesar de la euforia colectiva y la tan anhelada construcción de paz, el resultado no fue el esperado. Lo que sucedió el domingo 2 de octubre obedece a un análisis multicausal, la histórica abstención de más del 60 % del potencial electoral, la lluvia, la incomprensión de lo que es un plebiscito, los varios frentes que se abrieron alrededor de la ideología de género, la presunta impunidad, los eventos en Cartagena y en los Llanos del Yarí, entre otras situaciones, permearon el ambiente y derivaron en un “triunfo del No”.

La academia, los medios, el gobierno y las víctimas intentaron hacer la pedagogía del acuerdo, se procuró abrir espacios de discusión y análisis en diferentes escenarios, sustraer del debate político polarizado y viciado la discusión de un documento esencial para la paz del país, y alcanzar por fin la anhelada reconciliación, desafortunadamente parecería que la estrategia no dio resultado.

Colombia perdió –temporalmente–, la oportunidad de refrendar un acuerdo negociado durante cuatro años, que aunque no fuera el acuerdo perfecto, era “el mejor acuerdo posible”. Por el momento no queda menos que reconocer que nadie tenía listo un plan B ante este resultado, la comunidad internacional y varios sectores nacionales se mostraron sorprendidos, y evidenciaron la ausencia de salvaguardas ante este episodio.

Los plebiscitos, como los referendos -en tanto mecanismos de participación popular-, son figuras atípicas y complejas, el todo o nada del Sí y el No son muy difíciles de promocionar, y generan una baja participación al no suponer la elección de personas.

En igual sentido, situaciones atípicas como el huracán Matthew que afectó a la costa caribe, el coletazo del clima en el interior del país, y el poco tiempo para la difusión del acuerdo, así como el bajo interés por la lectura de los mismos, supuso un resultado adverso, en el entendido en que la opinión se deja guiar por amplificadores de los mensajes que le convenían a una u otra opción.

En un acto de contrición también es preciso anotar que tal vez el desequilibrio que existió sobre ciertos temas como la posibilidad de participar en política, la financiación estatal a la publicidad y a las campañas, y el haber hecho un acto con figuras como Maduro y Castro, no dejaban el mejor ambiente en ciertos sectores.

La desgastante e innecesaria lucha por las cartillas de educación sexual, la inoportuna destitución del procurador Ordoñez, y muchas otras situaciones de coyuntura política movilizaron sectores que silenciosamente castigaron en las urnas al gobierno sancionando con el No el acuerdo de paz.

Colombia sufrió un desgaste innecesario de parte y parte, la comunidad internacional sorprendida tras el apoyo irrestricto a la búsqueda de la paz, hoy se pregunta las causas de la división y la derrota del Sí.

El presidente de la república tiene un mandato popular, y la facultad constitucional y legal para haber intentado el Acuerdo sin la necesidad de refrendación popular, al haber escogido este mecanismo, y tras la sentencia de la Corte Constitucional, es claro que el Acuerdo es inaplicable; lo que genera el reto de reconducir el rumbo con miras a concertar con todos los sectores, especialmente los del No, el nuevo instrumento que, de acuerdo con la jurisprudencia y la ley, también debería ser refrendado, lo que avizora un panorama complejo.

La academia y los sectores sociales fueron los más interesados en promover el Sí, así mismo las víctimas fueron el centro del debate. A pesar de que las condiciones alcanzadas fueron laxas para algunos, estas cumplían los estándares internacionales y suponían el primer peldaño para la constricción del posconflicto y la reconciliación.

Esperemos que ante esta adversidad se genere la oportunidad, y los voceros del No encuentren el camino adecuado de dialogo e interlocución con el gobierno, ya que la reconciliación y la unidad entre los sectores debe dar una muestra de grandeza que no termine con este esfuerzo en un rencilla política.

El No tiene interlocutores muy valiosos que seguramente no serán menores a este gran reto histórico y la oportunidad de lograr un consenso, el mejor consenso posible que venza este obstáculo.

Rector de la Universidad Autónoma del Caribe.

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