Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/07/07 15:54

“Esto es más que un paro camionero”

Para Ramsés Vargas la vida del colombiano promedio cuando se encuentra desabastecido, o con precios absurdamente incrementados sobre ciertos productos.

Ramsés Vargas Lamadrid (*)

El país lleva un mes en paro camionero. Realmente para el grueso de la población estas manifestaciones pasan desapercibidas, hasta que tocan el bolsillo por el aumento en el precio de los productos de la canasta familiar, se generan los bloqueos y dificultades para transitar, o se evidencia la escasez en plazas y supermercados. 

Lo de los camioneros no es un tema nuevo, ni el único que “para” como forma de protesta. Hemos vivido meses con la justicia en “paro”, crisis en el sistema de salud, y los ocasionales paros de maestros; curiosamente todos servicios públicos a cargo del Estado que, tristemente, pueden ser reemplazados a veces por el sector privado en mejores condiciones, pero con desigualdad.

Pero, volviendo al paro caminero hay que decir que esta protesta ya es una vieja conocida. Han pasado 31 días desde que cesó la actividad de carga terrestre, más allá de las normales afectaciones producto del paro, se han interceptado comunicaciones en donde algunos sectores invitan a la violencia, al vandalismo, al bloqueo, lo que no puede ser permitido y debe ser sancionado.

Las pérdidas por el paro camionero se calculan en casi $730.000 millones de pesos, de esto casi $388.000 millones corresponde a fletes, $168.000 millones a combustibles, principalmente ACPM, $118.000 millones a lucro cesante, y $51.000 millones a peajes.

Este cálculo efectuado por ASECARGA no incluye a los camiones sencillos, los que representan un gran porcentaje de la capacidad de carga terrestre en el país.

Pero el paro va más allá de la protesta de un sector, como lo mencioné, esto es parte del problema, a lo que se suma el alza en precios de productos, la escasez, la pérdida de ingresos por fletes, combustibles y peajes; y las afectaciones a la cadena logística que integra el mundo del transporte en donde hay empresas, logística y servicios, así como los negocios informales que se generan alrededor de la carga en lavado, alimentación u hospedaje, solo por mencionar algunos.

El gobierno presentó una propuesta enmarcada en las relaciones económicas (aumentar costos de operación el 8,6%), la chatarrización (sacar vehículos de más de 25 años), el saneamiento de las matriculas irregulares (ingresar nuevos y chatarrear “irregulares”), las condiciones laborales; así como el precio de los peajes y combustibles.

Más allá de la eterna lucha de los camioneros contra las tablas de fletes, la presunta sobreoferta y un parque automotor desigual e irregular, el fondo de la discusión versa también sobre la competitividad, el estado de la infraestructura, la larga marcha entre los puertos y los lugares de destino e ingreso de la carga, todo lo que afecta no solo nuestra competitividad, sino la vida del colombiano promedio cuando se encuentra desabastecido, o con precios absurdamente incrementados sobre ciertos productos.

El gobierno nacional no es un novato en cuestión de paros camioneros, el descontento del sector es evidente, y viene asociado a muchos otros temas como la calidad de las vías y el costo de los peajes. En igual sentido, existen grandes compañías transportadoras y pequeños transportadores casi unipersonales que viven de esta actividad, lo que genera un panorama desigual que complica aún más el panorama.

En Estados Unidos, por ejemplo, el sindicato más grande agrupa varios sectores de la industria, pero se inició con la carga y el transporte, el mítico Teamsters cuyo presidente general y honorario fue James “Jimmy”

Hoffa y que sigue siendo el sindicato más fuerte de norte américa. El sector de carga y transporte de los Teamsters reúne a 75,000 miembros en 200 sindicatos, lo que le da una fuerza política y capacidad de lobby innegable.

Parece que en Colombia la misma división del sector no les permite lograr concertación y obtener ventajas comparativas para toda la industria, y no para pequeños grupúsculos que con inmediatez pueden lograr victorias efímeras o complicar al gobierno que, con afán, puede optar por mediadas coyunturales, como suele suceder.

Sea pues el momento para revisar el paro camionero, uno que en todo sentido afecta la vida diaria de la nación, desde los precios de los alimentos, hasta la libre movilidad, una discusión que no es ajena a muchas de las necesidades que tiene nuestro país en infraestructura, regulación, seguridad, competitividad e integración. Por todo esto, esto es más que un paro camionero.

 

*Rector de la Universidad Autónoma del Caribe

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