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Opinión

  • | 2016/12/24 15:45

    Relaciones dificiles

    Nuevamente la frontera colombo venezolana se convierte en el escenario de los desafueros del régimen venezolano, y su crisis económica y social.

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En un absurdo discurso, el presidente Nicolás Maduro insiste en una guerra económica orquestada por la oposición, la industria y las mafias colombianas.

En primer término, hay que precisar que la oposición venezolana - a pesar de los escaños alcanzados en las últimas elecciones parlamentarias -, sigue siendo un actor muy débil en un sistema eminentementepresidencialista con un régimen de partido único.

De otra parte, la industria y el aparato productivo venezolano es prácticamenteinexistente, tras la desastrosapolicita económica y laboral implementada por el chavismo, y continuada por el “madurismo”, receta para el desastre en donde se expropiaba sin garantías, se fijaban precioscaprichosamente, se incumplían obligaciones, y se generaba totalincertidumbre jurídica, tributaria y laboral; lo que a la postre obligó a la salida de inversionistas nacionales y extranjeros.

Tal vez la tesis más exótica es la que tiene que ver con las “mafias colombianas”. Los populismos y los neopopulismos han echado mano de este recurso del enemigo oculto o del enemigo externo, figura que se utiliza con impunidad y acomodo para culpar a los demás de los problemas internos.

Siempre fue un recurso valioso para Chávez que aludía al imperialismo y a la granconspiraciónde la derecha internacional como los culpables de sus problemas, idéntico libreto que ha recogido Maduro para con Colombia.

Si algo se puede rescatar de este triste episodio y de las maltrechas relaciones bilaterales que hemos tenido,es el reconfortanteespíritude solidaridad y compasión de la población colombiana, quiénes venden sin restricción a sus vecinos venezolanos, reciben su moneda devaluada, proveen en una economía hiperinflacionaria, e incluso soportan fuertes presiones fiscales ante el uso y acceso a los sistemas de salud de los migrantesvenezolanos, que no encuentranmedicamentos ni atención en su país.

En una decisión irresponsable desdecualquier punto de vista macroeconómico, Maduro optó por prohibir la circulación de billetes de 100 bolívares fuertes, lo que aunado a los aumentos de salarios por decreto, la fijación de precios arbitrarios, y las tres franjascambiarias existentes en ese “cono monetario”a la venezolana, agravan la crisiseconómica y social que todos losvenezolanos deben padecer,ante la hiperinflación y el desabastecimiento.

La suspensión de circulación de moneda, la impresión de nuevas y más altas denominaciones, y la leyenda de que traficantes internacionales teníanbodegas llenas de estos billetes para especular y quebrar la economíavenezolana, es una fábula irrespetuosa e irresponsable que nuevamente apela al enemigo externo yoculto para excusar la incompetenciapropia.

La falta de efectivo y la alarma de un posible “corralito” desencadenaron protestassociales,pánicoeconómico, y el aumento de incidentes y muertes, que ya rondan las tasas de pandemia según reportesindependientesante la negativa oficial de reportar dichas cifras.

Culpar a las“mafias colombinas” de la falta de billetes, ampliar un cono monetario incomprensible y absurdo, limitar el flujo de efectivo circulante pero introducir nuevas y más altas denominaciones, son medidas que lo que harán a la postre será agravar aúnmás la situación, y aumentar el desespero venezolano.

Atrás quedó el derroche populista de subsidios y euforia petrolera.Tras la últimareunión de la OPEP y el descubrimiento en Texas del mayor hallazgo petrolero en la historia de los Estados Unidos, el crudoseguirámanteniendo el precio controlado, lo que afecta una economía basada en una bonanza petrolera que se convirtió en una maldición.

La otroraboyante Venezuela se ha convertido en un foco de tensión, violencia social, inseguridad, crisis en salud, educación y de todos los indicadores por donde se miren. La diásporavenezolana se ha trasladado a diferentes países, siendo Colombia un receptor principal.

Si algo ha quedado de estas relaciones difíciles es la solidaridad ante la adversidad.Así como Venezuela recibió con los brazos abiertos a los colombianos durantedécadas,ahora el pueblo colombiano no es menor a su compromisofraternal y recibe, no solo en la fronterasino en ciudades como Bogotá, Medellín y Barranquilla, a los miles de venezolanos que tuvieron que dejar su patria y buscar refugio en este país.

Es gratificante ver que los pueblos son superiores a sus gobernantes, y que en los momentos difícilesestos lazos de hermandad se estrechan.A nadie le hace bien la crisis venezolana, ni a sus connacionales, ni a Colombia, ni a la región, como lo hemos visto en los bochornosos incidentes protagonizados por la canciller Rodríguez en Mercosur, y las tensiones bilaterales y multilaterales por venir.

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