Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/08/02 16:27

Libre comercio

Entró en vigor el TLC suscrito entre la República de Colombia y la República de Corea. Queda la duda si seguir con el libre comercio o con el proteccionismo.

Ramsés Vargas Lamdrid (*)

. La negociación, suscripción y posterior aprobación de este instrumento no estuvo exenta de controversias internas en las diferentes ramas del poder público, así como en la academia y otros escenarios.

Pero más allá de este instrumento en particular, la pregunta relevante es si en pleno Siglo XXI vale la pena seguir en la discusión entre libre comercio o proteccionismo. Evidentemente el libre comercio no se inició con los TLC, casi que el desarrollo de la industria naviera, las empresas más ambiciosas de conquista y colonización, y las mas arriesgadas aventuras exploradoras venían matizadas por el interés de acceder a productos, comerciarlos, controlar rutas, o abrirse paso en diferentes mercados.

El comercio no solo potenció la navegación, sino que matizó y desarrolló muchas de las instituciones que hoy conocemos en materia de derecho internacional, relaciones internacionales, comercio exterior, migraciones, economía y geopolítica.

Los TLC son juzgados en el ámbito interno como desiguales, asimétricos, desproporcionados y lesivos; sin embargo, vale la pena preguntarse si el no suscribirlos o el no sumarse al comercio global nos garantiza alguna otra senda ante las embestidas que puede sufrir la industria nacional, la producción interna, la infraestructura, y otros factores como el precio de las divisas, la inversión extranjera y el precio de los commodities.

El caso del TLC con Corea puso de presente varias situaciones que seguramente ya se habían advertido en su momento con los TLC celebrados con los Estados Unidos (2006), los Estados EFTA (2008), Canadá (2008) y la Unión Europea (2012); entre los que se señaló la necesidad de sectorizar, ejercer ciertas salvaguardas, preparar el mercado interno para los compromisos adquiridos y especializarse, lecciones que no son nuevas y cuyas consecuencias a veces no dejan de sentirse en el país.

El TLC con Corea tuvo varios rounds en el Congreso y su exequibilidad fue las más reñida que se recuerde, sin embargo, la expectativa que genera el nuevo mercado seguramente es una buena oportunidad si se sabe aprovechar, y si se entiende que el comercio exterior y las relaciones internacionales, económicas, políticas y migratorias, no pueden venir desarticuladas de las relaciones exteriores, y del rol coordinado que deben desempeñar las embajadas, consulados y representaciones comerciales, así como las agremiaciones y asociaciones.

Según ProColombia (antes Proexport) más de 7.400 productos colombianos podrán ser exportados a Corea. Asia es un mercado aún desconocido por nosotros, el cual representa casi el 65% del comercio internacional, reúne el 60% de la población mundial, y aporta el 41% del PIB mundial. La participación colombiana en el mercado de Asia – Pacífico es de solo el 15%, por lo que el tratado representa una oportunidad importante para los sectores de agroindustria y manufacturas, lo que puede ayudar a mejorar la caída en exportaciones del 2016, que fue de entre el 22,4% y el 24,8%, y el déficit comercial de US$1.521 millones aproximadamente.

Otra necesidad imperiosa con los TLC, no solo el de Corea, es el de especializarse y articular las necesidades y compromisos adquiridos en el marco de otros escenarios como la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Es así que países como Chile y Brasil, expertos regionales en el libre comercio, han identificado sus fortalezas y han desechado sectores débiles o poco especializados que en nada ayudan a su canasta exportadora, y por ende a hacer un buen negocio en materia de comercio exterior.

Mercados como los del Oriente Próximo y África significarán un importante segmento en la década por venir, y son lugares en donde México, Brasil, Chile y Perú ya adelantan esfuerzos, por lo que Colombia no puede llegar de colero y deberá aprovechar sus ventajas y productos estratégicos para sumarse oportunamente a las nuevas posibilidades y dinámicas del comercio global.

El seguimiento efectivo a los TLC es tarea de todos, los poderes públicos, pero sobretodo la academia, las agremiaciones, la prensa especializada y las asociaciones deben coordinar esfuerzos para que estos instrumentos no se conviertan en munición política, sino que sean verdaderas oportunidades para lograr bienestar y desarrollo a través del comercio internacional, lo que no hace otra cosa que fortalecer el aparato productivo, y propiciar empleo de calidad, recaudo tributario, formalización, aportes al sistema de seguridad social, entre otros elementos necesarios e  importantes ad portas de un posconflicto.

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