Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/06/02 00:00

Razón de realidad

lo malo no es tanto que nadie entienda las propuestas erráticas de este presidente lunático. Lo malo es que él no entiende a las farc

Razón de realidad

Nadie entiende muy bien por qué el presidente Uribe ha decidido improvisadamente (como suele) ordenar (si es que eso cabe en sus atribuciones) la excarcelación (si es que ellos se dejan) de varios centenares (si es que hay tantos que cumplan el requisito de estar limpios de delitos atroces) de presos de las Farc. No lo entienden muy bien ni los periodistas, ni los políticos (uribistas o de la oposición), ni los obispos, ni los militares; y ni siquiera el Ministro del Interior y Justicia, que teme que la medida pueda ser impugnada ante el Consejo de Estado. Por añadidura, los presos afectados la rechazan.

Pero no importa. Ya han sido enviados desde distintas cárceles del país al aeropuerto militar de Catam, y de ahí embarcados en buses hacia Chiquinquirá. Y el presidente Uribe los ha nombrado voceros de su organización para discutir con ellos la liberación de secuestrados. Porque tampoco importa que ellos no quieran ser voceros, ni estén autorizados por sus jefes para serlo: el fíat del Presidente es inapelable: ¿no matriculó acaso el otro día a la fuerza y por televisión en cursos de bachillerato a distancia a un muchacho que lo que quería era un microcrédito agrícola? Sí. Pues eso.

¿Para qué? No lo sabemos. Lo sabremos, quizá, el 7 de junio, fecha misteriosamente mencionada por el Presidente como la señalada para revelar la misteriosa "razón de Estado" que lo impulsa a tomar decisiones incomprensibles. Dicen que lo que pretende es forzar a las Farc a una liberación recíproca de secuestrados para impedir que ante la galería (ante la llamada "comunidad internacional") el gobierno quede bien, y ellas queden mal. En resumen, que su "razón de Estado" no es más que la habitual razón de Imagen.

Puede ser. Lo malo, sin embargo, no es tanto que nadie entienda las propuestas erráticas de este Presidente cada día más ideático y lunático. Lo malo es que él no entiende a las Farc. "La Far", como las llama. Y no lo digo por hacer mofa de su pronunciación, sino porque al llamarlas de ese modo muestra que no ha entendido que la C final de la sigla no es un capricho fonético, sino que corresponde a la C de Colombia. Como indica su nombre completo, las Farc son unas fuerzas que están armadas, se consideran revolucionarias y pretenden actuar en nombre de Colombia. O sea: son una organización político-militar con presencia nacional, y no una simple pandilla de bandidos (como también las llama habitualmente el presidente Uribe).

También son eso, a la vez. El propio Presidente lo ha sufrido de cerca: mataron a su padre, dejaron a su hermano malherido en un fallido intento de secuestro. Esos asesinatos, esos secuestros, son métodos de bandidos. Pero por eso mismo muestran un rasgo de las Farc que la propuesta presidencial finge ignorar: que no tienen hígados, y en consecuencia no les importa quedar mal ante la galería. No les importa la imagen, sino la realidad. Les importa ser tenidas por lo que son: un grupo insurgente que busca la toma del poder político por la fuerza de las armas, y sin hacerles ascos a sus métodos de lucha y de financiación, desde el secuestro hasta el tráfico de drogas. Por eso al gesto de imagen del presidente Uribe no se sienten obligadas a responder con la misma moneda imaginaria, devolviendo secuestrados en reciprocidad por los presos liberados. Eso sólo les interesa si se da bajo la forma que ellas mismas proponen, y que es el canje público de los que llaman "presos políticos" o "prisioneros de guerra". Y el principal objetivo de ese canje no es el de recuperar a sus presos para que vuelvan al combate (lo cual, por otra parte, está excluido en las condiciones de la propuesta de liberación unilateral); sino el de que quede oficialmente reconocido su carácter real, que es el de fuerza política beligerante.

A eso se niega en redondo el gobierno de Uribe. No tanto por motivos políticos -al fin y al cabo el reconocimiento de la beligerancia de las Farc lo han hecho todos los gobiernos que han entablado negociaciones con ellas, por lo menos desde los años de la tregua de Belisario Betancur- como por motivos ideológicos: no quieren reconocer que el conflicto armado que se prolonga desde hace décadas tenga razón de ser: con base en esa pretendida falta de razón, el Presidente llegó durante años al extremo de negar que hubiera conflicto, con absoluta insensatez y contra toda evidencia. Su curiosa propuesta de liberación de presos que no quieren ser liberados es una manera retorcida de empezar a reconocer la existencia de la realidad. Su pretendida "razón de Estado" es, en el fondo, una "razón de realidad": la aceptación resignada de que la realidad es terca.

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