Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/05/04 12:05

Rectificación

Por orden del juez 50 penal del circuito, mediante sentencia del 27 de abril del 2016, notificada el 2 de mayo del 2016, me permito rectificar las siguientes frases de mi columna de opinión: “Más rigor, por favor”:

Alfonso Cuéllar

- "Todo parece indicar que la presunta violación de 53 menores por gringos en Melgar no tiene fundamento. Grave precedente" y "no hay evidencia alguna de que lo dicho por la Comisión y en particular, Vega sea cierto", publicados en el artículo "Más rigor, por favor".

- "Un académico que no le pareció necesario investigar antes de publicar; violando un fundamento de su profesión".

De acuerdo con el señor Renán Vega Cantor, la información fue extraída del texto de Anna Kucia, The Complex Relationship Between Private Military and Security Companies and the Security of Civilians: Insights from Colombia.

Así mismo publico la nota aclaratoria del accionante Renán Vega Cantor:

En la edición virtual de la Revista Semana apareció un artículo de opinión de Alfonso Cuéllar, con el título “Más rigor, por favor”, el día 9 de mayo del 2015 y dicho artículo permaneció colgado en un lugar visible de esa edición virtual por lo menos durante cuatro días [1].

En este artículo se hacen unos señalamientos graves, irresponsables y sin el menor fundamento a mí, con nombre propio, y al informe que escribí para la Comisión Histórica del Conflicto Armado y sus Víctimas, continuando con la cadena de mentiras e infundios que iniciaron Adriaan Alsema de Colombia Reports y La Silla Vacía, con el fin de desvirtuar los resultados que presenta mi ensayo sobre la injerencia de Estados Unidos en Colombia y su directa participación en el conflicto armado que soportamos desde hace más de medio siglo.

El mencionado “periodista” al iniciar su columna sostiene: “Todo parece indicar que la presunta violación de 53 menores por gringos en Melgar no tiene fundamento. Grave precedente”. A partir de tan poca seguridad, que se confirma con las palabras “todo parece indicar”, el autor sostiene, eso si ya sin ninguna duda, que “no hay evidencia alguna de que lo dicho por la Comisión y en particular, Vega sea cierto” [2]. Para sustentar su afirmación recurre a una supuesta “investigación” de Colombia Reports y al artículo escrito por Miguel Rueda, de Fusión.

En mi respuesta a las mentiras divulgadas por La Silla Vacía, que son las mismas que repite Cuéllar, comprobé que sí existen evidencias de los abusos de militares de los Estados Unidos y la cifra de 53 casos yo no me la inventé ni mucho menos, sino que proviene del escrito académico de la investigadora Anna Kucia del 2008 sobre la influencia de militares de los Estados Unidos en algunos aspectos de la sociedad colombiana [3].

Cualquiera que tenga dos dedos de frente puede detectar fácil y rápidamente que el artículo de Adriaan Alsema, en Colombia Reports, carece de cualquier fundamento serio, si tenemos en cuenta que su autor reconoce que no lee (porque supuestamente en el mundo moderno estamos muy ocupados), descalifica el informe porque no fue sometido a pares académicos (acaso los periodistas tienen pares académicos cuando escriben y difunden sus mentiras), le pide al rector de la universidad donde laboro que me obligue a hablar con los periodistas, descalifica mis méritos intelectuales por escribir en periódicos y publicaciones de izquierda, asegura que las cosas que yo digo en mi Informe no son ciertas porque son producto de un “antiamericanismo primario” y, lo más llamativo y cínico, que no han existido ni abusos sexuales ni violaciones por parte de militares y mercenarios de los Estados Unidos sino que esa es una invención propia de un simple “mito urbano” [4].

Creer a pie juntillas en este tipo de sandeces sí indica la falta de rigor del señor Alfonso Cuéllar y su altura investigativa y su seriedad a la hora de mentir y difamar. Porque no comparó, con calma y rigor, las estupideces que se encuentran en el artículo de Colombia Reports con mi informe de 60 páginas, que se constituye en una explicación estructural y de largo plazo sobre la presencia de Estados Unidos en Colombia.

La afirmación más irresponsable, y carente de cualquier rigor, de Cuéllar sostiene que soy “un académico que no le pareció necesario investigar antes de publicar; violando un fundamento de su profesión” [5].

Pues quien no investigó y se limitó a reproducir los disparates de Colombia Reports y las frases descontextualizadas de Fusión fue el seudoperiodista Alfonso Cuéllar, quien parece que no leyó el Informe que yo escribí, el cual tiene un amplio respaldo documental, y donde además se exploran una diversidad de aspectos sobre la injerencia de Estados Unidos en Colombia, tales como su apoyo a la formación de grupos paramilitares, el patrocinio de la contrainsurgencia y el terrorismo de Estado, su formación doctrinaria a militares involucrados en los asesinatos de Estado (mal llamados “falsos positivos”), su patrocinio al uso del glifosato contra campesinos e indígenas, su alianza con grupos de asesinos (como los Pepes en Medellín) y un largo etcétera.

Carece por completo de cualquier rigor y seriedad un individuo que goza del privilegio de escribir en un medio informativo de los dueños de Colombia para señalarme como irresponsable en mi labor investigativa basándose en las “habladurías escritas” de Colombia Reports, sin preocuparse por indagar lo que allí se dice.

Además, a Cuéllar le preocupa que supuestamente haya impuesto una “verdad absoluta para la opinión pública”, que no aclara cuál es, pero que parece referirse al hecho de que son responsabilizadas como causantes y generadores de violencia el Estado colombiano las clases dominantes –así como sus medios de comunicación tradicionales, como la Revista Semana-.

Esto es lo que le incomoda a nuestro “riguroso” opinólogo, quien no necesita ni siquiera leer, sino que deja que otros lean por él, y luego, con la impunidad que le da el poder de figurar en un poderoso medio de desinformación, calumnie y descalifique a quienes no están de acuerdo con las falsas verdades de las clases dominantes de Colombia. Porque, hay que subrayarlo con claridad, no estamos ante una simple opinión de Alfonso Cuéllar sino que él miente, desinforma y tergiversa en forma malintencionada al decir, sin ningún respaldo, que yo no tengo evidencia documental sobre los abusos sexuales de militares de los Estados Unidos.

Porque, en últimas, lo que le preocupa a Cuéllar radica en que se sepa la verdad acerca de la responsabilidad de los poderosos de este país –incluyendo a sus sostenedores externos, es decir, los Estados Unidos–, lo cual lo reafirma al terminar sus “habladurías escritas”: “Temo que la ligereza con que se ha tratado esta historia sea apenas el preaviso de lo que nos espera si se constituye la tan mentada comisión de la verdad. Y lejos de tener una mayor claridad sobre qué pasó en estas difíciles décadas de guerra, terminemos ahogados en acusaciones sin fundamento. Y de ser así, que no cese la horrible noche” [6].

Claro, lo que le asusta a los dueños de Colombia –de los que Cuéllar se presenta como uno de sus voceros– es que se sepa la verdad de la responsabilidad directa de industriales, grandes comerciantes, bancos, terratenientes, periodistas y dueños de medios de comunicación, empresas multinacionales, de los máximos responsable del Estado durante los últimos 70 años y, por supuesto, de los Estados Unidos, en el patrocinio del terrorismo de Estado, con sus múltiples crímenes.

Para el “riguroso” columnista Cuéllar deben ser acusaciones sin fundamento los cinco mil asesinatos de los “falsos positivos” durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez, el patrocinio de la Chiquita Brands a los paramilitares en el Urabá (que mataron a miles de personas) y por lo cual esa empresa fue sancionada en Estados Unidos con 25 millones de dólares de multa, los desaparecidos del Palacio de Justicia, el bombardeo a Santo Domingo (Arauca) en 1998, cuando fueron masacradas 17 personas por bombas que fueron lanzadas desde aviones de la FAC y con participación directa de mercenarios de los Estados Unidos, las torturas generalizadas durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala… y miles de acontecimientos similares, propios del terrorismo de estado a la colombiana.

Estas son las “verdades sin fundamento” que aterran al señor Alfonso Cuéllar y él, con su enorme rigor informativo, no quiere que se conozcan.

En Twitter Fonzi65

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