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Opinión

  • | 2014/01/04 00:00

    Rectificación patriótica

    La Unión Patriótica a través de Twitter exigió la rectificación de mi columna anterior.

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Cometí el pecado de recordar que era el “antiguo brazo de las FARC”. ¡Además, que se investigue mi conducta! ¡Qué miedo! Para ese partido la columna contiene “palabras que son balas asesinas… son peligrosas arriesgan la vida de nuestros líderes, pedimos rectificación”. Guarín “instiga a la violencia y al genocidio político”. ¡Pura propaganda! ¡Carreta! ¡Paja!
¡Ahí va la rectificación!

¿A quién se le ocurre decir que las FARC y la Unión Patriótica tuvieron vínculos o que el grupo armado adelantó su estrategia utilizando una organización política legal, con personería jurídica otorgada por la Corte Electoral, en el marco de la combinación de todas las formas de lucha?

Respuesta: a las propias FARC y a líderes de la Unión Patriótica y del Partido Comunista. Veamos algunos ejemplos:

Primero. ¡Que la UP es resultado de los Acuerdos de La Uribe de 1984! Observación superficial. En 1983, en el “Informe al pleno amplio del Estado Mayor Central de las FARC”, Jacobo Arenas indicó que los planes apuntaban a convertir las campañas electorales en “una forma de lucha de masas de gran importancia”. En 1994 Manuel Marulanda, en un discurso con ocasión de los 30 años del grupo, subrayó que las conclusiones de la séptima conferencia (1982) comprendieron “la salida política al conflicto” con el fin de que “el movimiento pudiera hacer sus planteamientos políticos, económicos y sociales”. La UP nació en ese contexto con el fin de ser un elemento vital para impulsar el proceso revolucionario.

Segundo. ¡Qué la UP nunca fue el brazo político de las FARC! ¡Pero si fue fundada por las FARC! Boris Cabrera, quien comparte ese mismo título, el de fundador, relató en entrevista a la Silla Vacía: “La UP fue una creación directamente de las Farc. A la UP confluyó el Partido Comunista, otra serie de organizaciones, pero nunca se escondió que el primer candidato presidencial fue Jacobo Arenas. Braulio Herrera era el secretario ejecutivo. E Iván Márquez fue uno de los parlamentarios”. ¿Entonces? ¿Por qué se indignan, señores de la UP?

Tercero. ¡Que la Unión Patriótica era el partido de la paz! Falso. Nunca lo fue. Por el contrario, se creó para impulsar la estrategia de escalamiento de la guerra irregular, el terrorismo y el crimen aprobada por las FARC en 1982. Alberto Rojas Puyo, exsenador de la UP y clave en el proceso de paz con el gobierno Betancur, en entrevista con Steven Dudley, señaló: “Desde el comienzo, las FARC y el Partido Comunista consideraban la UP como un instrumento político para su proyecto de insurrección”. Y Álvaro Salazar, jefe de propaganda de la UP, aceptó en otra conversación con el escritor que “Jacobo nunca quiso que el partido fuera más que la apertura de un espacio político para el movimiento militar. Esto hacía parte del plan de guerra. Éramos el batallón de sacrificio de tal manera que pudieran justificar su guerra”. Antropófagos.

Peor aún. Cuadros de la Unión Patriótica en Urabá fueron acusados de estar detrás de las matanzas contra integrantes del partido Esperanza, Paz y Libertad. ¿O se les olvida la masacre de la Chinita hace 20 años?

Y finalmente, un profesor exintegrante del Partido Comunista, Medófilo Medina, en carta a Alfonso Cano reconoció que la UP “tuvo que cargar con el fardo de sostener la política de combinación de todas las formas de lucha”. Y que el exterminio –que, en mi opinión, jamás debió ocurrir, ni jamás se debe repetirse-, se debió en parte al “intento de sentarse en dos sillas a un mismo tiempo”, la de la guerra y la de la política partidista.

Queda claro, camaradas, que sus propias voces reconocen que en su nacimiento la UP tiene el ADN de las FARC. ¿Qué reclaman? Lo repito: sí fueron el brazo político de las FARC.

Que eso fue en los años 80 y 90. ¡Tema superado! Pero, ahora, ¿cómo explicar que en los discursos de instalación del reciente Congreso de la UP Piedad Córdoba salude a “los compañeros de La Habana, a los compañeros las FARC” y que ese Congreso apruebe iniciar una campaña a favor de Simón Trinidad? ¡Rectifiquen! ¡No repitan las dos sillas! Es inaceptable en una democracia que en el seno de un partido político se trate de compañeros a criminales de lesa humanidad y se les defienda.

Sobre Marcha Patriótica es suficiente con la denuncia que hizo el Ministro de la Defensa, Juan Carlos Pinzón, en agosto del 2012: “Esas organizaciones terroristas han optado por tratar de movilizarse hacia lo que llaman el movimiento de masas y han aparecido temas como la tal Marcha Patriótica, que yo aquí puedo decirlo con claridad eso está financiado en buena medida por la organización terrorista de las Farc”.

Y la alocución del presidente Santos del 30 de agosto del 2013 en la que acusa a Marcha Patriótica de intervenir en el paro agrario y rechaza “la protesta obligada a punta de fusil o amenazas” ¿Por qué la Fiscalía no presenta resultados en esas investigaciones? ¿O es que ni investigaciones existen, señor Montalegre?

¡Pero comprendo la indignación! Cargar con una herencia de asesinatos, masacres y atrocidades no es fácil. Menos, que se la recuerden. Pero la verdad escrita en una columna no incita al “genocidio”, ni se puede reducir al odio. La verdad, como la justicia, purifica a los victimarios y a sus aliados camuflados en partidos políticos. Dicen que quieren la paz, pero les molesta que se hable de su verdad. Quieren la de los asesinos paramilitares pero, por ningún motivo, la propia.

La paz se debe basar en la verdad, no en evadir la responsabilidad histórica con señalamientos destinados a satanizar a quienes la revelan o la reclaman. O peor, a ponerlos en la mira asesina de las FARC. Ese, señores de la UP, es el método de los violentos, no la práctica de los demócratas y menos puede ser la de quienes deben demostrar al mundo que ya no son lo que fueron, amanuenses de un grupo terrorista, sino ciudadanos que apuestan en el marco de la Constitución.

En Twitter: @RafaGuarin
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