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Opinión

  • | 2014/09/10 00:00

    Animal Spirits

    A tan solo un mes de haber comenzado el segundo periodo presidencial, son millares los ciudadanos desengañados que creyeron ganar y cayeron en el señuelo de una paz incierta.

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John Maynard Keynes, leseferiano arrepentido y vergonzante, padre de los subsidios, en su obra Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, acuñó la expresión ‘espíritus animales’ (en inglés Animal spirits) para explicar cómo la emoción influye más que la razón en el comportamiento humano, pudiéndose ponderar en términos de confianza.

Valiéndose de este término, Keynes explicó que además de la inestabilidad que produce la especulación en el mercado, hay otra inestabilidad que deviene de la naturaleza humana y que frecuentemente hace que la conducta dependa más del deseo que de una expectativa matemática, moral, hedonista o económica.

Es claro que la mayor parte de las decisiones, cuyas consecuencias tan solo se conocen a futuro, son el resultado del influjo del espíritu animal que no es nada distinto al estímulo que impulsa a la acción, desestimando el análisis previo de consecuencias o de beneficios cualitativos o cuantitativos multiplicados por probabilidades ciertas.

Si bien la expresión es aplicable al comportamiento que observan los consumidores en el mercado, es evidente que en política también aplica, y que en Colombia la dudosa reelección del Gobierno respondió al “animal spirits”.

La memoria colectiva no existe y de ello se nutren los políticos y los malos agentes del mercado, quienes a diferencia de los consumidores adoptan medidas racionales fundadas en la conveniencia coyuntural y el utilitarismo, y no en la emoción o el optimismo.

Así lo corrobora el hecho que a tan solo un mes de haber comenzado el segundo periodo presidencial sean millares los ciudadanos desengañados, que creyeron que ganaban y cayeron en el señuelo de una paz incierta.

El país, antes que evaluar con juicio las propuestas de campaña, se dejó guiar por su “animal spirits” y le apostó a la esperanza y a la incertidumbre, antes que a la evidencia cierta de un periodo presidencial plagado de yerros, desaciertos e improvisaciones, así como a la felonía incorregible de un puñado de narcoterroristas anacrónicos.

Es claro que cada día que transcurre, se devela el secuestro de un gobierno sin rumbo, condenado a complacer la impunidad, así como la voracidad insaciable y la carencia de ideales de unos cabecillas desvergonzados que juegan sin piedad con la ingenua esperanza nacional de ver el fin de una insurgencia terrorista.

Pero contra toda evidencia, Santos insistirá en decretar la paz a cualquier costo no para lograrla sino para lucrarse de ella, soñando con una nominación al Nobel de Paz. Y es que ante la falta de resultados de su gobierno no tiene alternativa distinta a politizar la paz, dividir más al país e intimidarlo con la guerra, ignorando que la paz es un bien anhelado por todos que a nadie le pertenece y que su logro es el resultado del orden, la justicia y la equidad, y no de la impunidad.

No siendo poca la improvisación de su Gobierno, sobrecoge la manera como se le desvanece la “unidad nacional”, débilmente cohesionada con indebidos estímulos mimetizados bajo la vulgar expresión “mermelada”, que no es nada distinto al uso abusivo y pernicioso del erario.

Santos olvida que la nación sigue a la espera de sus propaladas reformas a la educación, justicia, salud, pensional, financiera, minera, carcelaria y política, así como de su Plan Integral de Desarrollo que ajuste y haga sostenible el modelo económico, y disminuya las hondas diferencias sociales que tantos desencuentros producen.

Al parecer alguna vez el Santos, como es su característica, paseó sin rigor su mirada sobre la obra de Keynes y pudo sumariamente advertir, que ante su falta de estatura de estadista, debía siempre apelar al “animal spirits”.

La evidencia de los hechos demuestra, que la nación navega a bandazos y sin rumbo alguno, y que su “animal spirits” la mantiene desorientada.

En Twitter: @rrjaraba
*Consultor Jurídico y Corporativo. Especialista en Derecho Comercial, Financiero y Contratación Internacional. Magister en Derecho Empresarial, Catedrático Universitario. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.
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