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Opinión

  • | 2005/11/22 00:00

    Reelección indefinida

    La historia está llena de ejemplos que corroboran que los mandatarios que logran una primera reelección, buscan la segunda. Y que además lo niegan

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La iniciativa ha empezado a ambientarse en voz baja, como suele suceder en estos casos. Hace un mes, dos congresistas amigos del gobierno propusieron revisar nuevamente la Constitución para acabar con cualquier limitación a la reelección. La norma ya fue reformada para permitir la reelección inmediata y por una sola vez del Presidente. Sin embargo, un período más les sigue pareciendo poco a ellos, para este mandatario excepcional. "Pareciera que lo más democrático es que el pueblo pueda decidir, con su voto consciente y su voluntad muy clara, qué gobernante quiere, sin que le limitemos la soberanía al pueblo", sostiene uno de ellos. El segundo, mostrando las encuestas que arrojan índices gigantescos de aceptación para el mandatario, dice que las normas y su interpretación se deben adaptar a la expresión de las mayorías. "Yo creo que por encima de la voluntad popular no debe existir nada. Hay una desviación de lo que debe ser la democracia", reclama con energía. Los autores de las declaraciones citadas se llaman Nicolás Maduro y Pedro Carreño. Son, respectivamente, el presidente y el segundo vicepresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela. Los dos son partidarios fervientes del presidente Hugo Chávez, quien se presentará a la reelección el año entrante. Si las cosas siguen como van, y no hay interferencia externa, Chávez ganará -por ahora- seis años más en Miraflores. La idea de la reelección ilimitada ha sonado tanto entre los chavistas, que un tercer 'espontáneo' saltó al ruedo. El diputado Luis Velásquez, reconocido áulico del mandatario o 'jalador de bola', como dicen en el hermano país, se dejó de eufemismos y propuso de una vez por todas cambiar el respectivo artículo de la Constitución bolivariana para permitir la reelección indefinida de Chávez. Unos días después, el Presidente aclaró que Velásquez, su hombre de confianza, no había consultado con él esa propuesta. En su megaprograma televisivo de los fines de semana, el jefe de Estado rechazó sutilmente el planteamiento del legislador al señalar que "genera sospechas sobre el perfil democrático de mi gobierno". Pero lo que resultaría sorprendente es que el Presidente no supiera nada, cuando sus cercanos aliados son los autores de la iniciativa. La historia está llena de ejemplos que corroboran que los mandatarios que logran una primera reelección, buscan la segunda. Y que además lo niegan. Lo negaba Carlos Menem, en 1994, cuando sostenía que había que "cederle el cupo a una nueva generación de liderazgo popular en Argentina", mientras confeccionaba -con su opositor Raúl Alfonsín- el llamado 'Pacto de los Olivos' para reformar la Constitución y hacerse reelegir al año siguiente. Y negaba también, cinco años después, que manejara sus mayorías en el Congreso para -entre otras cosas- convertir la Corte Suprema en un órgano de bolsillo y buscar su segunda reelección. Lo negaba enfáticamente Alberto Fujimori cuando usaba medios de comunicación amigos -y pasquines teóricamente adversos a su gobierno- para desprestigiar al Congreso, al poder judicial y a sus opositores, días antes del autogolpe que lo puso camino a su segundo mandato. Después de haber descartado su aspiración, cambió de idea y sostuvo que su salida del poder sólo "sería un doloroso triunfo para los enemigos de la patria", ante lo cual accedió a sacrificarse otra vez. El 'ingeniero de la mano dura' logró incluso una segunda reelección, acudiendo a una interpretación amañada de la Constitución que había reformado a su medida. Por eso es previsible que el presidente Hugo Chávez, o cualquier otro mandatario en su situación, proceda de manera parecida. En un tiempo dirá que sólo quiere un mandato más. Que el período institucional se ha quedado corto ante los desafíos que afronta el país. Que el respaldo mayoritario en los sondeos demuestra que su permanencia en la Presidencia es un clamor del pueblo. Que nunca ha pensado eternizarse en el poder. Otra cosa muestran estos espejos y el que tenga ojos para ver, que vea.
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