Opinión

  • | 2002/10/06 00:00

    Reflexiones sobre los precios de los medicamentos

    El gobierno firmó un decreto que tenía a la expectativa a los laboratorios y a los usuarios del sistema de salud. El asunto tiene que ver con la regulación de los genéricos, objeto de gran controversia últimamente. Maximio Visbal, director de la Asociación Colombiana de Droguistas, escribe sobre el tema.

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Hasta 1998 existía un aparente control en los precios de los medicamentos. El laboratorio productor estaba en la obligación de presentar solicitud de autorización del precio para determinada droga y el Ministerio de Desarrollo Económico, contaba con 10 días para no autorizar el referido precio. Si no se pronunciaba se entendía que estaba autorizado.

El 30 de diciembre de ese mismo año, la Comisión Nacional de Precios de Medicamentos comenzó a hablar de la libertad en la fijación de precios de estos productos, así como también dejó en claro el control de precios a los productos de exclusividad terapéutica. Esta medida se oficializó con el Decreto 147 de 1999, proferido por el Ministerio de Desarrollo Económico.

En ese entonces, el gobierno nacional argumentó que el precio de los medicamentos debería ser decidido por la oferta y la demanda y que con esa política de manera indiscutible, iban a bajar los precios de los medicamentos, beneficiando obviamente al consumidor.

Pero la realidad fue diferente. Un buen número de laboratorios creyó que dicha medida no perduraría y que se volvería al régimen de control de precios, por lo que aprovecharon el cuarto de hora y utilizando la excusa de que estaban actualizando los precios, se presentaron incrementos hasta de más del 70 por ciento. Una denuncia formulada por la Asociación Colombiana de Droguistas Detallistas (Asocoldro) hizo que el Ministerio de Desarrollo, a través del Viceministerio de Industria y Comercio, tomara cartas en el asunto, consiguiendo que esos laboratorios reconsiderarán su decisión y redujeran en algunos puntos los incrementos realizados.

A partir de esa época, si se analizan desapasionadamente las cifras emitidas por el Dane, y si además se mira el incremento ponderado de la totalidad de los productos elaborados por un determinado laboratorio, mas no de manera individual o por producto, podría decirse que, en términos generales, los incrementos han estado dentro de márgenes relativamente razonables y que la mayoría han actuado de manera responsable. Pero aunque esto es relativamente cierto, quien padece determinadas enfermedades o sintomatologías, y a quien poco le importa cuál es el laboratorio y cuánto aumentó el precio, encuentra los productos más y más caros con incrementos desproporcionados que hacen cada día más difícil su compra, reafirmando la frase de que en Colombia curarse es un lujo.

Es conveniente comentar que es al droguista detallista al que le toca ponerle el pecho al consumidor, pues él no tiene ninguna injerencia en la fijación del precio inicial del producto farmacéutico que se comercializa en la droguería, ya que esta facultad es potestativa del productor.

De igual forma, no deben pagar justos por pecadores puesto que la gran mayoría de los laboratorios han actuado seriamente y no han incrementado irracionalmente el precio de los medicamentos, sino que por el contrario, cuando lo han hecho, tienen en cuenta fundamentalmente su estructura de costos. Son sólo algunos los que en determinados productos farmacéuticos, se han excedido, fijando incrementos de los mismos muy por encima de los índices de inflación y devaluación.

Esos laboratorios que no piensan en la salud de un pueblo sino exclusivamente en la parte comercial aducen, entre otras razones, que los productos que comercializan son importados y que su incremento depende sustancialmente de la fluctuación del dólar; o que les tocó realizar grandes inversiones para adecuar los laboratorios a la reglamentación de las buenas prácticas de manufactura, argumentos que son respetables, pero que no compartimos por cuanto aunque nadie debe trabajar a pérdida, también es cierto que en algunos casos productos farmacéuticos que importan, lo hacen por intermedio de sus casas matrices del exterior, obteniendo utilidad por punta y punta.

Ya para terminar, considero que todos los que tenemos que ver con la cadena de los medicamentos en Colombia, debemos ponernos la mano en el corazón y aplicar no teóricamente sino en la práctica, la premisa manifestada en días pasados por nuestro ministro de Salud, Juan Luis Londoño, cuando se refiere a que el país necesita medicamentos de calidad y a precios económicos.

El autor no se refiere a ningún medicamento o laboratorio en particular.

*Doctor en derecho y ciencias políticas
Director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Droguistas Detallistas (Asocoldro)

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