Sábado, 21 de enero de 2017

| 1996/02/19 00:00

REGALE LIBROS

ENTRE UN AGUA DE COLONIA Y UN LIBRO, NO LO DUDE: REGALE EL LIBRO. ENTRE UNA ANCHETA Y UN LIBRO... DEPENDE DE LA ANCHETA

REGALE LIBROS

Cualquier hierro viejo. Un libro delicioso para vacaciones, del inglés Anthony Burgess, cuyas obras empezaron a ser leídas con intensidad después de La naranja mecánica (que para ser justos se le debe más a Stanley Kubrick que al propio Burgess, pero bueno). Es una historia rara y bien escrita sobre lo que se podría calificar como una dinastía maldita del siglo XX.Arranca con un personaje que sobrevive de milagro al hundimiento del Titanic y sigue con la historia de sus hijos, que se enredan en todos los conflictos creados por la barbarie humana durante los últimos 100 años. Se empieza con la revolución rusa, se pasa por las dos guerras mundiales y se asoma, incluso, por la agitada creación del Estado de Israel.El hierro viejo es la espada del rey Arturo, o parece que lo es, y surge en la mitad de ese ajetreo moderno y contemporáneo del libro de Burgess.El presidente que se iba a caer. El recuento de Mauricio Vargas, Jorge Lesmes y Edgar Téllez sobre el proceso 8.000 es, sin duda, un buen libro. Está bien escrito y el lector se lo devora aun conociendo con anterioridad el tema y el contenido. Tiene una virtud técnica especial, que consiste en haber adoptado una estructura de diario para poder empaquetar un tema, de por sí disperso, de una forma coherente.Impresiona ver agrupada la montaña de indicios graves y evidencias claras sobre la financiación de la campaña liberal con plata del narcotráfico, que es la sensación más sólida que produce el libro y que, imagino yo, fue lo que los autores buscaron en forma deliberada. Después de su lectura quedan en el tintero un par de temas. El de la discusión sobre el derecho que tiene un periodista de revelar conversaciones privadas sin autorización de la fuente, por una parte. Aquí se entra en el debate acerca de si al escribir un libro las leyes del oficio no gobiernan al periodista, o si cada forma de publicación _diaria, semanal o eterna, como el libro_ tiene sus propias reglas. Y por la otra, si no se quedarían por fuera del relato episodios interesantes y reveladores del comportamiento de otros actores del problema que provocó la idea de escribir el libro.Traición. Este es un libro poco publicitado pero vale la pena meterle el diente. Es un recuento apasionante y muy bien documentado sobre el caso de espionaje y contraespionaje del célebre Aldrich Ames. El autor, David Wise, de quien jamás había oído hablar en mi vida, es conocido en Estados Unidos por ser el decano de los escritores de espionaje y uno de los hombres mejor informados sobre el tema en ese país. Se deja leer, también, de un tirón.La vida contra la pared. Esta es la mejor recopilación de grafitos callejeros, literatura de muro, pero de un solo autor: Luis Liévano. "Todos prometen, nadie cumple: vote por nadie". "Lo que antes nos unía ahora no se para". "Muerte... ¿vale la pena?". ¿Cristo = + y ficción, etc. Son algunos de los inteligentes y sugestivos brochazos (¿sprays?) de Liévano.Se me quedan buenos libros en el tintero, entre todos los que se están editando en Colombia por estos días, pero no los he leído. Me dicen que El alcaraván de Germán Castro es sabroso, con todo el ambiente de los Llanos Orientales y la cultura que ha florecido alrededor de los legendarios DC-3.La recopilación de las columnas de Antonio Caballero que sacó La Hoja de Medellín tiene que ser un buen libro. Si Caballero es inmejorable por entregas, leerle 15 años de una sola zambullida tiene que ser todo un placer. Mejor al lado de una piscina, claro, para aminorar la depresión.Y si está enhuesado porque quiere regalar un libro y no sabe cuál, váyase a la librería anticuario El Carnero, que tiene la colección más completa de literatura hispanoamericana que hay a la venta, y escoja. Es barato. Allí encontrará a alguien leyendo en inglés el libro Food Palace, que parece ser un retrato descarnado del mundo de la droga y la corrupción en Colombia, escrito hace casi 20 años por un inglés que estuvo de paso por estas tierras, y vio entonces lo que nosotros estamos empezando a ver ahora. Ojalá lo traduzcan pronto al castellano.

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