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Opinión

  • | 2014/05/29 00:00

    RELE: Una elección de interés para las democracias de América

    Los años que vienen no prometen ser pacíficos en cuanto a garantías a la libertad de expresión. De la CIDH depende asegurar un perfil autónomo.

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En julio la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) escogerá entre seis finalistas el reemplazo a la jurista colombiana Catalina Botero en la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE) de la OEA. El 31 de mayo es la fecha límite para enviar a la CIDH observaciones sobre los candidatos. 

La RELE es una institución del derecho internacional  que desde 1997 se encarga de velar y promover garantías a la libertad de expresión en el continente americano. Es un cargo importante para las democracias si se entiende este derecho como el oxígeno de la deliberación pública. 

Por el cargo de la RELE han pasado dos argentinos, un venezolano y una colombiana. A todos les ha correspondido trabajar en escenarios de constante disputa con las garantías a la libertad de expresión.  En sus inicios, buena parte de los países de las Américas apenas empezaban a sobreponerse a los efectos de las dictaduras. Alternando de una región a otra, la violencia contra la prensa no ha desaparecido y las garantías de justicia siguen siendo esquivas: la Colombia de principios de los años 2000 en la que se asesinaba una docena de periodistas al año puede ser el Honduras o el Brasil de hoy y el México de hace unos años.

En la última década también han llegado al poder de los Estados visiones distintas sobre la libertad de expresión que, con propósitos de democratizar la información, han adoptado marcos regulatorios. Algunos menos ajustados al orden internacional, en cuanto intervienen y sancionan excesivamente contenidos, como en Ecuador y otras, como el proceso que se adelanta en Uruguay  que ha contado con la participación de todos los actores y ha recibido el respaldo de organismos internacionales como una ley favorable al pluralismo informativo. 

Pero los retos no se agotan ahí. En marzo pasado la CIDH adelantó una audiencia sobre Perú en la que se exponían potenciales concentraciones en la propiedad de la prensa escrita, siendo este un debate abierto que se tramita internamente, pero en el cual es importante el apoyo técnico de instituciones como la RELE. En tiempos de movilizaciones sociales y protestas en el continente como en Venezuela, Colombia y Brasil, la RELE también ha respaldado el derecho a la libertad de expresión y ha invitado a los Estados a cumplir con sus obligaciones internacionales de garantía.

La evolución de las democracias de las Américas también ha implicado el desarrollo de estándares normativos como las leyes de acceso a la información pública y la despenalización de los delitos de injuria, calumnia, difamación y desacato como sanción a la libertad de expresión cuando se ejerce sobre asuntos de interés público.  La incorporación de estos estándares al interior de los Estados también ha contado con el acompañamiento experto de la RELE. 

Internet, como escenario en el cual la libertad de expresión puede garantizarse o restringirse, es otro campo de acción. Aspectos como la vigilancia masiva de comunicaciones y el bloqueo de contenidos son asuntos en los cuales la RELE ha definido lineamientos de interpretación y sobre los cuales se espera compromiso de los Estados para concebir un internet garante de la libertad de expresión y los derechos humanos.

Desde la sociedad civil no hay dudas sobre la necesidad de mantener y fortalecer la RELE. Es natural que los Estados, en determinadas circunstancias, la consideren como un actor que incomoda pero es precisamente allí donde el mandato de acompañamiento experto para armonizar el rumbo de las democracias con los estándares de libertad de expresión cobra sentido. Una RELE sin capacidad de interlocutar con los Estados para que los mecanismos de garantía de este derecho sean compatibles con sus obligaciones internacionales es un aporte flaco a la consolidación de las democracias.  

Catalina Botero terminará en octubre su mandato por la libertad de expresión en el continente. Desde el 2008, como nunca en su historia la RELE produjo una compilación de estándares útiles a los Estados para garantizar la libertad de expresión, trabajó de la mano con funcionarios públicos y actores de la sociedad civil y defendió casos de trascendencia ante la Corte Interamericana. También le correspondió ser el foco de atención en el momento en que algunos Estados promovieron una reforma estructural a la CIDH que implicaba la limitación del mandato y campo de acción de la RELE. Afortunadamente para la libertad de expresión de las Américas, este proceso no contó con los suficientes respaldos y perdió fuerza al interior de los órganos de decisión de la OEA. 

Pero en el derecho internacional estos precedentes dejan cicatrices. Nadie salió satisfecho después de más de dos años de debates sobre la reforma. Este es un asunto que no se puede desconocer y que hace de la elección del próximo relator una decisión importante. Si bien no caló la reforma, sí se instauró un ambiente tenso que marca una gran expectativa sobre la elección del nuevo relator.

Hoy concursan seis finalistas para ocupar a partir de octubre el cargo. Una guatemalteca, un ecuatoriano, un peruano, un chileno, un argentino y un uruguayo. Todos con gran trayectoria en la defensa de los derechos humanos desde sus respectivos contextos. Los años que vienen no prometen ser pacíficos en cuanto a garantías a la libertad de expresión. De la CIDH depende asegurar un perfil autónomo, experto, independiente y conciliador entre las distintas visiones que sobre la libertad de expresión se construyen en el continente.

En Twitter: @PVacaV
*Director de la Fundación para la Libertad de Prensa.
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