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Opinión

  • | 2011/08/09 00:00

    Renuncia de Bolillo Gómez: Carta Abierta a Luis Bedoya

    Después de todo, resultaba intolerable para cualquiera en sus cinco sentidos que Bolillo, cansado de no pegarle a los planteamientos tácticos haya resuelto pegarles a las mujeres.

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En el país de los noveleros, la novela de Bolillo Gómez haciendo patanadas a la salida de un bar bogotano concluyó, ante el clamor general, con su renuncia al cargo de director técnico de la Selección Colombia de Fútbol. Después de todo, resultaba intolerable para cualquiera en sus cinco sentidos que Bolillo, cansado de no pegarle a los planteamientos tácticos haya resuelto pegarles a las mujeres.

No vale la pena detenerse mucho en lo que toda Colombia sabe: Gómez siempre ha sido un guache. Lo supo la hinchada de Manizales que ante sus críticas en algún desesperante amistoso de Colombia se llevó de vuelta los comentarios destemplados de Gómez para quien allá “solo saben de toros”. Lo supo también parte de la prensa deportiva bogotana, que en una rueda de prensa -y gracias a un micrófono accidentalmente abierto- supo enterarse de cómo algunos de ellos, a su juicio, lo que se merecían era un tiro.

Tampoco vale la pena discutir si una conducta repugnante, que merece absoluto reproche social, -y de ser el caso hasta consecuencias legales- debió mezclarse con lo profesional. En cualquier caso, y sea lo que sea, la coyuntura es bienvenida. Gómez con lo mostrado en la Copa América y con lo que se había visto en los amistosos previos, dejó claro que el cargo y el equipo le quedaban grandes, y debía haberse ido hace un buen rato ya.

Es tiempo más bien de escribir una carta para que el momento sea aprovechado de la mejor manera y no termine en una nueva desilusión para el ya aporreado fútbol colombiano. Es momento de escribir una carta, por ejemplo a Luis Bedoya, a quien antes que nada hay que felicitar por el éxito de “su” mundial Sub-20.

No importa que lo sofisticado y bonito de los estadios se deba a la Nación y los municipios, que la buena organización sea prácticamente franquiciada de la FIFA y que el aparente buen desempeño de la selección Colombia se deba únicamente a los jugadores. De cualquier manera, gracias Luis.

En la carta habría que implorarle a Luis, a quien así se le puede llamar -abusando un poco de su confianza- que por una vez en su vida al mando de la Federación tome las decisiones correctas, no para él y los suyos, sino para el bien del fútbol colombiano. Habría que pedirle que no salga mañana en rueda de prensa con un Bolillo -bañado en llanto- a su lado argumentando que todos somos seres humanos que merecemos una segunda oportunidad, y que por tanto no se acepta la renuncia.

Hay que suplicarle para que no se le pase por la cabeza resolver el problema designando al manager Maturana para apagar el incendio. Éste, al fin y al cabo, es maestro de Bolillo, no solo en aquello de fracasar impunemente, imponer conceptos futbolísticos retrógrados, ignorar jugadores que no son de su cuño, sino también, según parece, en la forma de tratar a las mujeres. Esto tal y como lo denunció, hace algunos años, su exesposa, al aire y en vivo en un programa radial nocturno de alta sintonía en una importante cadena radial.

Hay que pedirle encarecidamente que aprovechando el ensueño de este país con los resultados del mundial juvenil, no traiga a Eduardo Lara de vuelta, por dócil que éste le resulte. Que lo deje quieto, en las juveniles, donde mal que bien había venido dando resultados durante varios años. Que no lo someta a las penurias de dirigir a unos tipos con un recorrido que les impida mirarlo con respeto.

Escribiéndole a Luis, puede que uno se emocione, se ponga pedigüeño, y hasta se atreva a pedir a un técnico competente, tal vez no el del Real Madrid o el Manchester United, pero si al menos uno como el de Perú o Venezuela. Pero bueno, Bedoya claramente no es el niño dios ni tampoco hay que soñar en algo a lo que todos sabemos él y sus escuderos en la federación no accederán nunca: Traer un técnico que se salga de control.

Así las cosas, dejando a un lado las ilusiones desmedidas y volviendo al conformismo al que nuestra cotidiana realidad nacional nos impulsa a diario, lo único que queda hacer es pedirle a Luis que tenga con Leonel Álvarez el elemental respeto que en su momento le negó a Reinaldo Rueda. Al menos para que este pueda evitar que el barco se siga hundiendo y pueda, quizás, demostrar que las pocas cosas buenas y respeto que se veían en la selección Colombia últimamente, eran efectivamente inspirados por él, como muchos sospechaban.

Como posdata y para no alargarse habría que recordarle al presidente Bedoya, y de paso al manager Maturana que la selección Colombia Femenina, que por cierto tiene cupo a los olímpicos, ya tiene técnico y lo viene haciendo bien. Así que allí, por favor, no le busquen “chamba” a Hernán Darío.

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