Domingo, 19 de febrero de 2017

| 2007/12/01 00:00

Réquiem por la democracia de Venezuela

La reforma de Chávez es un golpe de estado permanente, de los que hablaba Mitterrand

Réquiem por la democracia de Venezuela

Sólo a partir de este lunes sabremos la verdadera dimensión de la crisis con Venezuela. No es posible conocerla a partir de las palabras de Chávez, tanto porque el pasado muestra que lo que dice no es confiable (a Alan García, por ejemplo, lo tildó de "ladrón de siete suelas" y pocos meses después anduvo con él de abrazo y sonrisas), como porque las declaraciones de estos días están teñidas del color electoral que imprime el referendo de este domingo. No hay duda de que la dinámica de la confrontación sobre la reforma constitucional generó que el Teniente Coronel exacerbara su discurso contra Uribe y contra Colombia y le apostara a llevar su gente a las urnas a punta de nacionalismo.

A juzgar por las encuestas, por primera vez tiene serio riesgo de perder. Los resultados de cinco compañías distintas, en sondeos realizados entre el 9 y el 27 pasados, muestran una ventaja de 12 puntos en promedio para el no. Tan sólo la encuestadora tradicional de Chávez, Consultores 30.11, da posibilidades al sí. No podía ser de otra manera.

En Caracas no falta quien sostenga que, sea cual fuere la votación, el caudillo le torcerá el pescuezo al resultado. Si tales prevenciones se dan es porque el Consejo Nacional Electoral no da ninguna seguridad: por un lado, está controlado por personas de la entraña del chavismo; por el otro, hay serios cuestionamientos sobre la confiabilidad de las máquinas de votación y sobre el sistema de software empleado para la consolidación de resultados.

No importa qué pase, Chávez se vendrá contra Uribe. Si por un milagro, el resultado refleja su derrota, le atribuirá parte de la responsabilidad de la misma a la decisión de terminar con la facilitación y a las declaraciones que resaltaron el afán expansionista de su "revolución" y sus simpatías ideológicas con las Farc. Si gana, crecerá aun más su ego (toda situación por mala que sea, es susceptible de empeorar), y contará con la perspectiva de afianzarse en el poder por décadas y con la tranquilidad de saber que Uribe se retirará en tres años. En esas condiciones es previsible que arrecie las críticas.

Aun así, habrá que ver más allá de las palabras. Son los hechos los que darán la clave del futuro. No creo que haya ruptura de relaciones. Ese escenario sólo ocurriría si Chávez otorgara el estatuto de beligerancia a las Farc y todavía no puede darse ese lujo. En cambio, habrá que prepararse para los obstáculos a las relaciones comerciales. Vehículos, metalmecánica y manufacturas serán el objeto de las represalias. Es dudoso lo que ocurrirá con las confecciones. Se salvarán, al menos por un tiempo, la carne, el pollo, los huevos y la leche. La inflación en Venezuela está disparada y sería un disparate impedir la entrada de productos básicos que ya son escasos en los escaparates de Caracas. Como sea, es previsible una frenada drástica de nuestras exportaciones el próximo año, con directas consecuencias: disminución del crecimiento y aumento del desempleo. La magnitud del daño está por verse. Para no olvidar, la solución del diferendo quedará congelada. Siempre fue prematuro el optimismo de Pedro Gómez.

Voces vitales, como el general Raúl Isaías Baduel, uno de los fundadores del movimiento bolivariano y el verdadero artífice de que el Coronel aun esté gobernando (lo rescató en abril de 2002), se han manifestado en contra de la reforma constitucional. "Un golpe de Estado de facto", llamó Baduel a la reforma, no sólo porque permite la reelección indefinida, sino porque traslada el poder del pueblo al Presidente. De paso, entre otras muchas perlas, permite que Chávez reordene a su antojo el país, cree regiones y designe sus gobernadores, con lo que el Estado federal se va al demonio.

Sí, la reforma de Chávez es un golpe de Estado. Un golpe de Estado permanente, de los que hablaba Mitterrand, agrego yo. La reforma vacía la Constitución venezolana de su médula democrática. No basta con que haya elecciones. Se requiere que sean limpias y competidas, que haya posibilidad real de sucesión y de cambio y un sistema electoral que dé garantías. Y un sistema de pesos y contrapesos y autonomía de las diferentes ramas del poder público, que no existen en Venezuela. Después de este domingo, lo que quedaba allá de democracia habrá desaparecido. Habrá fascismo puro, de corte militarista y discurso de izquierda. Con todo, aquí habrá quien aplauda.

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